viernes, 12 de mayo de 2017

Nada absolutamente es mío. V.M. Zoroastro.


                                Nada absolutamente es mío


No es mío el aire que respiro;
no es mía la sangre que circula por mí, mucho menos es mío el aparato circulatorio; no es mío cada latido de mi corazón, tampoco este importante órgano;
no son míos mis huesos y mis carnes;
no es mío este cuerpo, ni ningún otro cuerpo; ni mi alma me pertenece;
no es mío ningún vestido que cubre cada cuerpo. ¡Dios mío, Dios mío!, nada es mío.
Ni tú mismo, "Dios mío",
eres mío. 



Nada absolutamente es mío 

Todos, pensamos, sentimos y actuamos desde lo oculto del "yo" animal así: que es mío el aire que respiro; que es mía la sangre que circula en mí, también el aparato circulatorio; que es mío cada latido de mi corazón, también este importante órgano; que son míos mis huesos y mis carnes; que es mío este cuerpo, también los cuerpos internos; que mi "alma" me pertenece; que es mío el vestido que cubre cada cuerpo; que "mi Dios", es mío; que, en consecuencia, todo me pertenece; que, en cierto modo, son mías las personas que me rodean, de cerca o de lejos, porque están en mí en forma de impresión; que todos los instantes que vivo son míos.

Desde este punto de vista, todo, todo, todo me pertenece en impresión, sensación, percepción y concepto; que teniéndolo todo en mí, por ello vivo mejor; que mías son las ideas que pienso y siento; que la misma palabra "mía" o "mío" es mía. Repito, que todo lo que está en relación conmigo, es mío. De este modo es mío: el espacio, las aves, la luz, las sombras, la eternidad, el tiempo, el cielo, las nubes, las estrellas, el arcoíris, la lluvia, el amanecer, el mediodía, la tarde, el viento, la quietud, las humanidades de aquí y de allá, la naturaleza y sus árboles, montañas, desiertos, lagos, océanos, el bien y el mal y la comprensión entre ambos, el error y el acierto, la ignorancia y la sabiduría, lo justo y lo injusto, lo onírico con conciencia o sin ella, todo de algún modo en experiencia es mío.

Y éste es mi único modo de vivir, no conozco otro. Pero, confieso que tanto peso egoísta no me hace en absoluto feliz. Reconozco también que, por ello, no son felices las personas que me rodean. Y ahora, anhelando un cambio radical para vivir en felicidad con mis semejantes, prefiero mejor decir:

No es mío el aire que respiro; no es mía la sangre que circula por mí, mucho menos, es mío el aparato circulatorio; no es mío cada latido de mi corazón, tampoco este importante órgano; no son míos mis huesos y mis carnes; no es mío este cuerpo, ni ningún otro cuerpo; ni mi alma me pertenece; no es mío ningún vestido que cubre cada cuerpo. ¡Dios mío, Dios mío!, nada es mío. Ni tú mismo, "Dios mío", eres mío. Ahora ni siquiera sé, qué es lo mío que te pertenece. No son mías las personas que me rodean, de cerca o de lejos; ni los instantes que vivo son míos. Busco algo que me pueda pertenecer o que te pertenezca y no encuentro nada, nada, nada. Sin embargo, no teniendo nada, vivo de otro modo. No es mía ni siquiera esta idea; la palabra misma "mía" o "mío" no es mía. Nada, nada, nada, nada es mío. Sin embargo, todo está allí maravillosamente, delante, sin ser mío:

el espacio, las aves, la luz, las sombras, la eternidad, el tiempo, el cielo, las nubes, las estrellas, el arcoíris, la lluvia, el amanecer, el mediodía, la tarde, el viento, la quietud, la actividad, las humanidades de aquí y de allá, la naturaleza y sus árboles, las montañas, los desiertos, los lagos, los océanos, el bien y el mal y la comprensión entre ambos, el error y el acierto, la ignorancia y la sabiduría, lo justo y lo injusto, lo onírico con conciencia o sin ella, la experiencia de todo en nada, y la nada en todo. Y de ningún modo, nada absolutamente es mío.

"Ya no vivo yo, es Cristo que vive en mí" 
(Gál 2, 20). San Pablo 






Gracias V.M. Samael Aun Weor por habernos revelado la disolución del "mí mismo", del "yo mismo", del "sí mismo", que es el verdadero camino hacia el Ser absoluto, la autentica felicidad.

V.M. Zoroastro.

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