jueves, 11 de mayo de 2017

El karma, el destino y el Cristo

El karma, el destino y el Cristo.

Conocer la ley del karma o “ley de causa y efecto”, nos invita reflexionar sobre las leyes de recurrencia, el retorno, la reencarnación. El Maestro Samael nos da una enseñanza muy clara al respecto y se nos dice que: “ley e ley y la ley se cumple”. Y también se dice que una ley superior lava (o trasciende) a una ley inferior. También se nos dice que el karma es negociable y que: “al león de la ley se le combate con la balanza”. Todas estas cuestiones se merecen profunda reflexión y no hay mejor modo que reflexionar al respecto que bajo la luz de Cristo.

Cristo sin duda nos ofrece la ley superior que puede lavar todas las leyes inferiores, Cristo como se nos enseña en el Pistis Sophia, puede cambiar las esferas del destino. Bajo la luz de Cristo se puede comprender en totalidad la ley de karma, el destino, el retorno, la recurrencia, etc. Y lo que es mejor se puede trascender todo nuestro karma.


La ley del retorno se implica en todo el universo, todo surge y regresa a sus orígenes, el mismo océano de la vida, mueve olas hacia fuera y hacia dentro, con su energía centrifuga y centrípeta; la ley de retorno de todas las cosas mueve la rueda del samsara con su evolución e involución, la ley del retorno todo lo mueve galaxias, sistemas solares, planetas, y toda la naturaleza es impulsada por la ley del retorno, el mismo nacer y morir se mueven bajo este impulso universal. De modo que finalmente todos regresaremos al seno de nuestro origen primordial, que es el mismo “Espacio Abstracto Absoluto”, unos con más luz o conciencia y otros con menos luz.

El Cristo es la misma luz original, el Cristo sabe de dónde viene y a donde va conoce la ley del retorno, por ello el Cristo es nuestro mejor guía y por ello dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

La ley de recurrencia es un asunto personal, en esta ley se implica uno mismo con sus hábitos de pensar, de sentir, de actuar, generando una mecánica ajustada en lo temporal, por ello el tiempo se repite y también se repite la historia y los acontecimientos. Esta recurrencia incesante también se ajusta a la ley de karma o ley de causa y efecto, al respecto nos decía Sri Swami Sivananda:

“El hombre siembra un pensamiento y cosecha una acción. Siembra una acción y cosecha un hábito. Siembra un hábito y cosecha un carácter. Siembra un carácter y cosecha un destino.

El hombre crea su propio destino a través de sus pensamientos y acciones. Puede cambiar su propio destino. Es el dueño de su destino. No hay ninguna duda al respecto. Mediante el pensamiento adecuado y el esfuerzo, puede convertirse en el dueño de su destino”
.

                                                      Swami Sivananda.


Comprender el karma y nuestro destino es posible con la luz de Cristo. Entonces negociar con el karma implicará cambiar nuestra manera de pensar, sentir y actuar; pues si pretendemos hacer un negocio con los señores del Karma o destino y nosotros mantenemos nuestros mismos hábitos de pensar, sentir y actuar, entonces sencillamente no nos servirá de nada la supuesta negociación, pues sencillamente volveremos a repetir los mismos pensamientos, sentimientos y actos, volviendo a generar las mismas causa y efectos de siempre. Sin embargo, para cuestiones puntuales importantes, la misericordia divina siempre nos puede ayudar.

El Cristo y el poder de su sabiduría o Pistis Sophia, nos recuerda que todo regresa al punto de partida, por ello nos guía el Cristo hacia el Espacio Abstracto Absoluto. Cuando buscamos que Cristo nos ilumine debemos empezar a trascender todas las leyes que nos sujetan en la rueda del Samsara, para ello debemos también distinguir aquellas leyes mecánicas procesadas de modo universal y que afectan a todo como es la ley del retorno, distinguiéndola de aquella ley de recurrencia o de nuestro destino particular. La ley de recurrencia o del destino o del Karma es únicamente cuestión nuestra, es decir que hemos sido nosotros mismos los que nos hemos forjado nuestro destino, nosotros mismos hemos generado nuestros hábitos, pensamientos, emociones, deseos, etc. Si en algún momento siguiendo la luz de Cristo, nos percatamos que los barrotes de nuestra cárcel ósea hábitos, pensamientos, deseos, emociones, etc., son erróneos e ilusorios, porque carecen de la misma verdad que el Cristo, entonces podremos lavar o trascender la ley de recurrencia, haciendo sencillamente caso omiso al ego y todos sus ilusiones y perspectiva erróneas.


Salir de nuestra cárcel, de nuestro destino recurrente o del karma, dependerá de la importancia o credulidad que le demos a los barrotes de nuestra cárcel, siendo estos barrotes nuestros propios hábitos, pensamientos, emociones, deseos, etc. Si en un momento dado comprendemos que nuestro ego es solo un conjunto de yoes con sus costumbres, sus hábitos de razonar, pensar, sentir, etc., y que todo ello es erróneo ante la luz de Cristo, se puede incluso de modo súbito liberarse de esa cárcel. Eso es sentir la vida libre que nos confiere la sabiduría de Cristo mediante su amor incondicional. Cristo nos dice: “conoced la verdad y ella os hará libres”.

En la luz de Cristo podemos salirnos de nuestra jaula y sus barrotes, y ser libres como un pájaro, pero un pájaro habituado a su jaula tendrá miedo incluso de experimentar la verdad o la libertad. Volver a la jaula de nuestro destino o karma significa estar apegado e identificado con nuestros pensamientos, deseos, emociones, etc. cuanto mayor sea nuestra identificación más fuerte serán los barrotes de nuestra cárcel. Con asombro vemos que son nuestros propios miedos a la verdad y a la libertad la que nos hacen huir de la luz de Cristo.


Cuando seguimos la luz de Cristo y trascendemos nuestras recurrencias y su karma, podemos observar limpiamente y sin distorsiones las leyes universales incluida la ley del eterno retorno; entonces la luz de Cristo también nos allana el camino de retorno al Ser del Ser, al Espacio Abstracto Absoluto. De modo que Cristo nos permite trascender las mismas leyes universales girando la esfera del destino a nuestro favor, facilitándonos el regreso a la morada original del Ser.

Muchos pensaran que salir de esos barrotes del destino no es tan fácil, pensara que uno debe de pagar mucho karma, que tendrá que negociar cada paso en el camino hacia la verdad de Cristo; claro si uno va cambiando sus hábitos, costumbres y modos de pensar, actuar y sentir poco a poco, sus causas y efectos se moverán poco a poco naturalmente. Ahora bien, el Cristo es revolucionario, el Cristo nos puede abrir la puerta de la jaula y mostrarnos su verdad tal cual es, si nosotros estamos dispuestos a dar el salto; salto que consiste en reconocer la falsedad de nuestro ego, de nuestro querido “yo”, esto es reconocer que nosotros en sí mismos sin la luz de Cristo no somos más que una mentira, una ilusión, una falsedad. Reconocer nuestra falsedad, reconocer que somos fútiles, insignificantes, finitos, etc. nos permitirá dejar de identificarnos con nuestros barrotes, con nuestras limitaciones y condicionamientos, debilitando y disminuyendo la rigidez de los barrotes de nuestro karma y destino recurrente.

Que la luz del Cristo os ilumine por siempre.

Atentamente:

Rafael Pavía.        11/05/2017.

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