martes, 9 de mayo de 2017

La mística y el árbol de la vida

La mística y el árbol de la vida.

Se nos enseñó que hay tres triángulos en el árbol de la vida, que es el mismos Ser, para llegar al Ser absoluto. El primer triangulo el psíquico- mágico: Yesod, Hod, Netzah, (vital, astral, mental). Segundo triangulo el ético: Tipheret, Geburah, Chesed, (alma humana, alama espiritual, el intimo). Tercer triangulo del logos: Binah, Choknah, Keter, (Espiritu Santo, Cristo, Padre). Y más allá de los triángulos, como origen de todo se encuentra el Ain Soph Aur (visión contemplativa de la luz infinita).


Cuando el místico inicia su ascensión o acercamiento a la verdad absoluta, debe aprender a serenar y silenciar su actividad psíquica. Este ejercicio de serenidad y silencio será la continuidad en todo el proceso de contemplación, siendo la primera etapa contemplativa la “purgativa” *; en esta etapa el aprendiz de místico, se siente arrepentido al descubrir que toda su actividad se encuentra alejada del Ser, comprendiendo que carece de amor y sabiduría. Siendo el paso por el primer triángulo mágico-psíquico, doloroso, sufrido, y angustioso, pues el principiante apenas encuentra un alivio o consuelo en su interior, por ello necesita refugiarse junto a otros, que como él buscan una guía y consuelo a su infortunio. En esta etapa es necesaria una guía externa, una referencia espiritual, pues aún no hay suficiente certidumbre en los pasos a dar.

Cuando se alcanza el segundo triangulo ético, viene uno a procurar y lograr la conexión con su Intimo-Chesed. Conectándonos el Intimo con la ley (orden), con el Padre (el Ser manifestado) y con el Uno (el ser Absoluto). En esta etapa se adquiere la “contemplación iluminativa”, en este proceso surge el “amor doloroso”, pues en esta etapa se empiezan a tener las primeras conexiones con el “Amado”, con el Ser. Apareciendo los primero éxtasis o arrobamientos místicos; entonces empieza a existir certidumbre, evidencia de nuestro Ser; en esta etapa pasa de aprendiz a adepto, pero el proceso se hace doloroso pues la conexión con el Ser va y viene, es ocasional, entonces se sufre su ausencia. El contraste entre luz y tinieblas también se hace más evidente en esta etapa, por lo que el arrepentimiento se debe hacer más efectivo con la “Metanoia” o transformación de nuestra mente.


Vendrá ahora un salto del triángulo ético al triangulo del logos, en este salto deberá darse una verdadera conversión, pues nuestra vida deberá anclarse en la plena disposición física, psíquica y espiritual al Ser. Deberá uno amparase totalmente al Ser, dejándose guiar y llevar por el Ser, esta disposición al Ser nos otorgaría la maestría, entonces surgirá la “contemplación unitiva”. Tal conversión, dada por una metanoia o transformación de nuestra mente, nos llevara a establecernos en nuestra ley, en nuestro Padre y a seguir la conexión con el “Uno” que es el Ser Absoluto, en el Ain Soph Aur. Aunque llegar al Ser Absoluto o Ain, requiere dar el “Gran Salto”.

Cuando se inicia la conexión con el Intimo y surgen los primeros éxtasis, que pueden ir adquiriendo mayor o menor intensidad, aún le queda por comprender al adepto que todo ese amor recibido, es solo una muestra de lo que es y puede dar el Ser, pero lo necesario a comprender es que todo ese amor recibido, es el que nos queda a nosotros por dar a la humanidad; cuando se comprende realmente lo que es el amor y lo que nos queda por dar, podríamos optar a dar el salto hacia la morada del Padre en el triángulo del Logos. Hay que vivir una metanoia y una conversión en el amor, para ascender hasta la morada del Padre.


Una vez adquirida la contemplación unitiva, se ira adquiriendo la maestría que une Amor y Sabiduría, al Padre y la Madre; entonces se sigue todo un proceso de visión-contemplación de la luz infinita desde la perspectiva del Ser del Ser (Ain Soph Aur). La contemplación unitiva pertenece a la lógica intuitiva, trascendiendo la lógica racional; la vía contemplativa profundiza en el silencio que es la elocuencia de la sabiduría, profundiza en la comprensión de la auto-observación, de lo observado y del observador, aprendiendo a contemplar en la actitud pasiva y activa, comprendiendo toda la estructura del árbol del Ser, con su psiquis, sus almas, su mente sensual, intermedia e interior, etc. esto es que la vía contemplativa o mística nos permitirá conocernos en lo activo-manifestado y en lo pasivo-inmanifestado. La vía contemplativa solo puede ser escalada por medio del amor y su custodio el silencio.

El aprendiz vive su angustia y dolor porque carece de amor y sabiduría, se siente lejano distante de su Ser o verdad. El Adepto empieza a tener su conexión y acercamiento con el Intimo-Chesed, empieza a gustar de su inclinación y disposición al Ser, pero aún le queda un gran trayecto hasta su conversión, pues no le basta experimentar el éxtasis o arrobamiento místico, le queda comprender que para alcanzar al Padre, al Ser, debe de abandonarse por completo, desasirse, vaciarse de su querido ego, tiene que renunciar a su satisfacción e insatisfacción personal, para poder cumplir con la voluntad del Padre así en la tierra como en el cielo. Esta voluntad todo poderosa del Padre es la voluntad del Amor inconmensurable.



*Tres son los niveles de la contemplación en la tradición cristiana: 1º purgativa, 2º iluminativa, 3º unitiva.

Atentamente:

Rafael Pavía.             09/05/2017.

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