viernes, 30 de junio de 2017

La unidad gnóstica del Ser

La unidad gnóstica del Ser.

Se dice que: “perfecto solo es el Padre que está en los cielos”, es decir que perfecto solo es el Ser; entonces nos vemos a nosotros como imperfectos, nos vemos como todo aquello que es contrario al Ser, de modo que es muy difícil que nos identifiquemos con la naturaleza propia del Ser.

Cuando oramos el Padre Nuestro, ¿en qué medida el Padre es nuestro?, en si la oración pretende unirnos al Padre de modo que pedimos que su reino venga a nosotros, y que en dicha unión podamos hacer su voluntad tanto en la tierra como en el cielo, por tanto, la unión con el Padre es imprescindible, pero ¿como unir lo imperfecto y lo perfecto? Desde el instante en que nos sentimos separados del Ser nos encontramos, desvalidos, ruines, perdidos, sintiendo gran angustia por encontrarnos distantes y alejados del Ser; y ante esta separación del Ser encontramos miles de hechos, pensamientos, sentimientos, escusas, justificaciones que nos distancian del Ser, resultando casi imposible ver un aspecto que nos vincule al Ser ¿cómo entonces podemos siquiera aproximarnos al Ser? ante tal distanciamiento solo cabe la angustia y desesperación.





Hemos convertido la unión con el Ser en algo inviable, Él es demasiado perfecto para nosotros, solo Él es verdaderamente grande y humilde solemos decir; pero si reconocemos su grandeza y humildad en Él y en nosotros solo el orgullo de nuestro ego, ¿cómo podremos reconocernos en Él? ¿cómo podremos hacer su voluntad? Siempre encontramos la manera de alejarnos del Ser, cuando buscamos la humildad del Ser para unirnos con Él, entonces nos separamos de Él porque humilde es Él y no nosotros, de modo que buscando la humildad que nos une al Ser y encontramos a nuestro orgullo que nos separa de Él, cayendo en un círculo vicioso de continuo distanciamiento con el Ser. La trampa del yo que produce este círculo vicioso de separación con el Ser, se llama “dualismo”; el ego es dual por naturaleza, el ego fomenta el “yo y el tú”, fomenta la separación en todos los aspectos de la vida. El Yo se siente vivo en la medida en que se siente separado de todos y todo.

El yo siempre encuentra el modo y la justificación para sentirse separado del Ser, para ello recurre a sentirse como un “yo miserable” y lleno de podredumbre, incluso apela a dicha condición de miserable para buscar el perdón y acercamiento con el Ser, pero siempre desde la distancia, siempre el yo evitara el nexo y unión con el Ser. Para aplicar toda esta pantomima dual, el ego se acomoda en la dualidad del “Bien y el Mal”. El yo condena y justifica en la dualidad del bien y del mal, ello le resulta beneficioso porque es tremendamente cómodo dejarse caer en el bien y el mal, dejándose llevar irreflexivamente por códigos morales, sin pararse a meditar ni a comprender, ni a arrepentirse, ni producir la metanoia (del griego μετανοῖεν, metanoien, cambiar de opinión, arrepentirse, o de meta, más allá y nous, de la mente), el yo se siente en su salsa dentro de la “herejía de la separatividad” que como dice el M. Samael es la peor de las herejías.

El peor agravio para el ego es que nos sintamos en el Ser, al ego le resulta irresistible, no es capaz de resistir la unión del Ser. Mientras el Ser siempre nos cobijó, nos amparó, nos cuidó, como un padre cuida a su hijo, es decir sin opción de sentirse separado, el ego contrariamente siempre buscara la forma de desvincularse del Padre, unas veces de modo sutil otras de modo grosero, pero que favorable le resulta al ego eso del Bien y el Mal. Así el Padre es bueno y nosotros malos, el Padre es sencillo y humilde y nosotros como ego somos orgullosos y complicados y que bien le sienta al ego eso de sentirse miserable por su orgullo y sus complicaciones, le viene muy bien sentirse así, pues prefiere eso a dejar de sentirse. Porque en realidad si estamos en el Ser, unidos en Él, entonces el ego deja de sentirse, deja de percibirse como “yo”, y eso al yo no le gusta, ni lo quiere.


El yo odia al Ser, odia el vacío, el silencio, odia la unión y al amor; el yo pretende existir sintiéndose a sí mismo separado del Ser, separado de todo y de todos, así se siente vivo, el yo se siente existiendo cuando en su constante dualismo se separa del Ser justificándose en lo bueno y lo malo. Así al yo le gusta sentirse como el “malo” con tal de estar separado del Ser, así vive en su ilusión, en su falsedad e ignorancia. Nuca podremos tener conciencia plena del Ser mientras le demos baza al ego y su dualismo, mientras no seamos capaces de salir de la dualidad del “yo y el tú”, seremos incapaces de encarnar al Ser.

En el Ser no existe dualidad, no existe el tú y el yo, en el Ser el Padre y el Hijo son Uno:

Juan 17:21: (Reina Valera)

“Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste”.
                                                   Jesucristo.

El Ser es efectivamente tan perfecto que asume la imperfección, he ahí su humildad, porque Él no es excluyente, Él no separa ni divide ni desune, el amor es inseparable de su creación. El Ser es inabarcable e infinito porque no ocupa espacio pudiendo estar en todos lados, el Ser no tiene propiedades por ello no se reduce a una parcela donde sentirse y apropiarse de un espacio y una entidad particular, he ahí su sencillez y simplicidad. El Ser nada tiene que ver con el “yo”, con una identidad fija, porque el Ser no se auto-limita con un yo o con una identidad definida y por tanto limitada, por ello el ego es incapaz de comprender al Ser. Porque el “yo” necesita de identidades, personalismos, de parcelas, de propiedades, de autorías, etc. el yo necesita diferenciarse de unos y otros, odiando todo lo que pueda sonar al “Padre Cósmico Común”.


El “yo” es dualidad, es separación, es disociación, disgregación, y le encanta el bien y el mal. El ego no podría subsistir sin el bien y el mal, sin dualidad el “yo” dejaría de existir inmediatamente. El maestro Samael enseño con claridad que no existe un yo superior y un yo inferior, pues la pretendida dualidad del yo en superior e inferior es producto de la separación o disgregación que el mismo yo ignorante pretende; el M. Samael diferencio claramente al Ser del yo ya sea este superior o inferior, pero es evidente que muchos no han comprendido la falsedad del dualismo, ni han comprendido la unidad del Ser; el M. Samael quería evitar caer en el dualismo del ego, pero nosotros hemos mantenido la separación dual entre nosotros como “yo” y él cómo Ser, como si se tratara de que nosotros somos el yo inferior y el Ser el yo superior, así seguimos en la trampa del dualismo del ego.


También el M. Samael insistió en trascender la dualidad del bien y del mal, indicando que si no se trasciende tal dualidad jamás podremos llegar a integrarnos en la plenitud del Ser; nosotros seremos siempre los malos y el Ser será el bueno, y esa dualidad, ese tu y yo o ese yo inferior y ese superior, es lo que el ego necesita mantener a toda costa para seguir existiendo. Es evidente que al yo no le gusta desaparecer y ser eliminado, mientras que el Ser se encuentra más allá de lo existente, así decía nuestro M. Samael: “es mejor Ser que existir”.

La unión con el Ser, con nuestro Intimo que a nosotros nos resulta tan inviable por culpa de la dualidad del yo, el M. Samael lo resolvió del siguiente modo:

Franqueado de murallas intelectivas, hastiado de tantas teorías tan complicadas y difíciles, resolví viajar hacia las costas tropicales del mar Caribe...

Allá lejos, sentado como un eremita de los tiempos idos, bajo la sombra taciturna de un árbol solitario, resolví darle sepultura a todo ese séquito difícil del vano racionalismo...

Con mente en blanco, partiendo del cero radical, sumido en meditación profunda, busqué dentro de mí mismo al Maestro Secreto...

Sin ambages confieso y con entera sinceridad, que yo tomé muy en serio aquella frase del testamento de la sabiduría antigua que a la letra dice:

"Antes de que la falsa aurora amaneciera sobre la Tierra, aquellos que sobrevivieron al huracán y a la tormenta, alabaron al INTIMO, y a ellos se les aparecieron los heraldos de la aurora".

Obviamente buscaba al INTIMO, le adoraba entre el secreto de la meditación, le rendía culto...

Sabía que dentro de mí mismo, en las ignotas reconditeces de mi alma le hallaría, y los resultados no se hicieron esperar mucho tiempo...

(capitulo: la Meditación. Libro las tres montañas) 

                                 Samael Aun Weor. 

Hay que evitar caer en la dualidad separatista del ego, la mejor fórmula para eliminar al ego, es situarnos en la Unidad del Ser.
Que así sea.

Atentamente:

Rafael Pavía.         29/ 06/ 2017.



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