viernes, 7 de octubre de 2016

Conciencia Superlativa del Ser

Conciencia Superlativa del Ser.

La conciencia superlativa del Ser es la más elevada y trascendental, es la conciencia que no permitirá mediante la lógica intuitiva comprender al Ser Absoluto. Todos hemos surgido de lo inmanifestado, de aquello que no se puede medir, ni pesar, ni numerar; hemos surgido de un espacio abstracto y absoluto. Tomar conciencia de ello es activar la conciencia superlativa del Ser, para ello debemos empezar a considerar lo abstracto, aquello que no es visible, que no se puede medir, ni ver, ni oler, ni numerar, ni pesar, como por ejemplo los valores de la propia conciencia, empezando por el amor, la paz, la sabiduría, la valentía, etc. estos valores no tienen medida, ni peso, ni se podrían numerar; aunque nuestra lógica racional, quiera evaluar e interpretar cada uno de estos valores, condicionándolos por medio de silogismos con su tesis, antítesis y síntesis, lo cierto y verdadero es que ningún pensamiento, ni sentimiento, ni ninguna actividad mental, tiene forma medible, ni peso, ni color, ni olor, aunque nos afecte y se hagan sentir y percibir, lo cierto es que su naturaleza es intangible, impalpable, inmaterial, por lo que los valores de la conciencia, son en su naturaleza abstractos o vacíos. Así debemos de aprender a contemplarnos a sí mismos, esto es autoobservarnos en el recuerdo del Ser, es decir teniendo presente que nosotros tenemos un origen abstracto, semejante al vacío o sumyata del budismo. 


Lo que siempre nos confunde y nos lleva al sueño de la conciencia es nuestra visión de sí mismos y del mundo, todo ello provocado porque creemos que nuestros pensamientos y sentimientos son reales, estamos convencidos que nuestros pensamientos y sentimientos son tan reales como los objetos del mundo exterior. Sin embargo, no somos capaces de observar tales pensamientos y sentimientos de nuestro interior como si fueran objetos, cuando en realidad para nuestra conciencia si serían objetos, digamos que para la conciencia superlativa del Ser, todo nuestra actividad psíquica pertenecería a un espacio, entre lo profundo del Ser y el mundo exterior, por lo cual la conciencia activa del Ser, vera toda la actividad psíquica como un espacio intermedio entre el mundo exterior y lo profundo del Ser. De tal manera que para conciencia del Ser los pensamientos y sentimientos son básicamente objetos externos, en relación a la profundidad de Ser, la conciencia superlativa reconoce con claridad esta cuestión; El Maestro Samael nos explica con claridad que existen tres mentes, la mente sensual es para el mundo exterior o material, la mente intermedia se encuentra entre el mundo externo e interno, por ello mismos se llama mente intermedia, allí surgen los pensamientos, razonamientos, emociones, deseos, etc, y la tercera mente es la mente interior, que solo se activa con la conciencia; será en la mente interior donde la conciencia superlativa del Ser, vera la actividad psíquica como objetos que se mueven, van y vienen, aparecen y desaparecen, y desde la mente interior podremos contemplar el mundo psíquico y exterior.


Decía el franciscano San Buenaventura (1221-1274) que teníamos tres ojos: el ojo del cuerpo, el ojo de la razón y el ojo de la contemplación. Y está claro que con el ojo del cuerpo los pensamientos y sentimientos no pueden verse, ni medirse, ni palparse; siendo que, con el ojo de la razón, tampoco no somos capaces de ver u observar nuestros propios pensamientos y sentimientos, debido a que nos identificamos tanto con ellos, que somos incapaces de verlos, ahí se debe de percibir el sueño de la conciencia. Es por ello que debemos de recurrir al tercer ojo de la contemplación, para que desde la mente interior y mediante la conciencia superlativa del Ser, podamos ver a nuestra psiquis tal cual es.



Cuando desde la mente interior contemplamos nuestra actividad psíquica, descubriremos la realidad de nuestros pensamientos y sentimientos, estos, son vacuos, no tienen la solidez de las formas materiales, así los pensamientos son efímeros, pues van y vienen, aparecen y desaparecen sobre todo si les ponemos el foco atento de la conciencia; cuando un pensamiento o sentimiento persisten en nosotros, como sucede en el caso de obsesiones y depresiones, es debido a nuestra identificación con tales pensamientos y sentires, pero bastaría poner el foco de atención consciente en actitud contemplativa, para ver la realidad efímera de dichos pensamientos y sentimientos. Los pensamientos y sentimientos ya sean profanos o sublimes no se pueden tocar, medir, pesar, pues su naturaleza es inconstante, tal como sucede con el mundo onírico, que es el propio mundo psíquico, las imágenes de los sueños cambian en instantes, cambian las escenas en milésimas de segundo, ahora estamos ahí y de repente nos vemos en otro escenario, aunque si fuésemos verdaderamente conscientes de lo que sucede con nuestros sueños en realidad nosotros no nos hemos movido para nada, ni un milímetro, todo sucede en la pantalla de nuestra mente, como si fuera una película. Los pensamientos y sentimientos participan de ese sueño y son en realidad esos sueños, es por ello que debemos reconocer que son efímeros, fugaces, perecederos, transitorios, temporales, etc. al comprender la naturaleza de nuestros pensamientos y sentimientos, veremos su vacío, su permanencia, por lo que podremos empezar a contemplarlos desde una perspectiva más lucida, más consciente; así deberemos profundizar hasta percibir la naturaleza original del Ser , de allí de donde somos originarios, que es una espacio totalmente abstracto y absoluto.



El mismo amor es de naturaleza abstracta y absoluta, pues deviene y es originario del Ser Absoluto, sin embargo podríamos decir que el amor es lo más real y en esa realidad encontraríamos su tremenda objetividad y solidez. La realidad es que el mundo de las formas físicas y psíquicas es temporal, efímero, fugaz, en cambio los valores del Ser y su conciencia superlativa son eternos, perennes, perpetuos y he ahí la realidad más objetiva y sólida su perdurabilidad, su infinitud, por tanto lo real, lo verdadero es nuestro Ser original, el mismo Espacio Abstracto Absoluto. Por ello es imprescindible abrir el tercer ojo de la contemplación y activar la conciencia superlativa del Ser, en nuestra mente interior.



Atentamente:

Rafael Pavía. 7/10/16.

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