miércoles, 7 de septiembre de 2016

La Gran Revelación



La Gran Revelación

En nuestro trabajo esotérico, en los misterios de la gran Obra de los alquimistas, se hace referencia al “Don de Dios”, como una gracia que nos permite, conocer intuitivamente los pasos y la dirección adecuada del camino. Todos los aprendices, adeptos y maestros anhelan tener revelaciones y que la gracia divina nos asista, para caminar sin confusión, para andar bajo la guía de la luz y no de la ignorancia. Buscamos así sueños experiencias, revelaciones que nos sirvan de guía, para que nos indiquen ¿qué? ¿Cómo? y de ¿qué manera? Seguir adelante en este camino. Aunque no siempre los sueños o revelaciones nos sirven para aclarar nuestra situación, muchas veces también nos traen confusión, ya sea porque no sabemos interpretar los sueños o las experiencias, o porque no fueron suficientemente claras, la cuestión es que nos cuesta muchísimo sacarnos de la confusión, del extravió, pues muchas veces nos perdemos, sin saber si vamos bien o mal, hacia adelante o hacia atrás. Entonces nuestra alma sufre, nos inquietamos y consideramos a modo de alivio que todo ello forma parte de nuestro camino espiritual. 



La gran revelación surge no en las experiencias, no en los sueños, en verdad la gran revelación surge cuando hemos comprendido cabalmente como, de qué manera y porque debemos de hacer nuestro trabajo interior, entonces la confusión y el extravió desaparecen. Las experiencias y sueños nos ofrecen algunas luces sobre nuestro camino, son como farolas que iluminad el camino; pero ¿sabemos hacia donde nos lleva el camino? ¿sabemos realmente que ofrece este camino? ¿sabemos que condiciones requiere este camino? ¿Qué debemos de sacrificar, que debemos de adquirir? Si no conocemos las respuestas a estas preguntas, entonces no tendremos mucho éxito en este camino. Aunque parezca contradictorio se requiere saber y conocer el fin y la finalidad de este camino para poder lograr nuestros objetivos, esta sería la gran revelación, es por ello que el M. Samael nos dice:

“Existen dos tipos de iluminación: la primera suele llamarse “agua muerta porque tiene ataduras. La segunda es elogiada como “La gran vida” porque es iluminación sin ataduras, vacío iluminador.

En esto hay grados y grados, escaleras y escaleras; es necesario llegar, primero, al aspecto iluminado de la conciencia y, después, al conocimiento objetivo, al vacío iluminador”.

                      El Collar del Buda. Samael Aun Weor.

También el maestro zen Dojen decía:

“Debemos lograr la iluminación antes de lograr la iluminación”.




Nuestra conciencia debe de auto-iluminarse para comprender el sentido de este camino, y comprender la realidad de este camino y reconocer la realidad del Ser. Mientras esto no suceda, andaremos ciegos, confusos, ignorantes, extraviados, haciendo las cosas sin sentido, así nos podríamos pasar la vida practicando mantras, runas, transmutando energía, y realizando millares de practica y ejercicios sin salir del laberinto de nuestra ignorancia, sin conseguir nada, absolutamente nada, por desgracia así hay miles de estudiantes gnósticos.

Al M. Samael le preguntaban sin cesar por las experiencias, por las vivencias esotéricas, quejándose muchos estudiantes sobre esta carencia de experiencias, y el M. Samael con infinita paciencia nos ilustraba, pero también nos indicaba que era lo importante, lo fundamental, y eso es los tres factores de la revolución de la conciencia, pero entonces venían las preguntas sobre como morir, como nacer y como sacrificarse por la humanidad, y de nuevo el M, Samael con infinita paciencia explicaba una y otra vez al respecto. Pero porque los estudiantes eran y son incapaces de comprender y aplicar lo fundamental de la enseñanza, pues sencillamente porque no iluminan su conciencia, cono nos dice el M. Samael: “es necesario llegar, primero, al aspecto iluminado de la conciencia”. Una vez se llega a ese aspecto iluminado de la conciencia, se deja de tener incertidumbre, vacilación, duda, ignorancia en definitiva, pues entonces sabremos hacia dónde vamos y como debemos ir; y si no es de ese modo seguro que fracasamos. 




Al activar el aspecto iluminado de la conciencia y adquirir la gran revelación, nos permitirá saber qué cualidades tienen los maestros y como las consiguen, de modo que podremos por nosotros mismos caminar sin generar dependencias de otros más o menos despiertos o dormidos. El Don de Dios, la gracia divina, la gran revelación, es el aspecto iluminado de la conciencia, donde encontremos los funcionalismos propios de la conciencia más allá de toda especulación, concepto o teoría. Claro muchos o casi todos nos dicen que esa activación de la conciencia, es gradual, que viene poco a poco, y eso es cierto porque la mayoría anda con la conciencia dormida y no son capaces de salir de su laberinto, de su confusión, por muchos sueños y experiencias que tengan. Atendamos a las siguientes palabras del M. Samael:

<Todo esfuerzo intelectual para disolver el “yo” es inútil, porque cualquier movimiento de la mente pertenece al “yo”.

Necesitamos desencantarnos de los esfuerzos inútiles; cuando el “yo” quiere destruir al “yo”, el esfuerzo es inútil.

Sólo comprendiendo muy a fondo y de verdad lo que son las batallas inútiles del pensamiento, sólo comprendiendo las acciones y reacciones subconscientes, las acciones y reacciones internas y externas, las respuestas secretas, los móviles ocultos, los impulsos escondidos, etc., podemos alcanzar la quietud y el silencio imponente de la mente.

Sobre las aguas puras del océano de la mente universal podemos contemplar, en estado de éxtasis, todas las diabluras del “yo pluralizado”.


Cuando el ego ya no puede esconderse, está condenado a pena de muerte. Al “yo” le gusta esconderse, pero cuando ya no puede hacerlo, ¡está perdido el infeliz!

Sólo en la serenidad del pensamiento vemos al “yo” tal como es y no como aparentemente es.

Ver al “yo” y comprenderlo, viene a ser un todo íntegro. El “yo” está fracasado después que lo hemos comprendido, porque entonces podemos reducirlo a polvo con la ayuda de la Kundalini.

La quietud del océano de la mente no es un resultado, sino que es su estado natural. Las olas embravecidas del pensamiento son sólo un accidente provocado por el monstruo del “yo”.

La mente fatua, la mente necia, la mente que dice: “con el tiempo lograré la serenidad”, o “algún día llegaré”, está condenada al fracaso, porque la serenidad de la mente no es del tiempo. Todo lo que pertenece al tiempo es del “yo” del “mí mismo”; el “mí mismo” es tiempo.

Aquellos que quieren armar la serenidad del pensamiento como quien arma una máquina, juntando inteligentemente cada una de sus partes, están de hecho fracasados, porque la serenidad de la mente no se compone de varias partes que se pueden armar o desarmar, organizar o desorganizar, juntarse o separarse.
Conferencia: “yo” no puede comprender, ni eliminar al “yo”. Samael Aun Weor.




Comprender el texto expuesto arriba del maestro, es comprender lo que es el aspecto iluminado de la conciencia. ¿Cómo se puede estar en éxtasis y contemplar las diabluras del yo? Y debe quedar muy claro que: <La mente fatua, la mente necia, la mente que dice: “con el tiempo lograré la serenidad”, o “algún día llegaré”, está condenada al fracaso, porque la serenidad de la mente no es del tiempo. Todo lo que pertenece al tiempo es del “yo” del “mí mismo”; el “mí mismo” es tiempo”>. Es por ello que todos aquellos que aun dicen: “que con el tiempo”, “que poco a poco”, “que gradualmente”, etc. dicen eso porque aún no han activado su conciencia, porque siguen dormidos, porque aún no reconocen el aspecto iluminado de su conciencia, y si no consiguen activar los funcionalismos propios de la conciencia, entonces están condenados al fracaso. La conciencia no puede ajustarse ni limitarse por la condición temporal, por ello los maestros insisten tanto en el “aquí y ahora”. La luz de la conciencia no puede armarse, ni crearse, ni estructurarse racionalmente, conceptualmente, “la serenidad de la mente no se compone de varias partes que se pueden armar o desarmar, organizar o desorganizar, juntarse o separarse”.

En definitiva, la Gran Revelación es comprender nuestro propio trabajo íntimo, el cómo hacerlo y con qué objetivo o finalidad, la Gran Revelación es la conciencia superlativa del Ser.

Atentamente: Rafael Pavía. 6/09/2016.
                                                                                                       

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