sábado, 5 de mayo de 2018

Aztlán, la 4 dimensión y la velocidad de la luz

Aztlán, la 4 dimensión y la velocidad de la luz.

“Adan-Kadmon, el Ser masculino-femenino del “Génesis 1” indubitablemente era la misma Hueste de los Elohim, cuyas presencias estaban ahora recubiertas con la Euritmia superlativa de sus Cuerpos”

              Doctrina Secreta de Anhauac. Samael Aun Weor.


Descendemos de aquella primera raza protoplasmática, ellos eran los mismos Elohim creadores, los mismos dioses, seres andróginos perfectos. Es por ello que somos hechos a imagen y semejanza de Dios, nuestro creador.

“Los adeptos de la Religión Sabiduría jamás han perdido el contacto con la tierra de nuestros mayores …”
               Doctrina secreta de Anhauac. Samael Aun Weor.

Estos los que nuca perdieron el contacto con sus mayores, pertenecen al linaje de Set, ellos han sido los portadores y sustentadores de la Religión Sabiduría o Gnosis. Ellos tienen conciencia de su origen y su presente, en tal presente esta contenida toda la historia de la humanidad.

Cristo y Lucifer, los hermanos gemelos que cita el M. Samael como Quetzalcóatl y su hermano Xólotl, conforman ese origen y presente, donde toda la historia de la humanidad se unifica y reconcilia. Lo que queremos decir es que Cristo está implicado junto a lucifer en toda la historia de la humanidad, desde sus orígenes inmanifestado hasta la actualidad, como esta plasmado en el calendario azteca. Por ello Cristo es la Luz del Mundo.


El M. Samael nos dice que, para visitar la tierra de nuestros primeros Padres, debemos entrar en la 4 dimensión, utilizando la Velocidad de la Luz. Reflexionemos al respecto, pues tenemos una visión distorsionada de lo que es la 4 dimensión y el mundo astral.

al viajar a la velocidad de la luz 299,792 km/s venimos a reducir el espacio, por ejemplo, la distancia entra la Tierra y el Sol es de 8,31 minutos luz. Esta velocidad nos permite comprender porque en el mundo astral podemos en menos de un instante viajar de un lugar a otro, de España a México o de México al Tíbet.

Prácticamente al ir a la velocidad de la luz (hay que pensar que también es superable la velocidad de la luz) reducimos el espacio a un “AQUÍ”.

Es decir que todo el espacio se comprime, se reduce, se empequeñece, quedando el espacio al alcance de nuestro entorno.

Viajar a la velocidad de la Luz o más, equivale a reducir el espacio a un entorno cercano, a un “Aquí”.

El segundo factor de la 4 dimensión es el tiempo. El tiempo tiene un recorrido, esto es un inicio y un final, lo que limita el espacio. Este límite es lo que sucede en la 3 dimensión, todos los objetos tridimensionales incluyendo nuestro cuerpo, están delimitados temporalmente, lo que también delimita nuestro espacio.

Superar la velocidad de la luz, también implicaría traspasar lo temporal, dejar atrás la condición del tiempo sujeta en las 3 dimensiones. El tiempo que tardo en ir de un lugar a otro es el espacio, y en ese espacio experimento y percibo la realidad de mi entorno.

Más allá de la 3 dimensión, en la 4 dimensión el tiempo se suprime, se extingue, cesando el segundero, el minutero, las horas, entrando en un estado intemporal, que nos acercara al estado atemporal o eterno.

Lo intemporal es aquello que es válido tanto en el pasado como en el presente, como en el futuro, lo que nos acerca los valores espirituales de nuestros Padres los Elohim. Asumir lo atemporal (sin tiempo) o eterno es ubicarnos en el origen de nuestros propios Padres, en el Agnostos Theos o espacio abstracto absoluto.

Por tanto, traspasar la velocidad de la luz y entrar en lo intemporal, es dejar de estar condicionado por el tiempo tridimensional. Lo que aquí en la 3 dimensión es una larga e interminable noche, en la 4 dimensión se puede convertir en cinco o diez minutos. Y cuando en la 3 dimensión sentimos que el tiempo pasa rápido porque nos hemos encontrado muy bien, en la 4 dimensión se experimenta como un samadhi donde parece que el tiempo no pasa.


3º El tercer factor que debemos incluir en la 4 dimensión es el movimiento, cuando nos movemos y actuamos el mecanismo del tiempo se pone en marcha. Debemos diferenciar el movimiento de nuestra mente y el de nuestro cuerpo. Ambos movimientos interactúan entre sí, y se condicionan uno al otro. Para comprender como se produce tal interacción entre lo interior-mente y lo exterior-cuerpo, hay que comprender lo siguiente: “El Silencio es el punto de encuentro entre la infinita actividad y el infinito reposo”.

Si nos fijamos cuando estamos activos o hiperactivos, nos sumergimos en el tiempo consumiéndolo rápidamente, agobiándonos y generando estrés, dando la sensación de que nos falta tiempo en nuestro diario vivir. En cambio, cuando entramos en la sala de meditar y nos sentamos buscando la quietud, dejando toda actividad, sucede lo contrario, parece que el tiempo no pasa; e incluso nos podemos agobiar y desesperar porque el tiempo se vuelve lento y los minutos se hacen interminables.

Es obvio que el movimiento, influye en el espacio y tiempo. Siendo que el movimiento es aquello que, Si podemos controlar para influir en nuestro espacio-tiempo. Por ello es necesario que experimentemos el “silencio o contemplación activa-pasiva no dual”.

4º el cuarto factor a tener en cuenta sobre la cuarta dimensión es la “energía”. Ya sabemos que la materia ni se crea ni se destruye, se transforma. Pues como sabemos por la fórmula de A. Einstein: E=mc2 (m= masa, c2= velocidad de la luz al cuadrado) toda materia es energía, siendo el mundo astral esa energía que se mueve en lo intemporal más allá de la velocidad de la luz.

Para percibir la realidad del mundo astral hay que atender a lo que nos dice el M. Samael sobre el mundo astral:

“La clarividencia se fundamenta en la objetividad. La seudo-clarividencia se fundamenta en la subjetividad. Entiéndase por objetividad la realidad espiritual, el Mundo Espiritual. Entiéndase por subjetividad el mundo físico, el mundo de la ilusión, aquello que no tiene realidad. Existe también la región intermedia, el Mundo Astral, el cual parece ser objetivo o subjetivo según el grado de desarrollo espiritual de cada cual”

                       Matrimonio perfecto. Samael Aun Weor.

Así el mundo astral no es más que un estado intermedio entre lo material y lo espiritual, entre nuestro cuerpo y el mundo objetivo, espiritual que nos dieron nuestros Padres, los Elohim de nuestra primera raza humana.

Nuestra clarividencia o percepción objetiva de los mundos internos y externos, dependerá de lo cerca o lejos que nos encontremos de nuestros orígenes, de nuestros Padres-Elohim, es decir de lo espiritual.


El mediador astral entre lo espiritual-vacío y lo material-forma, depende de: nuestro silencio, del movimiento o quietud, del espacio, del tiempo y de la energía. El mediador astral o conciencia Cristo debe de unificar: lo de dentro y lo de fuera, lo de arriba y lo de abajo, materia y espíritu, vacío y forma; en definitiva, la experiencia astral tiene que trascender la dualidad, para unificar al "Hijo y al Padre que son Uno". Mientras no nos integremos en la unidad no alcanzaremos la clarividencia objetiva.

<Jesús les dijo: «Cuando seáis capaces de hacer de dos cosas una, y de configurar lo interior con lo exterior, y lo exterior con lo interior, y lo de arriba con lo de abajo, y de reducir a la unidad lo masculino y lo femenino, de manera que el macho deje de ser macho y la hembra hembra; cuando hagáis ojos de un solo ojo y una mano en lugar de una mano y un pie en lugar de un pie y una imagen en lugar de una imagen, entonces podréis entrar [en el Reino]>. (Evangelio de Tomas).

Así, el mundo astral es un mediador y de nosotros depende que pasemos de lo subjetivo a lo objetivo, ello depende de que seamos capaces de unificar origen y presente. La clave para que nuestra conciencia despierte es (y así es confirmado por todas las tradiciones espirituales) el “Aquí y Ahora”, esto es en sí, el estado de la 4 dimensión o mediador astral; esta clave del despertar de la conciencia requiere a la vez de un estado No-Dual.

El estado de sueño de la conciencia seguirá mientras estemos condicionados por la dualidad de la mente intermedia o mente del fariseo, que es la dualidad de nuestro querido ego.

La ciencia hermética siempre nos dijo: “tal como es arriba es abajo y tal como es abajo es arriba”. Y realmente es así, “tal cual”, arriba y abajo son “Uno”, dentro y fuera son “Uno”. Lo de fuera es un reflejo de lo de adentro y lo de adentro es un reflejo de lo de fuera; lo de arriba es un reflejo de lo de abajo y lo de abajo un reflejo de lo de arriba.

La diferencia entre lo de arriba y lo de abajo, entre lo de fuera y dentro, solo lo pone nuestro ego subjetivo, que todo lo distorsiona y lo separa, metiendo fronteras, limites, lindes, diferencias, confines y obstáculos, etc. evitando la clarividencia que todo lo unifica.

Retornar a nuestros orígenes, hallando a nuestros Padres-Elohim tiene el significado de reencontramos con nuestra naturaleza primigenia, donde todos los valores y virtudes se encuentran en su estado puro y esencial.

Atentamente:

Rafael Pavía.                         5/5/2018.

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