jueves, 18 de agosto de 2016

La Verdad y la Gracia



La Verdad y la Gracia

<<María Magdalena interpreta el Misterio con el Salmo LXXXIV.

María se adelantó de nuevo y dijo: “Mi Señor, comprendo lo que dices. En cuanto a la solución de estas palabras, tu luz profetizó anteriormente a través de David en el Salmo Ochenta y Cuatro, diciendo:

1. - La Gracia y la Bondad se encontraron, y la Virtud y la Paz se buscaron una a otra.

2. - La Verdad brotó de la tierra y la Virtud miró hacia abajo, desde el cielo.”

La Gracia, entonces, es el poder - luz que bajó a través del Primer Misterio, pues el Primer Misterio escuchó a Pistis Sophía y tuvo piedad de sus tribulaciones.

La Verdad, por otra parte, es el poder que salió de ti, pues tú has cumplido con la Verdad a fin de salvarla del caos. La Virtud es además, el poder venido a través del Primer Misterio para guiar a Pistis Sophía. La Paz es también el poder que ha salido de ti para entrar en las emanaciones de Obstinado y tomar de ellas las luces de las que se privara a Pistis Sophía; esto es, para que tú pudieses reunirlas en Pistis Sophía y ponerlas en paz con su poder. La Verdad, por su parte, es el poder que emanó de ti cuando estabas en las regiones inferiores del caos. Por esta razón tu poder ha dicho a través de David: “La verdad brotó de la tierra”, pues tú estabas en las regiones inferiores del caos. La Virtud, que había mirado hacia abajo desde el cielo, es el poder que bajó de la altura a través del Primer Misterio, y que entró en Pistis Sophía.”>>



Este texto es extraído del Pistis Sophia develado, del Maestro Samael. Es interesante que podamos reflexionar sobre la verdad y la virtud, y la relación entre ambas. La verdad viene de abajo, de la tierra, eso significa que la verdad está aquí y ahora en este mundo que percibimos, sentimos y en el que convivimos; por otro lado, está la virtud que está en el cielo y mira hacia abajo, al estar la virtud situada en el cielo significa que será en nuestros estados de conciencia elevados, superiores, donde hallaremos la virtud o gracia. Esto es un contraste, pues la verdad es lo que somos, sin tapujos, tal cual somos, con todos nuestros defectos o cualidades, con nuestras debilidades y potencias, etc. y para que la verdad y la gracia se encuentren debemos acudir a una sincera visión sobre nosotros mismos, luego la gracia o virtudes se unirán a la verdad, si hay sincero anhelo de cambiar, de transformarnos; asumiendo que en nuestra verdad cabe transformarnos, cabe modificarnos, cabe el vacío, cabe la propia naturaleza del espíritu.

Lo que une en plena sintonía la verdad y la gracia es la Talidad, como nos indica el M. Samael

<<Necesitamos estar en paz con las emanaciones de la Luz.

La Gracia- Poder y la Verdad- Poder se abrazan y besan entre sí formando un todo íntegro.

La Verdad es la Talidad o Totalidad.

Obviamente, la Talidad se encuentra en el fondo de un Cristo o de un Budha.

La Talidad está más allá de la maquinaria de la relatividad y también más allá del Vacío Iluminador.

La Talidad es eso que está más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente.

La Talidad es aquello que está mucho más allá de todo dualismo.

La Talidad en Cristo o en Buddha o en Hermes, es siempre la misma.

De la Talidad emana eso que se llama la Gracia.

La Verdad es lo que es, lo que siempre ha sido y lo que siempre será.

Sólo en el cuerpo de un Jesús o de un Buddha o de un Hermes, etc., está encarnada la Verdad.>>



La talidad es una idea poco madurada por la gnosis contemporánea, el M. Samael, nos dejaba pinceladas sobre las verdades ultimas, pues sabía que pocos podían aspirar a la verdad ultima o totalidad. Y sigue habiendo pocos que puedan asumir la verdad absoluta, esa que une lo de abajo y lo de arriba, porque asumir nuestra verdad terrena en su totalidad, nos concederá la gracia suprema, por ejemplo, asumir que todo es transitorio, que nada queda de nosotros cuando asumimos la eternidad, el aquí y ahora, pues el “hoy mata el ayer”; asumir vivir sin yo, sin nada que nos ate, que nos apegue a lo temporal, ni siquiera atarse a la sabiduría que uno ha adquirido, pues la verdad es que todo lo que se acumula y guarda pasara a ser temporal y perecedero, por tanto pocos podrán sostenerse en lo atemporal, en el vacío que nada posee y que es todo claridad, percepción directa de las verdades cósmicas sin el proceso deprimente de la opción conceptual, en la plenitud del vacío existe intuición, eso es claridad, visión de las cosas tal cual son, esa es la gran verdad. Es por ello que el mensaje de Cristo es tan potente, radical o revolucionario; el Cristo exige que nos conozcamos hasta las últimas consecuencias, para ello no hay que tener miedo, el miedo es horrible, nos ciega y nos condiciona en todo, tenemos miedo del que dirán, de nuestros compañeros, de nuestros superiores, de nuestro propio karma. ¿Por qué nos vemos tan limitados?, pues sencillamente porque no somos capaces de aceptar nuestra verdad. El que no conoce su verdad es un ignorante y vivirá condicionado por su miedo, por sus temores, afrontara su destino bajo sus las propias limitaciones de su ignorancia, eso es el yo, el ego, ignorancia y limitaciones auto-impuestas, por desconocer nuestra real verdad.




Y sobre la virtud o la gracia que también nos concede la Talidad, como nos dice el M. Samael viene cuando eliminamos el ego, es decir la ignorancia y nuestras limitaciones, por ejemplo, que verdad y virtud hay detrás del miedo, ¿lo hemos experimentado?, ¿sabemos lo que es vivir sin miedo? Y detrás de la ignorancia y limitación de nuestro orgullo que existe, que hay, ¿podemos vivir sin sentir a nuestro querido ego? Lo cierto es que la virtud necesita de la verdad, por cruda y realista que sea la verdad. Cada uno de nosotros tenemos un nivel de Ser y esa es nuestra verdad y realidad, según nuestro nivel de Ser existirá un punto matemático donde verdad y gracia se cruzarán, se besarán y unirán. Vale la pena meditar sobre ello. Vivir en la gracia absoluta es vivir sin yo, sin limitaciones, sin miedos ni temores; vivir en la gracia es vivir en la plena verdad, esta es la exigencia del Cristo, pues él es la verdad, el camino y la vida. 




La virtud pertenece al Ser, la verdad también, ahora nos toca saber y conocer a nosotros en qué punto matemático del Ser nos encontramos, si aún preferimos atarnos a lo temporal, a lo circunstancial, si aún preferimos vivir condicionados por nuestro karma, por nuestro yo, pues como bien nos dice el M. Samael si eliminamos el yo eliminamos el karma, pues tanto el yo como el karma son nuestras limitaciones debidas a la ignorancia, o el desconocimiento de nuestra entera verdad. La verdad es que el Ser no tiene límites, pero nosotros preferimos nuestros límites pues el ego, con su gran temor no se atreve a ver más allá de su propio condicionamiento. El Ser es libre, porque vive sin temor, sin condicionamientos, aceptando el océano universal de la vida libre en su movimiento. Ahora algunos nos dirán ¿pero la vida nos impone unas condiciones, unas limitaciones? Eso es cierto y pertenece esto a la verdad, pero la ignorancia no acepta que esas condiciones son circunstanciales, terrenales, y por tanto transitorias, si aceptamos eso mismo, entonces también dejaremos de atarnos a nuestro dolor, sufrimiento, y a nuestro egoísmo involucrado en todo lo terrenal. Pues la gran virtud esta en reconocer la verdad de nuestra condición buena y mala, virtuosa o calamitosa, pero la verdad de lo relativo y circunstancial será trascendida por la verdad absoluta, que incluirá los valores eternos, incondicionales, donde el amor y la sabiduría todo lo trasciende; en ese punto matemático encontraremos la Talidad.





Rafael Pavia 18-08-2016

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