viernes, 12 de mayo de 2017

Nada absolutamente es mío. V.M. Zoroastro.


                                Nada absolutamente es mío


No es mío el aire que respiro;
no es mía la sangre que circula por mí, mucho menos es mío el aparato circulatorio; no es mío cada latido de mi corazón, tampoco este importante órgano;
no son míos mis huesos y mis carnes;
no es mío este cuerpo, ni ningún otro cuerpo; ni mi alma me pertenece;
no es mío ningún vestido que cubre cada cuerpo. ¡Dios mío, Dios mío!, nada es mío.
Ni tú mismo, "Dios mío",
eres mío. 



Nada absolutamente es mío 

Todos, pensamos, sentimos y actuamos desde lo oculto del "yo" animal así: que es mío el aire que respiro; que es mía la sangre que circula en mí, también el aparato circulatorio; que es mío cada latido de mi corazón, también este importante órgano; que son míos mis huesos y mis carnes; que es mío este cuerpo, también los cuerpos internos; que mi "alma" me pertenece; que es mío el vestido que cubre cada cuerpo; que "mi Dios", es mío; que, en consecuencia, todo me pertenece; que, en cierto modo, son mías las personas que me rodean, de cerca o de lejos, porque están en mí en forma de impresión; que todos los instantes que vivo son míos.

Desde este punto de vista, todo, todo, todo me pertenece en impresión, sensación, percepción y concepto; que teniéndolo todo en mí, por ello vivo mejor; que mías son las ideas que pienso y siento; que la misma palabra "mía" o "mío" es mía. Repito, que todo lo que está en relación conmigo, es mío. De este modo es mío: el espacio, las aves, la luz, las sombras, la eternidad, el tiempo, el cielo, las nubes, las estrellas, el arcoíris, la lluvia, el amanecer, el mediodía, la tarde, el viento, la quietud, las humanidades de aquí y de allá, la naturaleza y sus árboles, montañas, desiertos, lagos, océanos, el bien y el mal y la comprensión entre ambos, el error y el acierto, la ignorancia y la sabiduría, lo justo y lo injusto, lo onírico con conciencia o sin ella, todo de algún modo en experiencia es mío.

Y éste es mi único modo de vivir, no conozco otro. Pero, confieso que tanto peso egoísta no me hace en absoluto feliz. Reconozco también que, por ello, no son felices las personas que me rodean. Y ahora, anhelando un cambio radical para vivir en felicidad con mis semejantes, prefiero mejor decir:

No es mío el aire que respiro; no es mía la sangre que circula por mí, mucho menos, es mío el aparato circulatorio; no es mío cada latido de mi corazón, tampoco este importante órgano; no son míos mis huesos y mis carnes; no es mío este cuerpo, ni ningún otro cuerpo; ni mi alma me pertenece; no es mío ningún vestido que cubre cada cuerpo. ¡Dios mío, Dios mío!, nada es mío. Ni tú mismo, "Dios mío", eres mío. Ahora ni siquiera sé, qué es lo mío que te pertenece. No son mías las personas que me rodean, de cerca o de lejos; ni los instantes que vivo son míos. Busco algo que me pueda pertenecer o que te pertenezca y no encuentro nada, nada, nada. Sin embargo, no teniendo nada, vivo de otro modo. No es mía ni siquiera esta idea; la palabra misma "mía" o "mío" no es mía. Nada, nada, nada, nada es mío. Sin embargo, todo está allí maravillosamente, delante, sin ser mío:

el espacio, las aves, la luz, las sombras, la eternidad, el tiempo, el cielo, las nubes, las estrellas, el arcoíris, la lluvia, el amanecer, el mediodía, la tarde, el viento, la quietud, la actividad, las humanidades de aquí y de allá, la naturaleza y sus árboles, las montañas, los desiertos, los lagos, los océanos, el bien y el mal y la comprensión entre ambos, el error y el acierto, la ignorancia y la sabiduría, lo justo y lo injusto, lo onírico con conciencia o sin ella, la experiencia de todo en nada, y la nada en todo. Y de ningún modo, nada absolutamente es mío.

"Ya no vivo yo, es Cristo que vive en mí" 
(Gál 2, 20). San Pablo 






Gracias V.M. Samael Aun Weor por habernos revelado la disolución del "mí mismo", del "yo mismo", del "sí mismo", que es el verdadero camino hacia el Ser absoluto, la autentica felicidad.

V.M. Zoroastro.

jueves, 11 de mayo de 2017

El karma, el destino y el Cristo

El karma, el destino y el Cristo.

Conocer la ley del karma o “ley de causa y efecto”, nos invita reflexionar sobre las leyes de recurrencia, el retorno, la reencarnación. El Maestro Samael nos da una enseñanza muy clara al respecto y se nos dice que: “ley e ley y la ley se cumple”. Y también se dice que una ley superior lava (o trasciende) a una ley inferior. También se nos dice que el karma es negociable y que: “al león de la ley se le combate con la balanza”. Todas estas cuestiones se merecen profunda reflexión y no hay mejor modo que reflexionar al respecto que bajo la luz de Cristo.

Cristo sin duda nos ofrece la ley superior que puede lavar todas las leyes inferiores, Cristo como se nos enseña en el Pistis Sophia, puede cambiar las esferas del destino. Bajo la luz de Cristo se puede comprender en totalidad la ley de karma, el destino, el retorno, la recurrencia, etc. Y lo que es mejor se puede trascender todo nuestro karma.


La ley del retorno se implica en todo el universo, todo surge y regresa a sus orígenes, el mismo océano de la vida, mueve olas hacia fuera y hacia dentro, con su energía centrifuga y centrípeta; la ley de retorno de todas las cosas mueve la rueda del samsara con su evolución e involución, la ley del retorno todo lo mueve galaxias, sistemas solares, planetas, y toda la naturaleza es impulsada por la ley del retorno, el mismo nacer y morir se mueven bajo este impulso universal. De modo que finalmente todos regresaremos al seno de nuestro origen primordial, que es el mismo “Espacio Abstracto Absoluto”, unos con más luz o conciencia y otros con menos luz.

El Cristo es la misma luz original, el Cristo sabe de dónde viene y a donde va conoce la ley del retorno, por ello el Cristo es nuestro mejor guía y por ello dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

La ley de recurrencia es un asunto personal, en esta ley se implica uno mismo con sus hábitos de pensar, de sentir, de actuar, generando una mecánica ajustada en lo temporal, por ello el tiempo se repite y también se repite la historia y los acontecimientos. Esta recurrencia incesante también se ajusta a la ley de karma o ley de causa y efecto, al respecto nos decía Sri Swami Sivananda:

“El hombre siembra un pensamiento y cosecha una acción. Siembra una acción y cosecha un hábito. Siembra un hábito y cosecha un carácter. Siembra un carácter y cosecha un destino.

El hombre crea su propio destino a través de sus pensamientos y acciones. Puede cambiar su propio destino. Es el dueño de su destino. No hay ninguna duda al respecto. Mediante el pensamiento adecuado y el esfuerzo, puede convertirse en el dueño de su destino”
.

                                                      Swami Sivananda.


Comprender el karma y nuestro destino es posible con la luz de Cristo. Entonces negociar con el karma implicará cambiar nuestra manera de pensar, sentir y actuar; pues si pretendemos hacer un negocio con los señores del Karma o destino y nosotros mantenemos nuestros mismos hábitos de pensar, sentir y actuar, entonces sencillamente no nos servirá de nada la supuesta negociación, pues sencillamente volveremos a repetir los mismos pensamientos, sentimientos y actos, volviendo a generar las mismas causa y efectos de siempre. Sin embargo, para cuestiones puntuales importantes, la misericordia divina siempre nos puede ayudar.

El Cristo y el poder de su sabiduría o Pistis Sophia, nos recuerda que todo regresa al punto de partida, por ello nos guía el Cristo hacia el Espacio Abstracto Absoluto. Cuando buscamos que Cristo nos ilumine debemos empezar a trascender todas las leyes que nos sujetan en la rueda del Samsara, para ello debemos también distinguir aquellas leyes mecánicas procesadas de modo universal y que afectan a todo como es la ley del retorno, distinguiéndola de aquella ley de recurrencia o de nuestro destino particular. La ley de recurrencia o del destino o del Karma es únicamente cuestión nuestra, es decir que hemos sido nosotros mismos los que nos hemos forjado nuestro destino, nosotros mismos hemos generado nuestros hábitos, pensamientos, emociones, deseos, etc. Si en algún momento siguiendo la luz de Cristo, nos percatamos que los barrotes de nuestra cárcel ósea hábitos, pensamientos, deseos, emociones, etc., son erróneos e ilusorios, porque carecen de la misma verdad que el Cristo, entonces podremos lavar o trascender la ley de recurrencia, haciendo sencillamente caso omiso al ego y todos sus ilusiones y perspectiva erróneas.


Salir de nuestra cárcel, de nuestro destino recurrente o del karma, dependerá de la importancia o credulidad que le demos a los barrotes de nuestra cárcel, siendo estos barrotes nuestros propios hábitos, pensamientos, emociones, deseos, etc. Si en un momento dado comprendemos que nuestro ego es solo un conjunto de yoes con sus costumbres, sus hábitos de razonar, pensar, sentir, etc., y que todo ello es erróneo ante la luz de Cristo, se puede incluso de modo súbito liberarse de esa cárcel. Eso es sentir la vida libre que nos confiere la sabiduría de Cristo mediante su amor incondicional. Cristo nos dice: “conoced la verdad y ella os hará libres”.

En la luz de Cristo podemos salirnos de nuestra jaula y sus barrotes, y ser libres como un pájaro, pero un pájaro habituado a su jaula tendrá miedo incluso de experimentar la verdad o la libertad. Volver a la jaula de nuestro destino o karma significa estar apegado e identificado con nuestros pensamientos, deseos, emociones, etc. cuanto mayor sea nuestra identificación más fuerte serán los barrotes de nuestra cárcel. Con asombro vemos que son nuestros propios miedos a la verdad y a la libertad la que nos hacen huir de la luz de Cristo.


Cuando seguimos la luz de Cristo y trascendemos nuestras recurrencias y su karma, podemos observar limpiamente y sin distorsiones las leyes universales incluida la ley del eterno retorno; entonces la luz de Cristo también nos allana el camino de retorno al Ser del Ser, al Espacio Abstracto Absoluto. De modo que Cristo nos permite trascender las mismas leyes universales girando la esfera del destino a nuestro favor, facilitándonos el regreso a la morada original del Ser.

Muchos pensaran que salir de esos barrotes del destino no es tan fácil, pensara que uno debe de pagar mucho karma, que tendrá que negociar cada paso en el camino hacia la verdad de Cristo; claro si uno va cambiando sus hábitos, costumbres y modos de pensar, actuar y sentir poco a poco, sus causas y efectos se moverán poco a poco naturalmente. Ahora bien, el Cristo es revolucionario, el Cristo nos puede abrir la puerta de la jaula y mostrarnos su verdad tal cual es, si nosotros estamos dispuestos a dar el salto; salto que consiste en reconocer la falsedad de nuestro ego, de nuestro querido “yo”, esto es reconocer que nosotros en sí mismos sin la luz de Cristo no somos más que una mentira, una ilusión, una falsedad. Reconocer nuestra falsedad, reconocer que somos fútiles, insignificantes, finitos, etc. nos permitirá dejar de identificarnos con nuestros barrotes, con nuestras limitaciones y condicionamientos, debilitando y disminuyendo la rigidez de los barrotes de nuestro karma y destino recurrente.

Que la luz del Cristo os ilumine por siempre.

Atentamente:

Rafael Pavía.        11/05/2017.

martes, 9 de mayo de 2017

La mística y el árbol de la vida

La mística y el árbol de la vida.

Se nos enseñó que hay tres triángulos en el árbol de la vida, que es el mismos Ser, para llegar al Ser absoluto. El primer triangulo el psíquico- mágico: Yesod, Hod, Netzah, (vital, astral, mental). Segundo triangulo el ético: Tipheret, Geburah, Chesed, (alma humana, alama espiritual, el intimo). Tercer triangulo del logos: Binah, Choknah, Keter, (Espiritu Santo, Cristo, Padre). Y más allá de los triángulos, como origen de todo se encuentra el Ain Soph Aur (visión contemplativa de la luz infinita).


Cuando el místico inicia su ascensión o acercamiento a la verdad absoluta, debe aprender a serenar y silenciar su actividad psíquica. Este ejercicio de serenidad y silencio será la continuidad en todo el proceso de contemplación, siendo la primera etapa contemplativa la “purgativa” *; en esta etapa el aprendiz de místico, se siente arrepentido al descubrir que toda su actividad se encuentra alejada del Ser, comprendiendo que carece de amor y sabiduría. Siendo el paso por el primer triángulo mágico-psíquico, doloroso, sufrido, y angustioso, pues el principiante apenas encuentra un alivio o consuelo en su interior, por ello necesita refugiarse junto a otros, que como él buscan una guía y consuelo a su infortunio. En esta etapa es necesaria una guía externa, una referencia espiritual, pues aún no hay suficiente certidumbre en los pasos a dar.

Cuando se alcanza el segundo triangulo ético, viene uno a procurar y lograr la conexión con su Intimo-Chesed. Conectándonos el Intimo con la ley (orden), con el Padre (el Ser manifestado) y con el Uno (el ser Absoluto). En esta etapa se adquiere la “contemplación iluminativa”, en este proceso surge el “amor doloroso”, pues en esta etapa se empiezan a tener las primeras conexiones con el “Amado”, con el Ser. Apareciendo los primero éxtasis o arrobamientos místicos; entonces empieza a existir certidumbre, evidencia de nuestro Ser; en esta etapa pasa de aprendiz a adepto, pero el proceso se hace doloroso pues la conexión con el Ser va y viene, es ocasional, entonces se sufre su ausencia. El contraste entre luz y tinieblas también se hace más evidente en esta etapa, por lo que el arrepentimiento se debe hacer más efectivo con la “Metanoia” o transformación de nuestra mente.


Vendrá ahora un salto del triángulo ético al triangulo del logos, en este salto deberá darse una verdadera conversión, pues nuestra vida deberá anclarse en la plena disposición física, psíquica y espiritual al Ser. Deberá uno amparase totalmente al Ser, dejándose guiar y llevar por el Ser, esta disposición al Ser nos otorgaría la maestría, entonces surgirá la “contemplación unitiva”. Tal conversión, dada por una metanoia o transformación de nuestra mente, nos llevara a establecernos en nuestra ley, en nuestro Padre y a seguir la conexión con el “Uno” que es el Ser Absoluto, en el Ain Soph Aur. Aunque llegar al Ser Absoluto o Ain, requiere dar el “Gran Salto”.

Cuando se inicia la conexión con el Intimo y surgen los primeros éxtasis, que pueden ir adquiriendo mayor o menor intensidad, aún le queda por comprender al adepto que todo ese amor recibido, es solo una muestra de lo que es y puede dar el Ser, pero lo necesario a comprender es que todo ese amor recibido, es el que nos queda a nosotros por dar a la humanidad; cuando se comprende realmente lo que es el amor y lo que nos queda por dar, podríamos optar a dar el salto hacia la morada del Padre en el triángulo del Logos. Hay que vivir una metanoia y una conversión en el amor, para ascender hasta la morada del Padre.


Una vez adquirida la contemplación unitiva, se ira adquiriendo la maestría que une Amor y Sabiduría, al Padre y la Madre; entonces se sigue todo un proceso de visión-contemplación de la luz infinita desde la perspectiva del Ser del Ser (Ain Soph Aur). La contemplación unitiva pertenece a la lógica intuitiva, trascendiendo la lógica racional; la vía contemplativa profundiza en el silencio que es la elocuencia de la sabiduría, profundiza en la comprensión de la auto-observación, de lo observado y del observador, aprendiendo a contemplar en la actitud pasiva y activa, comprendiendo toda la estructura del árbol del Ser, con su psiquis, sus almas, su mente sensual, intermedia e interior, etc. esto es que la vía contemplativa o mística nos permitirá conocernos en lo activo-manifestado y en lo pasivo-inmanifestado. La vía contemplativa solo puede ser escalada por medio del amor y su custodio el silencio.

El aprendiz vive su angustia y dolor porque carece de amor y sabiduría, se siente lejano distante de su Ser o verdad. El Adepto empieza a tener su conexión y acercamiento con el Intimo-Chesed, empieza a gustar de su inclinación y disposición al Ser, pero aún le queda un gran trayecto hasta su conversión, pues no le basta experimentar el éxtasis o arrobamiento místico, le queda comprender que para alcanzar al Padre, al Ser, debe de abandonarse por completo, desasirse, vaciarse de su querido ego, tiene que renunciar a su satisfacción e insatisfacción personal, para poder cumplir con la voluntad del Padre así en la tierra como en el cielo. Esta voluntad todo poderosa del Padre es la voluntad del Amor inconmensurable.



*Tres son los niveles de la contemplación en la tradición cristiana: 1º purgativa, 2º iluminativa, 3º unitiva.

Atentamente:

Rafael Pavía.             09/05/2017.

domingo, 7 de mayo de 2017

Camino de rosas


Camino de rosas



En el horizonte pétalos de rosa y el perfume de amor,

por el camino espinas, sangre, temor, angustia y dolor,

al inicio la raíz, el estiércol, la tierra labrada y golpeada.


Siempre fue así, para lograr lo que siempre tuvisteis,

en el pasado el error, en el presente la consecuencia,

en el futuro la esperanza del mañana, que jamás llega.


Siempre fue así, si el ayer fue mejor hoy es el dolor,

Si el ayer fue el dolor, hoy buscamos lo esperanzador,

y el perfume de la esperanza en el final, allá en el penal.


El siempre, siempre fue tu cárcel, y siempre estuvo contigo,

El siempre no es el ahora, no es el aquí, no es tu rosa,

mata tú historia por siempre, mata tu tiempo aquí y ahora.


Tu espina es dolor y esperanza, tu rosa amor y sabiduría,

y la espina entre el estiércol y la rosa siempre esta, hasta ya,

hoy, ahora el perfume es tu vida y como tu vida, tú instante.


Un instante, una inspiración y el perfume del amor todo cambio,

y en la vida todo transcurrió en un momento, como un soplo,

un hálito, una inhalación y una exhalación es la vida perfumada.


El horizonte perfumado es distante, si no lo llevas en tu corazón,

tu espina, tu sangre, tu voluntad sufrirán sin tu ser eterno,

el camino no es un transcurrir, es un eternizarse en el aroma del ser.



Rafael Pavía.   07/05/2017.

  





Observar al observador



Observar al observador.

El conocimiento de sí mismo requiere aprender a observarse a sí mismo, por lo que se crea una dualidad entre lo observado y el observador. Esta dualidad puede traer confusión pues surge la apariencia de que nos dividimos en dos, una parte externa que es lo que observamos y una parte interna que es el observador, en la parte externa al observador incluimos nuestros pensamientos, emociones, deseos, recuerdos, imágenes, proyecciones mentales, etc. (Esta parte de nuestra actividad psíquica se encuentra entre el observador y nuestra mente sensual con sus sentidos corporales vista, oído, olfato, tacto y gusto).


Cuando nos observamos a sí mismo con la intención de conocernos, debemos inquirir hasta el final, para averiguar cuál es la naturaleza de nuestros pensamientos, deseos, emociones, etc. debemos investigar que sostiene a nuestro ego, a nuestro yo con todos sus movimientos y vaivenes, ¿cuál es su sustancia, su consistencia, su fuerza, coherencia, cohesión, y en que basa su estabilidad y permanencia etc.? esta investigación nos descubrirá la naturaleza propia de la mente. Ahora bien, todo este trabajo que en apariencia es muy complejo sobre todo si lo tomamos desde la perspectiva meramente racional, es solo una parte introductoria del sentido de la auto-observación.


El conocimiento de sí mismo deberá incluir necesariamente observar al mismo observador, es decir reconocer quien está observando, para ello debemos dedicarnos a una contemplación de sí mismos poniendo la atención sencillamente al observador, ello requiere del silencio. En la medida en que descubrimos al observador podremos comprender con mayor claridad y profundidad cual es nuestra propia naturaleza, de la que surgirá la propia auto-conciencia, permitiendo descubrir la naturaleza de la mente tanto en su estado pasivo-inexistente, como en su estado activo-existente. Aquel que es el observador ¿cómo se manifiesta? Eso debemos de descubrirlo por sí mismos.


Observar al observador requiere del silencio, siendo “el silencio la elocuencia de la sabiduría”. Al contemplar al propio observador ¿qué vemos? ¿qué descubrimos? ¿qué se puede percibir? ¿quién está ahí observando? Si realizamos este ejercicio de autoconciencia adecuadamente descubrimos la “nadidad”, “el desasimiento”, “el vacío”, lo inmanifestado o inactivo o inexistente. Se viene a descubrir entonces que el observador es no existente, un “ente” no reconocible, se descubre que no hay un ente concreto que se pueda identificar, por ello se encuentra el vacío. Realizar semejante descubrimiento equivale a despertar en nuestra realidad, proporcionándonos la inspiración e intuición necesarias para reconocer la naturaleza real de nuestra mente, descubriendo que todo viene del vacío, y que por tanto todo lo existente, toda forma en el fondo es vacía en su origen.


Para los que buscan realmente despertar e iluminarse, les es necesario realizar tal descubrimiento del observador. Pero si su búsqueda es simplemente racional, conceptual, se llevarán un gran desengaño, cayendo en el absurdo nihilismo, concluyendo que todo es vacuo e ilusorio. Siendo el único modo real de descubrir al observador en su plena naturaleza, compartir su manifestado “Amor”. Cuando entramos en silencio y quietud para poder observar al observador, descubrimos una frecuencia de vibración que nos lleva hacia la serenidad y paz, allí percibimos que la paz es una consecuencia del amor y que a mayor paz interior más nos acercamos al amor. Dicho amor nos permitirá congeniar lo inmanifestado y lo manifestado en conocimiento íntegro del Ser.

La ciencia del autoconocimiento o autognosis, no termina descubriendo al observador, a partir de ahí se produce el despertar de sí mismos, para seguir inquiriendo e investigando sobre las dos naturalezas la manifestada-activa y la inactiva-inmanifestado, de tal modo que se debe de llegar a la comprensión experimental de aquello que es el vacío o mundo espiritual y lo que es el mundo de la materia o mundo de las formas, más allá de cualquier dualismo.


Cuando se carece de la experiencia de haber descubierto al observador, todo se vuelve especulación, pensamientos, conceptos, teorías, etc. Ya cuando se ha experimentado la propia naturaleza del observador, se comprende sin dificultad lo vacuo, fútil, insignificante, e insustancial, de todos los pensamientos, conceptos, teorías y especulaciones; comprendiendo, por ende, que nuestro querido ego o yo es igualmente vacuo, fútil, insignificante, e insustancial y carente de verdadera realidad.

El despertar e iluminación nos descubre que todo en su origen surge del “Uno”, de la unidad no dual, el Uno todo lo contiene. Y en nuestro inquirir sobre sí mismos, debemos de descubrir a Uno, y desde allí o ahí se podrá descubrir toda su auténtica realidad y naturaleza.


Si al auto-observarte solo atiendes a lo observado, sin descubrir al observador todo tu trabajo caerá en una simple especulación, sin poder salir del sueño de la conciencia o la fantasía o engaño sobre sí mismo.

Atentamente:
Rafael Pavía.   07/05/2017.

sábado, 6 de mayo de 2017

Después del cataclismo final. Ensayo profético.



Después del cataclismo final. Ensayo profético.


Son pocas las personas que tienen presente el pasado, presente y futuro de la humanidad. Solo algunos conocen toda la historia de la humanidad desde sus comienzos, tal historia son hoy mitos antiguos donde se incluye las cuatro edades de la humanidad edad de oro, de plata, de cobre y de hierro; estas edades son conocidas en la historia de los hindúes como los cuatro yugas:

Krita o Satya Yuga (edad de oro o edad de la verdad).
Treta Yuga (edad de plata).
Dvapara Yuga (edad de bronce).
Kali Yuga (edad de hierro o edad oscura).


Sobre las cuatro razas que nos precedieron: 1ª protoplasmática regida por la luna, 2ª hiperbórea regida por mercurio, 3ª lémur regida por venus, 4ª atlante regida por el sol, tuvieron sus particulares edades de oro, plata, cobre y hierro, y todas las razas incluyendo la nuestra, la 5ª raza aria regida por marte, participamos de un ciclo global que nos incluye a todas las razas en lo que se conoce como rondas:

1º ronda mental

2º ronda astral

3º ronda etérica

4º ronda física

5º ronda etérica

6º ronda astral

7º ronda mental


Actualmente nuestra raza humana está culminando la ronda física, para ir adentrándose en la quinta ronda etérica. Eso significa que ahora mismo estamos viviendo la peor de las edades de hierro, estamos viviendo el periodo más oscuro de la humanidad. Todas las profecías y como se ve en el inconsciente colectivo de la humanidad se esta viviendo la peor de las edades, ¿qué futuro nos espera?

Iniciar el regreso hacia las dimensiones etérica, astral y mental, significa que nuestro planeta va a vivir una disolución semejante, a la que viven los difuntos en sus procesos en el Bardo o tránsito de la muerte, esto es que nuestra tierra se va a ir diluyendo gradualmente perdiendo su materia sólida o física, convirtiéndose en materia etérica, luego astral y finalmente mental. Durante este proceso de disolución quedan dos razas por manifestarse la sexta raza que será llamada raza Koradi, regentada por Júpiter, mientras que la séptima y última raza será regentada por Saturno. Lo dicho nos hace entrever que la próxima humanidad también deberá de vivir un proceso de disolución y muerte, pues las razas que nos precedieron también vivieron junto a la tierra el proceso de formación, creación y cristalización de lo que es hoy el planeta; mas ahora nos toca vivir la disolución de la tierra.



Vivir la disolución:

Percibimos que la próxima humanidad solo podrá sobrevivir en una condición de total desapego, de modo atemporal, sin propiedad, sin aferramientos, sin vistas a un futuro de prosperidad como ahora se entiende, ni se pretenderá construir una súper-civilizada raza como siempre se pretendió, ese tiempo y pretensión ya caduco. ¿cuál será la misión de la próxima humanidad? Divisamos que reencontrar la naturaleza incontaminada del espíritu, para que de ese modo se pueda cooperar a disolver todas las impurezas o karma mundial que la humanidad ha generado. Tal empresa que puede resultar a primera vista gigantesca y abrumadora, podrá ser accesible siempre y cuando se comprenda cual es la naturaleza del Ser incontaminada y por tanto legítimamente pura desde sus inicios. Cargar con la cruz y el sufrimiento que ha creado toda la humanidad desde sus inicios hasta hoy será la empresa del futuro, hasta dejar la tierra sin rastro, sin huellas de su karma, esto deberá incluir a los mismos seres infernales, aunque su salvación sea su propia disolución en procura de su esencia primordial. Tal empresa solo podrá ser llevada a cabo por iniciados y maestros u hombres solares, bodhisattvas capaces de permanecer en ambientes de disolución, donde gradualmente la tierra física se disolverá en agua o elemento éter-vital, disolviéndose esta en el fuego o ronda astral, para seguir su proceso disolviéndose en el aire o ronda mental, para concluir su disolución en el mismo espacio.


La muerte definitiva de la tierra y las rondas junto con la humanidad, se dará en la última raza gobernada por Saturno, donde deberemos de haber adquirido “el buen morir”, lo que nos otorgará un regreso a nuestro origen primordial, en el océano de la vida libre en su movimiento, donde de modo individual y colectivo habremos completado los ciclos de nacimientos y muertes, que el mismo océano de la vida promueve con su constante oleaje hacia fuera y hacia adentro, hacia el nacimiento y la muerte. Entonces más allá del nacer y el morir el triunfo de la Luz se habrá completado.

Ahora bien, tal triunfo es atemporal, no está sujeto a un proceso colectivo, el objetivo final se encuentra aquí y ahora y depende de cada cual en estos momentos el que lo pueda alcanzar. Una vez el triunfo individual es alcanzado, se podrá cooperar en el auxilio del colectivo, pues llegados al océano de la vida con plena conciencia percibimos que la compasión y el amor es la fuente misma de la vida y su océano.


Todo se vuelve tremendamente sencillo cuando más cerca del Ser y sus orígenes nos encontramos. Una vez comprendemos y nos establecemos en la presencia incontaminada del Ser y toda su pureza el sacrificio por la humanidad se torna tan natural como la vida misma. La naturaleza incontaminada del Ser es innata, atemporal, eterna e infinita; por lo que el karma y el sufrimiento de la humanidad se ve inmediatamente menguado o disminuido al ejercer y aplicar la conciencia superlativa del Ser.

Atentamente:

Rafael Pavía.       06/05/2017.



martes, 2 de mayo de 2017

Golpear al Aeon 13



Golpear al Aeon 13

Dice el Maestro Samael:

“Todo Adepto realiza, si así́ se lo propone, los Doce Trabajos de Hércules; raro es el que se atreve a golpear en el Aeón Trece”.
 Pistis Sophia develado. Samael Aun Weor.

Y precede el anterior texto:

“El Treceavo Aeón, más allá́ de las Doce Puertas, es Ain, es Sat, el inmanifestado. Golpear en la Puerta Trece equivale a ingresar en el seno del Eterno Padre Cósmico Común cuyo nombre hebraico es Aelohim.
Todo Iniciado debe integrarse previamente con Elohim antes de integrarse con Aelohim.
Cada uno de nos tiene su Elohim interior. El Elohim interior es el Ser de nuestro Ser.
El Elohim interior es nuestro Padre- Madre.
El Elohim interior es el Rayo que emana de Aelohim.
Aelohim es el Omnimisericordioso, el Eterno Padre Cósmico Común, el Espacio Abstracto Absoluto”.

Pistis Sophia develado. Samael Aun Weor.


Los gnósticos valentinianos autores del Pistis Sophia o la Biblia Gnóstica, buscando la respuesta a ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? y ¿hacia dónde vamos? Y siendo seguidores de San Valentín de quien se dice fue discípulo de un discípulo del mismo Pablo de Tarso: “Clemente de Alejandría (S. II), aseguraba que Valentín, uno de los principales representantes del gnosticismo, se declaraba discípulo de Tadeo, discípulo a su vez del mismo Pablo”. De modo que los valentinianos configuraron una teología, cosmología y antropología, donde hallar las respuestas, en dicha configuración se encuentran los 30 aeones emparejados entre ellos habiendo eones masculinos y femeninos. Siendo la primera tétrada de aeones la siguiente:

Masculino:                Femenino:

Abismo insondable   -     Silencio

Mente               -          Verdad

Palabra             -              Vida

Antropos             -              Iglesia



Siguen luego las siguientes parejas de aeones: profundidad y fusión, doncel y unión, autoengendrado y placer, inmovile y mixtura, ungenito y bienavnturanza, consolador y fe, paterno y esperanza, materno y amor, impetuoso y entendimiento, eclesiástico y bienaventuranza, ordenado y Sofía. (orden eonico de los valentinianos según investigación de los esenios).

De modo que golpear al Aeon 13, significa adentrarse en: la palabra y la vida, la mente y la verdad, el abismo y el silencio. 



Uno se integra con Elohim al entrar en la palabra y la vida, y se adentra en Aelohim al introducirse en la mente y la verdad, para finalmente llegar al abismo insondable del espacio abstracto absoluto y su silencio.

Detrás del verbo creador de los dioses o Elohim, existe la mente universal, la mente unitotal, o la mente Cristo donde hallamos la unidad múltiple perfecta. Nuestra mente interior tiene acceso a la mente divina, mediante la conciencia superlativa del Ser. Tal mente es el mismo Darmakaya o cuerpo de la verdad. Pocos, muy pocos se atreven a golpear al aeon trece, para encontrar la verdad absoluta, pues ello significa la completa disolución de nuestra mentira, de nuestra falsedad, de la ilusión de nuestro querido ego personal.

Hay que comprender por nuestra parte toda nuestra cosmología, teología, antropología, ontología, etc. de un modo practico, de tal modo que por sí mismos debemos evidenciar y comprobar, como estamos hechos a imagen y semejanza de nuestro creador. De tal modo que nosotros mismos debemos comprobar como nuestro Ser lo es todo y en él se da el origen de nuestra vida, partiendo del abismo insondable, para ir fecundando desde la mente a la propia palabra, la vida y la creación.

Atentamente:

Rafael Pavía. 02/05/2017