jueves, 26 de abril de 2018

Gnosis del Ser

Gnosis del Ser.

Existen tres niveles en el camino o proceso espiritual: aprendiz, adepto, y maestro. Aprendiz es aquel que requiere de una constante guía y orientación en su trabajo, el adepto es aquel que empieza a caminar por sí mismo, aunque requiere de ser orientado y guiado en cuestiones complejas del camino; luego está el maestro que por sí mismo ya sabe cómo trabajar, andar el camino y resolver las cuestiones que puedan surgir, lo que no quita que pueda orientarse y ayudarse con otros maestros.


En la tradición budista existen también tres niveles en el camino, o tres modos, cada cual más intenso para aplicar en el camino espiritual, primero el Sutra-yana, donde se estudia y practican los textos (sutras) del buda; se pretende en este nivel alcanzar la plena iluminación, pero siendo una opción a muy largo plazo, planteando que, en sucesivas encarnaciones se pueda alcanzar la plena iluminación.

El segundo nivel en la tradición budista es el tantra-yana o vajra-yana, en este nivel se requiere haber desarollado el “bodichita” o conciencia despierta y compasiva; lo mismo nos indica e M. Samael cuando nos dice que para la práctica del tantra-alquimia, se necesita “cambiar la manera de pensar” (en su conferencia que lleva el mismo título explica el M. Samael tal necesidad, para que el tantra sea efectivo). Los Budistas plantean que en este nivel del tantra-yana, se puede alcanzar en una sola vida el grado de divinidad, esto es realizarse como un maestro alcanzando la divinidad interior. El Tantra-alquimia pretende concretar de un modo efectivo, tanto en lo físico como en lo psíquico el Sutra del corazón o prajnaparamita, donde la forma y el vacío se unifican más allá de la dualidad; esto es el tantra trasciende el conflicto dual entre materia-forma y espíritu-vacío. Con el Tantra se trabaja en la carencia de deseos o vacío, se trabaja el desapego a las formas y a los deseos tanto físicos como psíquicos, es por ello que se requiere “cambiar la manera de pensar”.

El tercer nivel dentro del budismo es el ati-yana (primer vehículo) o dzogchen (gran perfección). En este nivel la iluminación y realización se alcanza el grado de buda, o plena iluminación. En este nivel se trabaja y adquieren los cuerpos del Ser: 1º nirmanakaya, 2º sambogakaya, 3º dharmakaya (tri-kaya). Se pretende por parte de los practicantes del Sutra-yana y del tantra-yana trabajar también con el tri-kaya, pero entienden tal tarea como una posibilidad en su etapa final. Mientras que los practicantes del ati-yana o dzogchen trabajan directamente con el tri-kaya, esto es con la naturaleza del Ser.


Existe una práctica que vincula y unifica los tres niveles, tanto del aprendiz, como el adepto y el maestro, así como los niveles de sutra-yana, tantra-yana y ati-yana, esta práctica es la contemplación ; practica que debe de elevarse a un estado, esto es, que la contemplación debe de asumirse como un modo natural de vivir.

La contemplación se debe vivir como un estado de presencia del Ser, en nuestro diario vivir. Por tanto, la contemplación debe de aplicarse como una contemplación pasiva-activa no-dual. Lo que requiere mantener en todo momento la atención en el presente, en el aquí y ahora, pero con la condición o naturaleza atribuida al Ser, es decir debe ser un presente atemporal, eterno.

En esta práctica contemplativa lo fundamental es la perspectiva, la visión, es decir, no se trata de creer, pensar, o querer hacer, se trata simplemente de contemplar, de ver las cosas “tal cual son”, tanto fuera de nosotros, como dentro de nosotros.

La perspectiva o visión contemplativa nos la da el M. Samael cuando nos dice que “Perfecto solo es el Padre que está en los cielos”, siendo así, que el Padre, el Ser, ya es perfecto, entonces no hay necesidad de hacer, crear, construir, formar, esto o aquello. La contemplación nos debe permitir reconocer ya tal perfección del Ser.

¿cómo algo imperfecto, pretende construir o hacer algo perfecto? Esta falsa pretensión de realizar o crear algo perfecto es un deseo (yo) espiritual, que es incapaz de aceptar que el Ser ya es perfecto.

El otro gran error de nuestra ignorancia, es creer o pensar que nosotros estamos fuera del Ser. Pensar que el Padre está fuera de nosotros, o que nosotros estamos lejos del Padre, este gravísimo error esta tan inculcado en los profanos e ignorantes, que les resulta imposible sentir la unidad del Ser. La única opción a tal perspectiva separatista que el ego plantea, es no caer en la dualidad del “yo y el tu”, esta es como dice el M. Samael la peor de las herejías, la herejía de la separatividad. 


Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer
Juan 15:5

En el estado de contemplación no-dual, no se plantea si se está cerca o lejos, separado o unido, ni arriba o abajo, ni bueno o malo, ni perfecto o imperfecto, ya que todos estos planteamientos pertenecen a la mente conceptual, a la mente intermedia (la mente de los fariseos). La contemplación no-dual es una cualidad de la conciencia superlativa del Ser, que permite activar la mente interior, experimentando un estado de unidad, donde los polos contrarios sencillamente son partes complementarias de la unidad. No puede haber arriba sin abajo, ni derecha sin izquierda, ni negro sin blanco, etc.

¿Cómo pretendemos hacer la voluntad del Padre que está en los cielos (lo perfecto), si nos sentimos separados, distantes del Padre? ¿cómo podemos conocer la voluntad del Padre? Al no conocer dicha voluntad, sencillamente adoptamos la postura de abandono, dejando que suceda lo que tenga que suceder sin más. Tal postura es buena si somos capaces de abandonar nuestros deseos personales y abrazamos el amor y la compasión, sea cual sea la circunstancia que vivamos, sea lo que sea que pueda suceder.

En realidad, la contemplación no-dual adopta esta actitud de abandono del deseo personal, pero no como una actitud resignada o sufrida, sino que la conciencia superlativa del Ser acepta igualmente lo agradable como lo desagradable, acepta el dolor y el placer, sin que por ello cree conflicto, pues mantiene en la contemplación no-dual el desapego y la carencia de deseos, tanto hacia la satisfacción como hacia la insatisfacción; esto implica hacer efectivo el sutra del corazón o prajnaparamita.

Es común en la espiritualidad india el hecho de que el gurú pueda despertar y provocar el éxtasis en sus discípulos tan solo con su presencia o sencillamente tocándolos y bendiciéndolos. El M. Samael nos dice en el “Libro Amarillo” que un gurú puede despertar por gracia el Kundalini de su discípulo. Bien si nosotros hacemos el ejercicio del gurú-yoga y se presentara el maestro ante nosotros ¿qué nos provocaría? Seguramente nos transmitiría confianza, seguridad, plenitud, gracia, alegría, éxtasis, paz interior, felicidad, etc., si el gurú nos bendice, entonces nos exaltamos. Pero ¿cuanto tiempo podemos permanecer en dicha exaltación?, un día, una semana, la pregunta es: ¿por qué no somos capaces de mantener dicha gracia? Pues no perduramos en la gracia, sencillamente por ignorar a nuestro Ser interior, a nuestro Maestro Interior. En realidad, el gurú o maestro exterior cuando nos bendice o nos toca transmitiéndonos su gracia, esta no es su gracia, la que nos proporciona el éxtasis; lo que en realidad hace el gurú es despertar nuestro potencial interior, lo que hace el maestro con su presencia es activar nuestro potencial, nuestro contenido espiritual interior. Si nosotros dejáramos a un lado nuestra ignorancia y nos diéramos cuenta de que lo que sentimos con la bendición del maestro externo, es nuestra propia verdad y contenido espiritual, entonces no tendría que ser tal experiencia pasajera, sino que tal experiencia se podría mantener y perpetuar en todo momento. Esta es la Gnosis de Ser.

Cuando acudimos a un acto o ejercicio espiritual y nos abrimos a las influencias del acto o ejercicio, entonces también sentimos la potencia espiritual en acción. De lo que se trata en la contemplación no-dual, es hacer un acto o ejercicio continuo, permanente, que no obedezca a circunstancias determinadas, sino que fluya en cada momento independientemente de los eventos que acontezcan dentro y fuera de nosotros, sean estos agradables o desagradables, buenos o malos. Entonces situándonos en la no-dualidad, nos ubicamos en lo atemporal. 

Lo atemporal es el estado de la luz increada, es el estado del Ser Absoluto o Buda Tathagata (Buda de la Talidad: tal cual es), en tal estado de contemplación no-dual se trabaja con la naturaleza del Ser o tri-kaya. La condición de tal estado es mantenerse en lo atemporal, viendo como las circunstancias temporales y efímeras, son una cadena de causas y efectos, que ocurren debido a nuestra identificación y apegos a dichas causas y circunstancias, sean estas buena o malas.

La contemplación pasiva-activa no-dual, es la práctica que sirve para unir y encadenar todos los niveles o estados de conciencia en que nos encontremos: principiante, adepto, maestro; sutra-yana, tantra-yana, ati-yana. Pues si en cada estado o nivel, la búsqueda, la práctica, el ejercicio espiritual, es el encuentro con el Ser, entonces lo acertado o adecuado es aplicar la contemplación no-dual, puesto que en su atemporalidad el potencial espiritual aflora de modo natural, sea cual sea en el momento o circunstancia o estado en el que nos encontremos.

Se puede objetar que mientras estemos sometidos a “yo”, estamos sujetos al tiempo y a la dualidad, eso es cierto. Pero más cierto es que el Cristo es la “Luz de mundo” y que Cristo es atemporal, puesto que es el “Alfa y Omega”, y que Cristo era antes que Abraham. Y siendo la Luz del mundo se dice: La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas No prevalecieron contra ella (Juan 1:5). Esto es que ante la luz y las tinieblas mejor ponerse de parte de la luz, porque de ese modo seremos salvos, siendo que las tinieblas No prevalecen sobre la Luz.


El “yo”, en su ignorancia y su herejía se siente separado de la luz, no reconoce la luz de Cristo, prefiere sentirse entre las tinieblas de su ignorancia, ignorando su potencial espiritual; cuando en realidad bastaría que llegase un maestro y le tocase la cabeza, para despertar e iluminarse. Lástima que después de dicha gracia concedida por el gurú uno recaiga en su ignorancia, olvidando que su potencial está latente en su interior, ya se sea un principiante, un adepto o un maestro. 

Por ello, en la Fe en Cristo, la contemplación pasiva-activa no-dual, es la practica esencialmente válida para el día y la noche, y para cada momento de nuestras vidas, para todas las etapas, estados o niveles del camino, pues en tal práctica encontramos la naturaleza propia del Ser, la gnosis del Ser.

Atentamente:

Rafael Pavía.              26/04/ 2018.

jueves, 19 de abril de 2018

Una aportación del microcosmos

Una aportación del microcosmos

Cuando se nos dice que fuimos creados a imagen y semejanza del creador, significa que nosotros somos un doble, un par del creador, más la semejanza nos puede hace iguales al creador. En principio la creación el génesis es básico y elemental, solo disponiendo de la “materia prima”.

Semillas
Desde la base de la materia se empieza a gestar, configurar y formar todo un mundo. ¿cuál es la materia prima, el arché (origen, principio) que buscaban los griegos? aunque muchos buscaron la materia prima en el exterior, en los simples elementos como el fuego, el agua, o como Demócrito que se refería a los átomos, como base original de todo lo construido. Otro modo de buscar la materia es buscando en el interior, en nuestra psiquis y mente. En nuestro interior encontramos mente, imaginación, voluntad, emociones y deseos; siendo la cuestión como se combina lo interior y lo exterior.


Si partimos desde lo simple, desde lo básico, allí solo encontramos substancia mental, como se indica en la tradición teosófica donde la primera ronda de la creación es mental, pasando luego a lo astral, vital y físico; coincidiendo la indicación con lo dicho por la tradición hermética de los egipcios, de los hindúes y con los planteamientos de Platón sobre el mundo de las ideas o el mundo Noético (mente, intelecto). De modo que todo surge de la mente y todo vuelve a la mente.


Relaciona el M. Samael el mundo de la mente (manas superior e inferior de los teósofos) con el mundo electrónico o subatómico, donde la materia es más volátil, sutil, básicamente es energía. Sigue después la condensación en la ronda astral o mundo molecular, donde se dan inicio las primeras combinaciones de partículas, elementos y átomos; estas serían las primeras formaciones producto de una imaginación, un deseo-voluntad, que progresivamente se consolidaran en lo etérico-vital, para adquirir su solidez en el mundo físico.



Esta cadena creativa-formativa desde lo interior a lo exterior nos dice que: primero es la necesidad de ver antes que el ojo, que primero es la necesidad de oír que el oído, que primero es la necesidad de andar que las piernas, etc. Esto es que previo a la formación de nuestros sentidos físicos, hubo una necesidad que medio intencionadamente, para poder ver, oír, oler, etc. Allí en esa necesidad que medio intencionadamente para poder ver, oír, oler, etc., este mundo, allí se encuentra nuestro espíritu.

Sobre el océano informe de la substancia mental, sopla el espíritu de vida para que una nueva aurora surja, de modo que hasta que no cristaliza y se consolidad el mundo físico, todo lo previo etérico-vital, astral, mental, se encuentra en fase de formación. Una vez se consolida la realidad física, esta mostrara si lo creado, lo ejecutado, por medio de la imaginación, el deseo-voluntad, etc., es aquello que en origen se requería o necesitaba. Después de ver, oler, escuchar, etc. es decir experimentar, entonces viene la valoración.

El regreso hacia lo espiritual, es una descomposición, se deforma lo formado, esto es, un proceso de disolución y muerte. Todo lo construido y creado es des-construido y des-creado, para de nuevo regresar a la Materia Prima.

Bien todo lo expresado en los párrafos anteriores, quiere decir que nosotros co-emergemos y co-creamos el mundo, nosotros participamos en la creación del mundo, partiendo de la materia prima, participamos de ese fluir constante de noches y días, de creaciones y des-construcciones, de nacimientos y muertes, de amaneceres y anocheceres. Por tanto, tampoco existe un mundo estable en lo interior, en el mundo astral o mental, este mundo interno o psíquico también se disuelve y des-construye a la vez que el mundo físico; esto es, que la estabilidad de lo astral y mental es aun si cabe más frágil y volátil que el mundo físico, esto se percibe directamente en la experiencia astral u onírica. Una vez finalizado el proceso de disolución y muerte, todo queda recogido en la materia prima, como una memoria, a esto se le llama en la gnosis y en las enseñanzas hindúes como el “Alaya del Universo” (semejante a un A.D.N.).


Aquellos que poseen alma son plenamente conscientes de estos hechos de la vida y la muerte, de lo físico-externo y psíquico-interno. Todo aquello que percibimos como el mundo externo a nosotros, es el resultado de millares de nacimientos y muertes, de construcciones y des-construcciones, donde nosotros como microcosmos hemos contribuido a su creación y formación, tanto como a su disolución y reconstrucción. En el Alaya Universal, se encuentran depositados todas nuestras aportaciones y contribuciones en la gestión de este universo. 

Quizás que para los que no poseen alma, sea una enorme responsabilidad el hecho de que cada cual, cada uno de nosotros, contribuye a formar y crear este mundo. Pero el Cristo que es la “Luz del mundo”, nos permite ver con plena claridad, que el pecado del mundo, que el mal de mundo es responsabilidad nuestra. Y que cuando dejamos nuestras cuestiones en manos de Dios, en realidad debemos recordar que somos semejantes a Dios, y que por ende debemos actuar como Dios manda, es decir co-creando y co-formando. La responsabilidad del mundo la carga Cristo sobre sus hombros, porque Él sabe de dónde viene y hacia donde va:

Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque yo sé de dónde he venido y adónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo ni adónde voy.(Juan: 8:14)


El que posee alma reconoce y conoce, como desde su materia prima, desde su mente va gestando su mundo que es el mundo de todos; ya que todos partimos de esa misma substancia. Desde la ronda mental vamos construyendo y reconstruyendo aquello que alojamos en el Alaya Universal, esto sucede y se repite cada vez que desencarnamos, cada vez que en nuestro proceso de muerte nos disolvemos en la Luz, que a su vez es nuestra materia prima, que a su vez es el poder del Logos (que como nos recuerda el M. Samael este poder reside en nuestros órganos sexuales), y todo ello surge en la mente universal, donde todo es mente.

En definitiva, el microcosmos no solo es un ente pasivo ante el universo y la creación, sino por el contrario el microcosmos es la razón de Ser en este universo. Siendo que el microcosmos en su gestación del alma y en su vivencia en Cristo, comprenderá de donde viene, como viene, para que viene, a este mundo; y lo más importante que puede aportar uno a este mundo, que puede llegar a ser un mundo maravilloso o un mundo de perdición y dolor.

Reflexionemos en nuestra contribución al mundo y su humanidad.

Atentamente:

Rafael Pavía.                        19/04/ 2018.

jueves, 12 de abril de 2018

Las 7 Rondas y la Luz de la conciencia.



Las 7 Rondas y la Luz de la conciencia.

Siendo el Cristo Alfa y Omega, principio y fin de toda nuestra vida he historia, Él nos acompaña desde los inicios, desde los orígenes, hasta el presente. El Presente es el “fin”, es el “omega”, es la razón de Ser.

Cuando la noche aún no había sido fecundada por el Logos-Verbo y el amanecer creador aun no lucia su aurora, solo el vacío insondable y su silencio reinaban en un mar de “Luz Increada”. Y ya en el amanecer “la Luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron sobre ella” (Evangelio de Juan: 1:5).


Surgió entonces en el amanecer de la vida y su creación la Ronda Mental, de esta primera ronda siguió la ronda astral, etérico-vital y física ronda esta última la física, que ha concluido en la actualidad, para ir dando paso al retorno, volviendo a las rondas etérico-vital, astral y por último la ronda mental. En todo este recorrido de las sucesivas rondas, Cristo nos acompaña como una presencia siempre presente desde los orígenes hasta el final, como Alfa y Omega. Aquí debemos de darnos cuenta de que toda creación surge de la mente y termina en la mente. Todo surge de la 1ª ronda mental, y termina en la 7ª ronda mental.

“Todo es mente, Todo es mental”, y cuando concluimos la Gran Obra y con ello los doce trabajos de Hércules, aún nos queda la mente; eso le dice el M. Samael a su discípulo Juaquin Amortegui, en el capítulo “Platicando en México” del libro: “Las tres montañas”: –¡Oh! Joaco... En nombre de la Verdad quiero que tú sepas que cuando el YO se disuelve, queda en su lugar la mente... Indubitablemente ésta fue la "Causa Causarum" de mi caída...

Efectivamente después de concluir toda la Gran Obra, queda la mente. Porque todo surge de la mente y todo vuelve a la mente, por ello es imprescindible conocer la mente en toda su naturaleza, puesto que es el único modo de evitar nuevas caídas. Caídas que empiezan siempre con el deseo astral, que repercuten en lo vital y físico.


Es conveniente recordar que nos dice el Maestro Samael en su libro de Cábala sobre la creación y la mente:

<Entonces los Dioses y los hombres lloraron como niños ante LA AURORA DEL GRAN DÍA CÓSMICO. El Logos Causal del primer instante recordó a los Dioses y a los hombres sus deudas kármicas y comenzó el peregrinar del hombre de un mundo a otro, hasta la Tierra, donde actualmente vive sujeto a la “Rueda de Nacimiento y Muerte”, hasta que aprenda a vivir gobernado por la Ley del Amor>.

Y también nos dice:

<Durante la Noche Cósmica el Universo se desintegra en Ain Soph y sólo existe en su mente y en la de sus Dioses, pero lo que en la mente de El y en la mente de Ellos existe, es objetivo en el Espacio Abstracto Absoluto>.

Lo que queda en la mente de Él (lo Absoluto inmanifestado, Ain Soph) y en la mente de Ellos (los dioses) existe “es objetivo en el Espacio Abstracto Absoluto”. Por tanto, aquello que queda en la mente, después de concluir la Gran Obra, se convierte en algo objetivo en el Espacio Abstracto Absoluto. Allí convergen y se unen la verdad relativa de lo existencial y la verdad absoluta de lo inmutable y eterno. Allí el origen y el presente se hacen plenamente objetivos, esto significa necesariamente que hemos comprendido plenamente la naturaleza de la mente. Permitiendo que la conciencia de “sí mismos” se haga plena en el Ser; Ser que comparte desde sus inicios la verdad eterna e inmutable que se expresa en la Luz de Cristo, y la verdad relativa que nuestro ego-demiurgo ha formado en su existencia relativa, temporal y circunstancial.

Aquello, que está “más allá del cuerpo, de los afectos y la mente”, es la verdad absoluta; que comprenderá en su totalidad la verdad circunstancial y relativa de la existencia; siendo esta verdad absoluta participe del silencio, del vacío, de lo diáfano, esto es de la plena claridad, de una luz increada, que nuca fue sepultada por las tinieblas. Pues lo increado, lo no-nacido, es lo no gestado o no reproducido, aquello que es atemporal y permanece ajeno a lo temporal o circunstancial. En ese estado es donde la Pureza es y será por siempre “Inmaculada”, sin mancha, y por siempre inmutable.

Conocer lo producido, lo activo, lo creado, lo gestado es conocer el mundo manifestado de nuestra mente. Todo nuestro cuerpo, todo nuestro organismo vital, todo lo psíquico o astral, se manifestará en la mente activa, o mente de las formas (que es nuestro Netzah del árbol de la vida). Más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente, tenemos que descubrir la “Mente Interior” donde la conciencia superlativa del Ser se manifiesta, con toda su inspiración e intuición, por medio de la luz de Cristo, que es Luz in-creada; una Luz atemporal que desde los inicios nos acompaña por las 7 rondas de la manifestación. Cristo es la Luz de la Mente Interior, esa que sabe guardar silencio, que sabe permanecer vacía, diáfana, y que por tanto no se aferra, ni se apega, ni desea nada que sea temporal.


Mientras el ego-demiurgo se aferra y apega a sus pensamientos, deseos y formas, queriendo construir un mundo a su gusto, el Cristo permanece impasible, sabiendo que “la Luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron sobre ella”. El ego-demiurgo se queda atascado en su tiempo, en su forma, en su creación, que en si es toda una proyección. El ego, es tiempo porque se queda identificado con sus formas y circunstancias que él mismo ha creado; sintiéndose incapaz de salir de sus conflictos y tormentos, creados por él mismo, porque es incapaz de ver más allá de su tiempo, es decir a creado una circunstancia temporal, a la cual vuelve insistentemente porque está creada por él y por ello se queda atrapado en su tiempo o temporalidad, esto es lo que llamamos identificación, fascinación y sueño. Mientras que Cristo sabiéndose eterno o atemporal, no se identifica con nuestras tragedias, dramas y comedias del existir; es más su perspectiva atemporal, trasciende las 7 rondas, conociendo el Cristo muy bien la naturaleza profunda de la mente; por ello Cristo es nuestro Salvador.

“Yo Soy e camino, la verdad y la vida”

Atentamente:

Rafael Pavia.                      12/04/ 2018.

martes, 27 de marzo de 2018

Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado



Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.

12:23 Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. (evangelio de Juan)


Existe diferencia entre el evangelio de Juan y los otros tres evangelios sinópticos (ver juntos), estos tres evangelios de Mateo, Marcos, y Lucas pueden verse juntos por sus semejanzas, de ahí que se llamen sinópticos, pero el evangelio de Juan es diferente, teniendo gran influencia gnóstica.

Estudiando el evangelio de Juan podemos comprender la diferencia entre el “Hijo del Hombre” y el “hijo de Dios”. Jesucristo se hace llamar Hijo del Hombre, en ello hace referencia a su parte humana. También se hace llamar Hijo del Hombre, por la revelación profética de Daniel:

“Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un Hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de Él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; Su dominio es dominio eterno, que nunca pasará y Su reino uno que no será destruido” (Daniel 7:13-14).


Jesucristo confirma en el evangelio de Mateo ante Caifás y el sanedrín que es el Hijo de Dios, a la vez que da testimonio de la profecía de Daniel, diciendo:

62 Entonces el sumo sacerdote, levantándose, Le dijo: “¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra Ti?” 63 Pero Jesús se quedó callado. Y el sumo sacerdote Le dijo: “Te ordeno por el Dios viviente que nos digas si Tú eres el Cristo (el Mesías), el Hijo de Dios.” 64 Jesús le contestó: “Tú mismo lo has dicho; sin embargo, a ustedes les digo que desde ahora verán al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder, y viniendo sobre las nubes del cielo.” (Mateo 26: 62-64).

En el caso del evangelio de Mateo dirigido principalmente a los judíos, viene a confirmar la profecía de Daniel, como Hijo del Hombre. El vendrá del cielo, es decir de la conciencia superlativa del Ser; entre las nubes, es decir entre parábolas y misterios esotéricos. Y sentado a la diestra (parte consciente) del Poder (el Padre que es todo verdad).

Podemos concluir y terminar simplemente diciendo que el Hijo del Hombre en Cristo es la parte humana y que Cristo como hijo de Dios es la parte divina; pero entonces demostraríamos poca reflexión y comprensión. Cristo es la “Luz del Mundo” (Juan 8:12), y como luz del mundo nos alumbro desde el origen hasta el presente, pues Él es el Alfa y Omega (apocalipsis 22:13), principio y fin. El Cristo gnóstico nos acompañó a lo largo de toda la historia de la humanidad, y es por ello que puede llamarse “Hijo del Hombre”. Cristo como presencia inefable del Ser, siempre estuvo desde nuestros orígenes formándonos y construyéndonos a semejanza de Dios; desde la primera raza hasta el presente, desde Adán hasta la actualidad. Por tanto, Cristo es plenamente conocedor de la condición humana, pues la conoce desde el principio, hasta su pleno desarrollo. 


Porque Jesucristo espera a los griegos para declarar que: el Hijo del Hombre sea glorificado.
Unos griegos buscan a Jesús:

12:20 Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta.

12:21 Estos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús.

12:22 Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús.

12:23 Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado.

                                                            (evangelio de Juan).

El Cristo espera a los griegos, porque ellos representan la completa formación humana, incluyendo la capacidad racional. Los griegos después de las conquistas de Alejandro Magno (356 a.C.- 323 a.C.) dieron a la humanidad la completitud del hombre, en su forma instintiva-sexual, emocional, e intelectual. Con los griegos los fundamentos filosóficos, alcanzaron su plena forma y por ello los griegos son considerados los padres de la filosofía, esto es los amantes de la sabiduría. Aunque nos será hasta el renacimiento que la cultura occidental active de forma colectiva la capacidad intelectual. Por tanto, Cristo espera a los griegos para poder glorificar al Hijo del Hombre, que es, Él mismo, es decir que Cristo es esa misma “completitud humana”, Cristo como Luz del Mundo, como Alfa y Omega, es la misma historia, evolución y desarrollo humano. Él dice: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuera, YO SOY. (juan 8:58). Él siempre estuvo presente en nuestra trayectoria humana, Él mejor que nadie sabe quiénes somos y que somos; y Por ello Cristo es Hijo del Hombre.


¿Qué significa glorificar al Hijo del Hombre? Pues que el Hijo de Hombre se convierta en hijo de Dios; aunque Juan el Bautista reconoce a Jesucristo como Hijo de Dios, Jesucristo se sigue llamando a sí mismo como Hijo del Hombre. Este es el testimonio de Juan el Bautista:

1:33 Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo.

1:34 Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.                         
(evangelio de Juan).

Para glorificar al Hijo del Hombre, este debe de convertirse en Hijo de Dios, esto es Hijo de su Dios-creador-verbo y verdad. Así dios es “Verdad”, la verdad de un amor pleno desde el principio al fin; la verdad de la Luz, de la sabiduría del Padre.

Jesucristo les dice, que donde Él va a ir ellos no puede ir, pues va a ir al encuentro de la verdad plena del Padre, donde poder glorificarse:

13:36 Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; más me seguirás después. (evangelio de Juan).

Les dice esto, “A donde yo voy, no me puedes seguir ahora”, porque en busca de su glorificación o unión completa con el Padre que es verdad, no puede aún comunicarles la verdad absoluta, hasta que no pase por la muerte y resurrección y entonces mostrar el verdadero reino; reino que no es de este mundo, porque la verdad absoluta, pertenece a Agnostos Theos, al dios desconocido que develara con posterioridad a su muerte y resurrección mediante el Pistis Sophia, el poder de la sabiduría.


Glorificar al Hijo, significa conocer la verdad absoluta y con ello nuestro verdadero y autentico origen, el Alfa, el principio de todo, principio de nuestro espíritu y nuestra materia. Con el Hijo del Hombre podemos acceder a la verdad relativa, aquella verdad del mundo creado, manifestado, aquella verdad de Logos-creador-demiurgo, pero tal verdad es relativa, pues pertenece a un mundo o reino creado, mientras que la verdad absoluta del Padre incluye lo increado y lo creado, lo atemporal y lo temporal, lo perecedero y lo imperecedero, lo manifestado y lo inmanifestado; esto es, el origen y el presente, con todo su transcurso, donde el Hijo ha formado todo lo humano y en el ahora presente se concilia con su origen.

Por tanto, el Hijo del Hombre, el Cristo, se glorifica con la conciencia superlativa (superior) del Ser, llevando lo humano a lo divino y más allá. Se trata de conocer no solo la completitud de lo humano, sino como todo lo creado se vuele a su unidad primordial. Uniendo en su sacro misterio origen y presente.

Y así dice el evangelio de Tomas:

Jesús les dijo: «Cuando seáis capaces de hacer de dos cosas una, y de configurar lo interior con lo exterior, y lo exterior con lo interior, y lo de arriba con lo de abajo, y de reducir a la unidad lo masculino y lo femenino, de manera que el macho deje de ser macho y la hembra hembra; cuando hagáis ojos de un solo ojo (...) entonces podréis entrar [en el Reino]».

La pascua de resurrección es la celebración de la unión completa del Hijo con el Padre, de lo divino y humano, es la entrada al verdadero reino; reino que no es de este mundo, porque este mundo, no solo puede ser humano, es decir basado en la creación, en lo temporal, en lo circunstancial, sino que el reino es la Unidad completa, absoluta, del Padre manifestado e inmanifestado. Así el padre y el Hijo son Uno: “Yo y el Padre uno somos”. Origen y presente unidos, confieren un estado de resurrección del Ser.


Todo el dolor humano vivido en la vida, pasión y muerte de Cristo, no tiene otro sentido que la unión del Hijo y del Padre, obteniendo la gloria de la resurrección. En la medida que nosotros hemos sido creados y desarrollados en nuestra parte humana, hemos gestado y conformado un mundo dentro de lo relativo y circunstancial, ahora, después de la resurrección viene la verdadera “Luz del Mundo”, aquella que nos devela el verdadero "Reino" toda la verdad del Hijo y del Padre en Uno; nos devela el origen y el presente en Uno. Cristo siempre estuvo presente en nuestra trayectoria humana, Él mejor que nadie sabe quiénes somos y que somos; y por ello Cristo es Hijo del Hombre, he Hijo de Dios cuando nos devela la verdad absoluta, y el origen del Ser; esta es la resurrección de pascua con toda su gloria.

Atentamente:

Rafael Pavía.                         27/ 03/2018.

miércoles, 14 de febrero de 2018

El Perdón y la Unión del Ser

El Perdón y la Unión del Ser.

Mientras el ego divide y separa, el Ser unifica. En la unidad del Ser todo se incluye, por ello en el Ser se experimenta y se comprende la “Totalidad” o “Talidad”; la base de unión del Ser es el amor que todo lo integra en perfecto equilibrio, de ahí surge el Perdón. En la unión del Ser la noche y el día, la luz y la oscuridad, lo de arriba y abajo, lo agradable y desagradable, etc., se complementan mediante el amor y la sabiduría, de tal forma que el gnóstico puede unir y complementar al Cristo y a Lucifer, tal como enseña el V.M. Samael. Siendo aparentemente contrarios el Cristo y Lucifer, el Ser en su amor y sabiduría los concilia, en dicha unión hay perfecto equilibrio, armonía y conocimiento de la naturaleza de uno y del otro; en esta unificación hay perdón.


La unión del Ser, no consiste en que los demás piensen como yo, ni sientan como yo, ni hagan como yo, sino más bien todo lo contrario. Para muchos la idea de unión es que los demás piensen, sientan y hagan como uno quiere, esa actitud en realidad es infantil y muy precaria ante el Ser. La mayoría de los humanos creen que sintiendo, pensando y haciendo lo que hacen en su comunidad, en su religión, institución, etc. están unidos, son fuertes y seguros, pero dicha unión es producto de la propia inseguridad en uno mismo, así reza San Francisco:

“No te apoyes en el hombre: tiene que morir.
No te apoyes en el árbol: tiene que secarse.
No te apoyes en la pared: tiene que desmoronarse.
Apóyate en Dios, solo en Dios, él siempre permanece.

(San francisco a Santa Clara).

La unión exige una poderosa comprensión, que va mucho más allá de una conveniente tolerancia; la unión del Ser realiza el supremo esfuerzo de amar hasta su enemigo, por ello todo lo incluye e integra en una sólida y fuerte armonía, que equilibrara a los opuestos en su naturaleza propia. Por ello Cristo y Lucifer pueden conciliarse fortaleciéndose mutuamente, en dicha unión hay sabiduría, comprensión, reconciliación y perdón.

"perdonalos porque no saben lo que se hacen"

En la unión del Ser hay confianza plena que surge de la propia naturaleza del Ser, puesto que el Ser es carente de deseos y por ello vacío, puede admitirlo todo e integrarlo mediante su compasión y sabiduría. Ello significa que puede admitir diferentes formas de pensar, de sentir y actuar, haciendo que cada Ser en su naturaleza colabore en la comunidad, creándose la armonía y el concilio de los diferentes seres, es por ello que en la gnosis contemporánea se dice que: “Cristo es unidad múltiple perfecta”. Siendo la multiplicidad perfecta porque previamente hay unidad. Así como el Rey David tuvo que unir las doce tribus de Israel, comprendiendo que cada tribu tenía su cualidad y naturaleza propia, es decir su función y característica propia, cumpliendo en esa unión con la voluntad divina, así también debemos hacer nosotros con las diferentes partes del Ser y con toda la humanidad. Cuando comprendemos la naturaleza de las diferentes partes del Ser, uniendo las partes inferiores con las superiores, las de fuera con las de dentro, las de la izquierda con la derecha, etc., entonces la propia realización intima del Ser alcanzara su objetivo de unión y conciliación, cumpliéndose así lo dicho por Jesús en el evangelio de Tomas:

Jesús vio unas criaturas que estaban siendo amamantadas y dijo a sus discípulos: «Estas criaturas a las que están dando el pecho se parecen a quienes entran en el Reino». Ellos le dijeron: «¿Podremos nosotros —haciéndonos pequeños— entrar en el Reino?» Jesús les dijo: «Cuando seáis capaces de hacer de dos cosas una, y de configurar lo interior con lo exterior, y lo exterior con lo interior, y lo de arriba con lo de abajo, y de reducir a la unidad lo masculino y lo femenino, de manera que el macho deje de ser macho y la hembra hembra; cuando hagáis ojos de un solo ojo y una mano en lugar de una mano y un pie en lugar de un pie y una imagen en lugar de una imagen, entonces podréis entrar en el Reino».



La unión permite que la tribu de Rubén (libra) cumpla su función con el karma, que la tribu de Simeón (escorpio) cumpla con su trabajo, que la tribu de Benjamín (virgo) realice su labor, etc. etc., Si quisiéramos que cada Ser o partes del Ser hicieran, pensaran y sintieran lo mismo, la voluntad de Dios no podría cumplirse, pues entonces la diversidad dejaría de ser armónica para convertirse en un enfrentamiento entre partes. ¿cómo podemos conciliar diferentes partes, religiones, pueblos, comunidades, etc., si cada una tiene su patrimonio, sus intereses, pensamientos, creencias, etc.? Si realmente Dios o el Ser quisiera imponerse con su férrea voluntad, dictando una única forma de pensar, sentir y actuar, entonces sucedería lo que está sucediendo en este actual mundo, donde todo son conflictos, enfrentamientos, luchas; luchas que se extienden entre vecinos, familias, compañeros, ya que el ego sí que quiere imponer sus formas, sus razones, sus motivos, sus deseos, etc.

Se necesita comprender que para poder hacer la voluntad de Dios, así en la tierra como en el cielo, debemos de tener carencia de deseos, ningún deseo personal debe sobreponerse a la voluntad divina; esto es necesario comprenderlo ya que la propia voluntad del Padre, del Ser, es vacía, carente absolutamente de todo deseo. Mientras no comprendamos que el Ser no se apega ni a lo terrenal, ni a lo infernal, ni siquiera se apega al nirvana, ya que es completamente carente de deseos y apegos, hasta que este vacío no sea comprendido, no comprenderemos la voluntad divina. Si nuestro Padre debe “perdonarnos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”, deberemos comprender que nuestra lujuria tiene muchas deudas pendientes que quiere pagar, también la ira, los celos, la envidia, etc., tienen muchas deudas pendientes con nosotros y ellos, todos esos egos quieren cumplir con sus deudas y quieren seguir creándonos deudas y más deudas. El ego no quiere un saldo negativo, al contrario, siempre quiere empeñarse más y más; para el ego es insoportable el saldo negativo, la carencia de deseos, la vacuidad.


En la unión del Ser, en su voluntad, en su compasión, sabiduría, conciliación hay perdón. Así el perdón es tremendamente respetuoso con la libertad de las partes, con la libertad de cada cual, permitiendo que cada uno sea libre de pensar, sentir y actuar, según su naturaleza, según la voluntad de su Ser, que incluirá el que cada cual tenga su propio proceso de realización intima del Ser, permitiendo que cada uno, que cada Ser en su emancipación o realización aporte su Luz, en pos del “Padre Cósmico Común”. En cambio el ego en su voluntad dictatorial, llena de deseos (que nos llenan de deudas), quiere imponer su forma de pensar, sentir y actuar, pues en su ignorancia y orgullo cree que eso es lo mejor, lo ideal, así estaríamos todos juntos, felices y contentos (no es esa una actitud pueril).

La unión del Ser es una responsabilidad tan elevada como lo es la armonía del propio cosmos. Cada sistema solar, planeta, persona debe de asumir su responsabilidad para consigo mismo y para con los demás. Si cada sistema solar o planeta quisiera imponer su órbita, sus deseos, entonces el caos cósmico estaría asegurado. En cambio, el respeto, la armonía, el equilibrio, permite que todo el cosmos funcione. Si participamos de la voluntad del Padre carente de deseos personales, la armonía y el equilibrio del cosmos estarán garantizados, con ello también obtendremos el perdón, la reconciliación de todas las partes, así “Cristo-lucifer” obtendrán su plenitud o totalidad.



“La Piedra Filosofal, LUCIFER-XOLOTL subyace en el fondo mismo de nuestros órganos sexuales y tiene que reconciliar a los contrarios, "Coincidentia oppositorum", y a los hermanos enemigos”.

(Cap: 2:Lucifer Náhuatl. Doctrina secreta de Anáhuac.) 
                                   Samael Aun Weor. 


Atentamente:

Rafael Pavía.                                        14/02/ 2018.

martes, 30 de enero de 2018

Comprender porque no morimos psicológicamente

Comprender porque no morimos psicológicamente.

Ya está dicho en anteriores artículos, que el Intimo, nuestro verdadero Ser y espíritu en nosotros es de naturaleza vacía; en el Intimo, encontramos el silencio, el vacío, la nadidad, desasimiento, etc. En el Intimo la naturaleza es diáfana, limpia, pura, por ello no tiene el Intimo dificultad para expresar el amor y la unidad, pues nada hay que obstaculice la manifestación del Ser. Para el Ser la dualidad del universo es unidad complementaria, no existe el problema del sujeto y del objeto, esto es, que no puede existir derecha sin izquierda, ni arriba sin abajo, ni día sin noche, ni yin sin yang. Para el Intimo la dualidad no es una división de contrarios, sino una polaridad complementaria.


En cambio, el ego lo divide todo, lo separa todo, lo enfrenta todo; el ego crea la “herejía de la separatividad” que como dice el M. Samael es la peor de las herejías. El ego crea el dualismo “sujeto-objeto”, esto es separa al que percibe y lo percibido, creando dos mundos el externo y el interno. Tal división le genera al ego una gran angustia, ya que el ego en si es ignorante de su propia naturaleza por lo cual no es capaz de reconocer el silencio, el vacío, la nadidad, desasimiento, etc. Por el contrario el ego es enemigo del silencio, el vacío, la nadidad,  desasimiento, etc. el ego no puede soportar lo diáfano, lo carente de deseo, por tanto, lo claro, limpio y puro. Por ello el ego que no puede sentirse vacío procura llenarse constantemente, con sus deseos, preocupaciones, dramas, comedias; convirtiendo su angustia existencial en un continuo "más y más". 

Lo queramos o no, nuestra autentica naturaleza, es decir la del Ser, es vacía, diáfana, algo que el ego es incapaz de reconocer, por ello el ego siempre utilizara el dualismo polar del universo como un contraste irreconciliable, por ello utiliza la mente intermedia para subsistir y hacerse fuerte. La mente intermedia está sujeta a la polaridad, al mundo relativo y dual, por lo que está sujeta a la ley del péndulo. Pero la cuestión es que tal polaridad es dividida por el ego, porque de ese modo puede poseer y ser poseído, el ego genera lo mío y lo tuyo, pretende el ego crear una individualidad separada de la propia realidad del Ser. El ego se siente un individuo ajeno al resto del mundo, se siente separado de todo y de todos, pero en su ignorancia, al no poder reconocer que en realidad el “yo” es vacío, cae en su angustia existencial buscando desesperadamente como llenarse, para evitar reconocer que en realidad su condición es temporal, finita, limitada al mundo de las formas y la materia, lo que equivale a una existencia fatua, pasajera, perecedera; porque al fin y al cabo la materia o mundo de las formas es vacío. Recordemos el Sutra del corazón: “el vacío es forma y la forma es vacío”.


¿por qué el ego insiste tanto en llenarse, en el más y más? Esa necesidad de llenarse es la fuerza de lo que llamamos deseo, y ese deseo se vuelve insaciable, porque es incapaz de reconocer la naturaleza vacía del Ser, que es nuestra autentica naturaleza lo quiera el ego o no. De hecho, si observamos el ego y su actitud insaciable nos demostrara su opuesto, es decir el Ser. Mientras el ego es ruidoso e ignorante, el Ser es silencioso y sabio. Mientras el Ser ama y unifica, el ego constantemente frustrado por su insaciabilidad rompe, divide, separa, etc. El ego necesita dividirse entre sujeto y objeto, necesita sentir el sujeto (que en si es vacío) y llenarlo con lo que sea, así su angustia se hace interminable. Mientras no comprendamos la naturaleza vacía del ego, todo empeño en eliminar al ego será inservible. Pues el ego utilizara millares de formas, deseos (incluyendo los espirituales), proyectos, argumentos, etc., con tal de no sentir la naturaleza diáfana, silenciosa y vacía de deseos del Ser.

¿cómo queremos matar al ego, sin comprender su angustia y su ansiedad por existir? El ego en su angustia por sobrevivir reza a Dios, pero eso si sintiéndose separado del mismo Dios. El ego necesita sentirse lleno sea como sea, ya sea con la pena o el sufrimiento, ya sea con el placer o la felicidad. El yo no puede resistir el silencio ni el vacío. El ego no puede resistir la “unidad no dual”, por ello el ego aun en el perfume de la oración esconde el delito astutamente, sintiéndose ajeno o separado de Dios o el Ser. Por ello no podemos eliminar a ego sea cual sea el aspecto del ego, sin reconocer cuál es su razón de existir; siendo su razón mantener al sujeto y al objeto separados. Requiere si o si el ego una dualidad, una separatividad, una lucha de contrarios, ya que en la “unidad del Ser” el ego se siente disuelto, inexistente.

Mientras que la “razón de ser del Ser es el mismo Ser”, la razón del ego es sentirse separado de todos y de todo. Mientras nuestra conciencia siga dividida por la herejía de la separatividad de ego, seguirá confusa y atada o embotellada en las razones de la mente intermedia (el fariseo). Mientras la conciencia esté sujeta a la dualidad del ego, de sujeto y del objeto, rezaremos a un Dios separado de nosotros. Mientras la conciencia no comprenda y reconozca cual es la razón por la cual el ego sobrevive, nuestro ego seguirá subsistiendo y fortaleciéndose. Por ejemplo, el ego en su forma divisoria y parcial de ver el mundo y el universo, a seccionado el tiempo y el espacio, limitando la realidad espacio-temporal encajonando nuestra idea del espacio y del tiempo en una exclusiva tridimensionalidad, haciéndonos incapaces de ver el espacio y el tiempo tetradimensional, para lo que se requiere no una concepción o idea dual, sino una visión integral, es decir una visión donde el sujeto y el objeto no estén separados por una concepción o especulación, sino que estén unidos, integrados en una conciencia indivisa.


Si esperamos que el Ser nos auxilie y nos ayude, sin comprender que somos “uno con el Ser”, entonces estamos perdidos, pues daremos un paso hacia delante y dos hacia atrás. En el Ser no existe ni yo inferior, ni yo superior, pues el Ser es vacío, sin ego, en el Ser resplandece la unidad de Cristo, el amor incondicional y ecuánime. Todo aquel que se sienta ego, se sentirá separado del Ser y su realidad, por lo que su sentir estará bajo la sombra e ignorancia del ego. Para muchos les resulta un imposible sentirse fuera del ego, lo que les imposibilita unirse al Ser, pero como hemos indicado la misma carencia e insaciabilidad del ego, demuestra la realidad del Ser, realidad que el ego no podrá evitar.

“La diferencia del sí mismo sentido por el Intimo y el sí mismo sentido por el ego, es que el Intimo reconoce su vacuidad, es consciente de su realidad vacía, donde no hay yo, ni ego, y por tanto nadie que pueda poseer. Mientras que el ego o yo, no es consciente de su realidad vacía, por lo que se siente angustiado por no tener una identidad; es decir el ego ignora la realidad de su naturaleza, ese es el gran problema del sueño del ego; mientras el Intimo mantiene la conciencia de la vacuidad, la unidad y el amor, la conciencia egocéntrica del yo nos embotella en su ilusión o sueño dual”.
                          Articulo: “Sin ego no hay dualidad”.

Atentamente:

Rafael Pavía 01/02/2018.