miércoles, 14 de febrero de 2018

El Perdón y la Unión del Ser

El Perdón y la Unión del Ser.

Mientras el ego divide y separa, el Ser unifica. En la unidad del Ser todo se incluye, por ello en el Ser se experimenta y se comprende la “Totalidad” o “Talidad”; la base de unión del Ser es el amor que todo lo integra en perfecto equilibrio, de ahí surge el Perdón. En la unión del Ser la noche y el día, la luz y la oscuridad, lo de arriba y abajo, lo agradable y desagradable, etc., se complementan mediante el amor y la sabiduría, de tal forma que el gnóstico puede unir y complementar al Cristo y a Lucifer, tal como enseña el V.M. Samael. Siendo aparentemente contrarios el Cristo y Lucifer, el Ser en su amor y sabiduría los concilia, en dicha unión hay perfecto equilibrio, armonía y conocimiento de la naturaleza de uno y del otro; en esta unificación hay perdón.


La unión del Ser, no consiste en que los demás piensen como yo, ni sientan como yo, ni hagan como yo, sino más bien todo lo contrario. Para muchos la idea de unión es que los demás piensen, sientan y hagan como uno quiere, esa actitud en realidad es infantil y muy precaria ante el Ser. La mayoría de los humanos creen que sintiendo, pensando y haciendo lo que hacen en su comunidad, en su religión, institución, etc. están unidos, son fuertes y seguros, pero dicha unión es producto de la propia inseguridad en uno mismo, así reza San Francisco:

“No te apoyes en el hombre: tiene que morir.
No te apoyes en el árbol: tiene que secarse.
No te apoyes en la pared: tiene que desmoronarse.
Apóyate en Dios, solo en Dios, él siempre permanece.

(San francisco a Santa Clara).

La unión exige una poderosa comprensión, que va mucho más allá de una conveniente tolerancia; la unión del Ser realiza el supremo esfuerzo de amar hasta su enemigo, por ello todo lo incluye e integra en una sólida y fuerte armonía, que equilibrara a los opuestos en su naturaleza propia. Por ello Cristo y Lucifer pueden conciliarse fortaleciéndose mutuamente, en dicha unión hay sabiduría, comprensión, reconciliación y perdón.

"perdonalos porque no saben lo que se hacen"

En la unión del Ser hay confianza plena que surge de la propia naturaleza del Ser, puesto que el Ser es carente de deseos y por ello vacío, puede admitirlo todo e integrarlo mediante su compasión y sabiduría. Ello significa que puede admitir diferentes formas de pensar, de sentir y actuar, haciendo que cada Ser en su naturaleza colabore en la comunidad, creándose la armonía y el concilio de los diferentes seres, es por ello que en la gnosis contemporánea se dice que: “Cristo es unidad múltiple perfecta”. Siendo la multiplicidad perfecta porque previamente hay unidad. Así como el Rey David tuvo que unir las doce tribus de Israel, comprendiendo que cada tribu tenía su cualidad y naturaleza propia, es decir su función y característica propia, cumpliendo en esa unión con la voluntad divina, así también debemos hacer nosotros con las diferentes partes del Ser y con toda la humanidad. Cuando comprendemos la naturaleza de las diferentes partes del Ser, uniendo las partes inferiores con las superiores, las de fuera con las de dentro, las de la izquierda con la derecha, etc., entonces la propia realización intima del Ser alcanzara su objetivo de unión y conciliación, cumpliéndose así lo dicho por Jesús en el evangelio de Tomas:

Jesús vio unas criaturas que estaban siendo amamantadas y dijo a sus discípulos: «Estas criaturas a las que están dando el pecho se parecen a quienes entran en el Reino». Ellos le dijeron: «¿Podremos nosotros —haciéndonos pequeños— entrar en el Reino?» Jesús les dijo: «Cuando seáis capaces de hacer de dos cosas una, y de configurar lo interior con lo exterior, y lo exterior con lo interior, y lo de arriba con lo de abajo, y de reducir a la unidad lo masculino y lo femenino, de manera que el macho deje de ser macho y la hembra hembra; cuando hagáis ojos de un solo ojo y una mano en lugar de una mano y un pie en lugar de un pie y una imagen en lugar de una imagen, entonces podréis entrar en el Reino».



La unión permite que la tribu de Rubén (libra) cumpla su función con el karma, que la tribu de Simeón (escorpio) cumpla con su trabajo, que la tribu de Benjamín (virgo) realice su labor, etc. etc., Si quisiéramos que cada Ser o partes del Ser hicieran, pensaran y sintieran lo mismo, la voluntad de Dios no podría cumplirse, pues entonces la diversidad dejaría de ser armónica para convertirse en un enfrentamiento entre partes. ¿cómo podemos conciliar diferentes partes, religiones, pueblos, comunidades, etc., si cada una tiene su patrimonio, sus intereses, pensamientos, creencias, etc.? Si realmente Dios o el Ser quisiera imponerse con su férrea voluntad, dictando una única forma de pensar, sentir y actuar, entonces sucedería lo que está sucediendo en este actual mundo, donde todo son conflictos, enfrentamientos, luchas; luchas que se extienden entre vecinos, familias, compañeros, ya que el ego sí que quiere imponer sus formas, sus razones, sus motivos, sus deseos, etc.

Se necesita comprender que para poder hacer la voluntad de Dios, así en la tierra como en el cielo, debemos de tener carencia de deseos, ningún deseo personal debe sobreponerse a la voluntad divina; esto es necesario comprenderlo ya que la propia voluntad del Padre, del Ser, es vacía, carente absolutamente de todo deseo. Mientras no comprendamos que el Ser no se apega ni a lo terrenal, ni a lo infernal, ni siquiera se apega al nirvana, ya que es completamente carente de deseos y apegos, hasta que este vacío no sea comprendido, no comprenderemos la voluntad divina. Si nuestro Padre debe “perdonarnos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”, deberemos comprender que nuestra lujuria tiene muchas deudas pendientes que quiere pagar, también la ira, los celos, la envidia, etc., tienen muchas deudas pendientes con nosotros y ellos, todos esos egos quieren cumplir con sus deudas y quieren seguir creándonos deudas y más deudas. El ego no quiere un saldo negativo, al contrario, siempre quiere empeñarse más y más; para el ego es insoportable el saldo negativo, la carencia de deseos, la vacuidad.


En la unión del Ser, en su voluntad, en su compasión, sabiduría, conciliación hay perdón. Así el perdón es tremendamente respetuoso con la libertad de las partes, con la libertad de cada cual, permitiendo que cada uno sea libre de pensar, sentir y actuar, según su naturaleza, según la voluntad de su Ser, que incluirá el que cada cual tenga su propio proceso de realización intima del Ser, permitiendo que cada uno, que cada Ser en su emancipación o realización aporte su Luz, en pos del “Padre Cósmico Común”. En cambio el ego en su voluntad dictatorial, llena de deseos (que nos llenan de deudas), quiere imponer su forma de pensar, sentir y actuar, pues en su ignorancia y orgullo cree que eso es lo mejor, lo ideal, así estaríamos todos juntos, felices y contentos (no es esa una actitud pueril).

La unión del Ser es una responsabilidad tan elevada como lo es la armonía del propio cosmos. Cada sistema solar, planeta, persona debe de asumir su responsabilidad para consigo mismo y para con los demás. Si cada sistema solar o planeta quisiera imponer su órbita, sus deseos, entonces el caos cósmico estaría asegurado. En cambio, el respeto, la armonía, el equilibrio, permite que todo el cosmos funcione. Si participamos de la voluntad del Padre carente de deseos personales, la armonía y el equilibrio del cosmos estarán garantizados, con ello también obtendremos el perdón, la reconciliación de todas las partes, así “Cristo-lucifer” obtendrán su plenitud o totalidad.



“La Piedra Filosofal, LUCIFER-XOLOTL subyace en el fondo mismo de nuestros órganos sexuales y tiene que reconciliar a los contrarios, "Coincidentia oppositorum", y a los hermanos enemigos”.

(Cap: 2:Lucifer Náhuatl. Doctrina secreta de Anáhuac.) 
                                   Samael Aun Weor. 


Atentamente:

Rafael Pavía.                                        14/02/ 2018.

martes, 30 de enero de 2018

Comprender porque no morimos psicológicamente

Comprender porque no morimos psicológicamente.

Ya está dicho en anteriores artículos, que el Intimo, nuestro verdadero Ser y espíritu en nosotros es de naturaleza vacía; en el Intimo, encontramos el silencio, el vacío, la nadidad, desasimiento, etc. En el Intimo la naturaleza es diáfana, limpia, pura, por ello no tiene el Intimo dificultad para expresar el amor y la unidad, pues nada hay que obstaculice la manifestación del Ser. Para el Ser la dualidad del universo es unidad complementaria, no existe el problema del sujeto y del objeto, esto es, que no puede existir derecha sin izquierda, ni arriba sin abajo, ni día sin noche, ni yin sin yang. Para el Intimo la dualidad no es una división de contrarios, sino una polaridad complementaria.


En cambio, el ego lo divide todo, lo separa todo, lo enfrenta todo; el ego crea la “herejía de la separatividad” que como dice el M. Samael es la peor de las herejías. El ego crea el dualismo “sujeto-objeto”, esto es separa al que percibe y lo percibido, creando dos mundos el externo y el interno. Tal división le genera al ego una gran angustia, ya que el ego en si es ignorante de su propia naturaleza por lo cual no es capaz de reconocer el silencio, el vacío, la nadidad, desasimiento, etc. Por el contrario el ego es enemigo del silencio, el vacío, la nadidad,  desasimiento, etc. el ego no puede soportar lo diáfano, lo carente de deseo, por tanto, lo claro, limpio y puro. Por ello el ego que no puede sentirse vacío procura llenarse constantemente, con sus deseos, preocupaciones, dramas, comedias; convirtiendo su angustia existencial en un continuo "más y más". 

Lo queramos o no, nuestra autentica naturaleza, es decir la del Ser, es vacía, diáfana, algo que el ego es incapaz de reconocer, por ello el ego siempre utilizara el dualismo polar del universo como un contraste irreconciliable, por ello utiliza la mente intermedia para subsistir y hacerse fuerte. La mente intermedia está sujeta a la polaridad, al mundo relativo y dual, por lo que está sujeta a la ley del péndulo. Pero la cuestión es que tal polaridad es dividida por el ego, porque de ese modo puede poseer y ser poseído, el ego genera lo mío y lo tuyo, pretende el ego crear una individualidad separada de la propia realidad del Ser. El ego se siente un individuo ajeno al resto del mundo, se siente separado de todo y de todos, pero en su ignorancia, al no poder reconocer que en realidad el “yo” es vacío, cae en su angustia existencial buscando desesperadamente como llenarse, para evitar reconocer que en realidad su condición es temporal, finita, limitada al mundo de las formas y la materia, lo que equivale a una existencia fatua, pasajera, perecedera; porque al fin y al cabo la materia o mundo de las formas es vacío. Recordemos el Sutra del corazón: “el vacío es forma y la forma es vacío”.


¿por qué el ego insiste tanto en llenarse, en el más y más? Esa necesidad de llenarse es la fuerza de lo que llamamos deseo, y ese deseo se vuelve insaciable, porque es incapaz de reconocer la naturaleza vacía del Ser, que es nuestra autentica naturaleza lo quiera el ego o no. De hecho, si observamos el ego y su actitud insaciable nos demostrara su opuesto, es decir el Ser. Mientras el ego es ruidoso e ignorante, el Ser es silencioso y sabio. Mientras el Ser ama y unifica, el ego constantemente frustrado por su insaciabilidad rompe, divide, separa, etc. El ego necesita dividirse entre sujeto y objeto, necesita sentir el sujeto (que en si es vacío) y llenarlo con lo que sea, así su angustia se hace interminable. Mientras no comprendamos la naturaleza vacía del ego, todo empeño en eliminar al ego será inservible. Pues el ego utilizara millares de formas, deseos (incluyendo los espirituales), proyectos, argumentos, etc., con tal de no sentir la naturaleza diáfana, silenciosa y vacía de deseos del Ser.

¿cómo queremos matar al ego, sin comprender su angustia y su ansiedad por existir? El ego en su angustia por sobrevivir reza a Dios, pero eso si sintiéndose separado del mismo Dios. El ego necesita sentirse lleno sea como sea, ya sea con la pena o el sufrimiento, ya sea con el placer o la felicidad. El yo no puede resistir el silencio ni el vacío. El ego no puede resistir la “unidad no dual”, por ello el ego aun en el perfume de la oración esconde el delito astutamente, sintiéndose ajeno o separado de Dios o el Ser. Por ello no podemos eliminar a ego sea cual sea el aspecto del ego, sin reconocer cuál es su razón de existir; siendo su razón mantener al sujeto y al objeto separados. Requiere si o si el ego una dualidad, una separatividad, una lucha de contrarios, ya que en la “unidad del Ser” el ego se siente disuelto, inexistente.

Mientras que la “razón de ser del Ser es el mismo Ser”, la razón del ego es sentirse separado de todos y de todo. Mientras nuestra conciencia siga dividida por la herejía de la separatividad de ego, seguirá confusa y atada o embotellada en las razones de la mente intermedia (el fariseo). Mientras la conciencia esté sujeta a la dualidad del ego, de sujeto y del objeto, rezaremos a un Dios separado de nosotros. Mientras la conciencia no comprenda y reconozca cual es la razón por la cual el ego sobrevive, nuestro ego seguirá subsistiendo y fortaleciéndose. Por ejemplo, el ego en su forma divisoria y parcial de ver el mundo y el universo, a seccionado el tiempo y el espacio, limitando la realidad espacio-temporal encajonando nuestra idea del espacio y del tiempo en una exclusiva tridimensionalidad, haciéndonos incapaces de ver el espacio y el tiempo tetradimensional, para lo que se requiere no una concepción o idea dual, sino una visión integral, es decir una visión donde el sujeto y el objeto no estén separados por una concepción o especulación, sino que estén unidos, integrados en una conciencia indivisa.


Si esperamos que el Ser nos auxilie y nos ayude, sin comprender que somos “uno con el Ser”, entonces estamos perdidos, pues daremos un paso hacia delante y dos hacia atrás. En el Ser no existe ni yo inferior, ni yo superior, pues el Ser es vacío, sin ego, en el Ser resplandece la unidad de Cristo, el amor incondicional y ecuánime. Todo aquel que se sienta ego, se sentirá separado del Ser y su realidad, por lo que su sentir estará bajo la sombra e ignorancia del ego. Para muchos les resulta un imposible sentirse fuera del ego, lo que les imposibilita unirse al Ser, pero como hemos indicado la misma carencia e insaciabilidad del ego, demuestra la realidad del Ser, realidad que el ego no podrá evitar.

“La diferencia del sí mismo sentido por el Intimo y el sí mismo sentido por el ego, es que el Intimo reconoce su vacuidad, es consciente de su realidad vacía, donde no hay yo, ni ego, y por tanto nadie que pueda poseer. Mientras que el ego o yo, no es consciente de su realidad vacía, por lo que se siente angustiado por no tener una identidad; es decir el ego ignora la realidad de su naturaleza, ese es el gran problema del sueño del ego; mientras el Intimo mantiene la conciencia de la vacuidad, la unidad y el amor, la conciencia egocéntrica del yo nos embotella en su ilusión o sueño dual”.
                          Articulo: “Sin ego no hay dualidad”.

Atentamente:

Rafael Pavía 01/02/2018.




lunes, 18 de diciembre de 2017

Sin ego no hay dualidad

Sin ego no hay dualidad.

Es el ego, quien genera la ilusión de la dualidad. El yo sintiéndose una identidad o uno diferenciado y separado de todos y de todo cae en la soledad de su inconsciente o ignorancia, se siente vacío en sí mismo, lo que lleva al ego a buscar cómo llenarse, como sentirse pleno. El ego sintiéndose vacío, busca fortalecer su identidad, que identifica con su nombre, con su cuerpo, con su personalidad, pero siendo insuficiente su propia identidad, busca reforzarse con otros y otras cosas. Busca el ego vacío de sí mismo el apoyo en otras personas afines a él, busca reforzarse el ego con objetos, que al sentirlo fuera de sí mismo genera la actitud del “yo posesivo de lo mío”. Todo el dualismo del ego es una ilusión, una ilusión que genera el deseo de poseer, amigos, compañeros, pareja; el ego al sentirse separado de todo es lógico que quiera poseerlo todo, así habla de mi dios, de mi mundo, de mi país, de mi familia, de mi trabajo, de mi casa, etc. el yo necesita del “mi” para sentirse reforzado, para llenarse a sí mismo, pues no soporta su condición o naturaleza vacía.


Si no tuviéramos ego, no habría nadie para agarrarse al “mi”, es decir no habría nadie para poseer, ni nadie que se sintiera separado de nada ni de nadie. Entonces el Intimo tomaría la posesión de su atributo como testigo de la existencia. Así, el sí mismo con el “yo” se vuelve dual y separatista, mientras que el sí mismo sentido desde el Íntimo nos conecta con la “unidad, la ley u orden y el Padre”; el Intimo se convierte en el testigo de la existencia; un testigo que no se identifica con los episodios de la vida, un testigo que ve desde la mente interior todo lo que acaece en el mundo sensual o físico y el mundo de la psiquis o mente intermedia. De ese modo es como el Intimo puede ver la existencia como si de una película se tratara; el Intimo permanece lucido y atento al momento eterno siempre presente.

La diferencia del sí mismo sentido por el Intimo y el sí mismo sentido por el ego, es que el Intimo reconoce su vacuidad, es consciente de su realidad vacía, donde no hay yo, ni ego, y por tanto nadie que pueda poseer. Mientras que el ego o yo, no es consciente de su realidad vacía, por lo que se siente angustiado por no tener una identidad; es decir el ego ignora la realidad de su naturaleza, ese es el gran problema del sueño del ego; mientras el Intimo mantiene la conciencia de la vacuidad, la unidad y el amor, la conciencia egocéntrica del yo nos embotella en su ilusión o sueño dual. 



Es por ello que el ego requiere de apropiarse, de su historia personal, quiere sentirse aquel que nació en tal o cual lugar, que tuvo aquella familia con la que se lo paso bien o mal, quiere el ego poseer un guión de acontecimientos donde poder identificarse, donde poder justificar por qué “soy así”. El ego sin historia, sin ayer o los ayeres del pasado no se siente a sí mismo. Por ello dice el M. Samael que el yo es del tiempo, que el yo es recuerdo, que el yo es del ayer. Al ego no le gusta vivir el presente, ni sentir la eternidad o lo atemporal.

Mientras que el Intimo mediante la mente interior, reconoce que es vacío, es decir carente de cualquier identidad, cuestión que debe experimentarse al reconocer al observador, es decir, aquel que realmente observa en nosotros. Para experimentar en nuestra mente interior al observador, debemos ser partícipes del silencio como un estado de conciencia; en el silencio hay quietud, en el silencio hay serenidad, en el silencio no hay nada, no hay deseo, el silencio es diáfano, es vacío; por todo ello el silencio tiene la cualidad de observar, y desde el silencio el Intimo observa.

El Intimo desde la mente interior observa a la mente sensual o mundo externo, y también observa a la mente intermedia, esta, se sitúa entre el mundo exterior y lo interior, por ello se llama mente intermedia, aunque con la actitud del ego se siente completamente identificada con el mundo exterior o mente sensual. La cualidad del observador o el Intimo permite ver los objetos sensuales como lo que son, es decir objetos externos percibidos por los sentidos sensuales (que como sabemos son engañosos); más el Intimo tiene la cualidad de poder ver la actividad de la mente intermedia, que es aquella mente donde pensamos, razonamos, sentimos, recordamos, etc., desde lo interior, es decir desde la conciencia superlativa del Ser, por lo que también puede ver la actividad psíquica como objetos, que vienen y van, que aparecen y desaparecen, etc.


El intimo observa desde el silencio, desde la vacuidad, allí no hay nada ni nadie, más que una atención plena, un observador que ni condena ni justifica, pues no tiene prejuicios, ni preconceptos, pues está en silencio, es vacuo. Al no condenar ni justificar comprende la realidad de lo que percibe, ya sea que perciba el mundo externo o el mundo de la mente intermedia, es decir toda la actividad psíquica.

En la medida en que nos posicionemos en el Intimo, nuestra mente interior entrara en actividad, comprendiendo mejor cual es la naturaleza del Ser. Y recordamos que el M. Samael nos dice que el Ser no tiene nada que ver con el yo, ni con el yo inferior, ni con el yo superior; es decir en el Ser no hay yo, no hay una identidad que diga “yo”. Por tanto, no puede haber ayer, ni historia personal, ni posesiones, porque no hay nadie que posea, no hay nadie que se aferre a nada ni a nadie. Si por un momento atendemos a lo dicho por el M. Samael descubrimos que el “yo” es una ilusión. Es por ello que el ego genera una dualidad, genera un dualismo donde sentirse fuera o dentro, arriba o abajo, a la izquierda o a la derecha, en lo material o lo espiritual, el yo buscara un tú y un yo; busca el ego en su ilusión o sueño poder situarse en algún lugar, en un espacio, en un tiempo, donde decir “ahí estoy yo” o “ahí estuve yo”, “ese es mi país” “esa es mi religión”, etc. Así el ego genera toda una multiplicidad de “yoes” que en realidad son “duplicidades”, es decir vamos duplicando el yo y la existencia, creando más identidades, más ayeres, más deseos, posesiones, etc. el “Yo” con su sueño e ilusiones pretende fortalecerse duplicándose. Por ello al ego le interesa existir en la mente intermedia con su dualidad.


El sentir del sí mismo sin ego es decir desde el Intimo, no requiere crear una dualidad, sin dualidad no hay ego, no hay “yo”; sin dualidad hallamos la unidad. La unidad es simple y directa como el silencio, en la unidad no hay, ni existe la distorsión que crea el ego sobre la existencia. De modo que el intimo se torna en el observador directo, claro, sencillo, sin prejuicio, ni preconcepto, siempre abierto, nuevo, despierto; y sin estar condicionado afronta las situaciones desde el presente eterno.

El ego pretende generar la dualidad, para decidir, para actuar, para hacer, para tener, en resumen, para que el “yo” exista tengo que creerme que hay un “tu”, un objeto, una cosa, un alguien fuera de mí, y que “yo” tenga que controlar o ser controlado, etc. Desde ese “mi pensamiento”, “mi situación”, “mi circunstancia”, “mi recuerdo”, etc. creo “tu yo” y “mi yo”, es decir creo un actor, me identifico con el “mi” y me siento protagonista de mi existencia, de mi guion, de mi película. Debemos procurar ver la película sin actor y ser simplemente un mero espectador de la existencia. Pero al ego no le gusta ser un observador real, prefiere seguir viviendo su mentira, creerse protagonista de su tragedia, de su comedia, identificarse con su ilusión y su sueño; la realidad es que el ego no puede reconocer ni soportar la naturaleza vacía del Ser. Y he ahí la trampa dual del ego, su dualidad con la cual crea y gestiona el “tú y el yo” lo exterior y lo interior, lo de arriba y lo de abajo, lo material y lo espiritual, con todo ello lo que pretende es crear dos realidades separadas, quebrantando la unidad.

Por ello comentamos en nuestro anterior articulo lo siguiente:

<Aquellos que solo practican la devoción y adoración al “dios nuestro”, olvidándose de su dios íntimo, entonces no pueden llegar a la verdadera comprensión de lo divino dentro de uno mismo. Las personas que solo adoran al “dios nuestro” olvidan a su íntimo, anulando la posibilidad de comprender ¿por qué Dios nos hizo a semejanza suya? El ser hechos a semejanza del creador implica que podemos ser dios o dioses. Pero para poder encontrar la respuesta a la semejanza con dios, debemos de encontrar a nuestra divinidad interior, es decir a nuestro Intimo, a nuestro Atmán o Chesed de la cábala, al “Dios en mi”.>

Mientras nos identifiquemos en la condición del ego, separaremos a “dios nuestro” de nuestro interior. Y también comentábamos:

<Para llegar al Padre hay que morir en el “ego” y su visión egocéntrica. Llegados al Intimo, la mística o el camino del bakty-yoga nos permite adquirir la humildad, la reverencia, la sumisión, la disciplina, el respeto, la fidelidad, etc., poniéndonos en orden con el sacrificio de sí mismo, la devoción, el amor por nuestros semejantes, etc. situándonos bajo la tutela del Padre creador.>

Ya que el Intimo nos conecta con “unidad, la ley y el Padre”, y también con el silencio y la vacuidad. Y recordábamos:

<Para llegar al Padre y alcanzar su perdón, debemos ser humildes, morir en sí mismos, sentir devoción, amor, fidelidad al Padre mediante su hijo, quien nos dijo: “Amaros los unos a los otros, como yo os he amado”. Debe nuestra individualidad, obediencia y sumisión al Padre, esta es la disciplina mística, donde el objetivo es debilitar al ego hasta eliminarlo; de modo que seremos perdonados en la medida en que nosotros amemos a nuestros semejantes como Cristo nos amó a nosotros.> 


En conclusión: 

El adorado y el adorador son Uno; en la unidad, todo es tal cual es, no hay diferencias, la diversidad es la unidad. Adorad al Señor hasta que el sea uno con vosotros, como dijo nuestro maestro Jesús:

"Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste".
                                                  Juan 17:21 (R.V. 1909)

Atentamente:

Rafael Pavía.                          18/12/2017.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Dios en mí, dios en nosotros, dios en todo

Dios en mí, dios en nosotros, dios en todo.

Dios en mí, es el reencuentro con mi Intimo; el Intimo es quien nos conecta con el “Uno, la Ley y el Padre”. Para ello debemos comprender y organizar en nosotros al alma humana y el alma espiritual, es decir comprender, crear y organizar, nuestros cuerpos existenciales y nuestra conciencia o Budhi. En esta fase nos centramos en el sí mismo, buscamos la presencia o conciencia de sí. Con el Intimo conectamos con nuestra individualidad sagrada.

Dios en nosotros, es la unión con el Padre, con el Keter de la cábala; Él es el Padre nuestro que está en los cielos, es el creador, es aquel que está por encima de cualquier individualidad y nos unifica a todos bajo su amparo. Para llegar al Padre hay que morir en el “ego” y su visión egocéntrica. Llegados al Intimo, la mística o el camino del bakty-yoga nos permite adquirir la humildad, la reverencia, la sumisión, la disciplina, el respeto, la fidelidad, etc., poniéndonos en orden con el sacrificio de sí mismo, la devoción, el amor por nuestros semejantes, etc. situándonos bajo la tutela del Padre creador.


No podemos llegar a “dios en nosotros”, si previamente no alcanzamos a “dios en mi”, pues aquí nos encontramos con el conflicto del dios externo y el dios interno. Dios nuestro es en principio un dios social; nos encontramos ante un dios colectivo, que es el dios creador que a todos nos hizo a semejanza suya, y por otro lado tenemos nuestro dios íntimo, el interior. Aquellos que solo practican la devoción y adoración al “dios nuestro”, olvidándose de su dios íntimo, no pueden llegar a la verdadera comprensión de lo divino dentro de uno mismo. Las personas que solo adoran al “dios nuestro” olvidan a su íntimo, anulando la posibilidad de comprender ¿por qué Dios nos hizo a semejanza suya? El ser hechos a semejanza del creador implica que podemos ser dios o dioses. Pero para poder encontrar la respuesta a la semejanza con dios, debemos de encontrar a nuestra divinidad interior, es decir a nuestro Intimo, a nuestro Atmán o Chesed de la cábala, al “Dios en mi”.

Para llegar a “Dios en nosotros”, para poder llegar al “Padre nuestro” que en principio se presenta como un dios colectivo, un dios de todos, por tanto, un dios externo a nosotros, tenemos que buscarlo dentro, y no solo fuera. Solo si lo buscamos en nuestro interior, en nuestros adentros, podremos realmente encontrar la verdad del Padre, para eso vino el Cristo, para mostrarnos el camino de la divinidad interior, para que en principio lleguemos a nuestro Intimo y desde nuestra individualidad sagrada lleguemos al Padre; entonces comprenderemos porque nos hizo semejantes a Él.


Para llegar al Padre y alcanzar su perdón, debemos ser humildes, morir en sí mismos, sentir devoción, amor, fidelidad al Padre mediante su hijo, quien nos dijo: “Amaros los unos a los otros, como yo os he amado”. Debe nuestra individualidad, obediencia y sumisión al Padre, esta es la disciplina mística, donde el objetivo es debilitar al ego hasta eliminarlo; de modo que seremos perdonados en la medida en que nosotros amemos a nuestros semejantes como Cristo nos amó a nosotros.

Es el mismo Cristo quien nos muestra mediante el Pistis Sophia, la verdad profunda del Ser, mostrándonos a “Dios en Todo”, es decir la totalidad o talidad, este es el Ser en su plenitud, el Ser absoluto. “Dios en todo” es “unidad no dual”, esto significa que en el Ser Absoluto no hay “tú ni yo”; mientras que en el Padre creador o dios manifestado existe la unidad dual, es decir se manifiesta la dualidad: lo exterior e interior, lo activo y lo pasivo, el día y la noche, arriba y abajo, etc.


Hemos visto que puede existir un conflicto entre el dios exterior e interior, entre el “dios en mi” y el “dios nuestro”, conflicto que solo podemos superar si reconocemos a nuestro Intimo o individualidad sagrada, que nos llevaría al Padre. Bien ante el “dios en todo” o el Ser absoluto y el “dios en nosotros” el Padre creador, también se crea un conflicto, este conflicto se produce entre la “unidad no dual” y la “unidad con dualidad”. De este modo, más allá de toda dualidad define el M. Samael al Ser absoluto:

“Aquello” ¿es Espíritu? En verdad os digo que no lo es. “Eso” ¿es Materia? ciertamente os digo que no lo es.
“Aquello” es la Raíz del Espíritu y de la Materia, mas no es ni lo uno ni lo otro.
“Aquello” trasciende las leyes de número, medida y peso, lado por lado, cantidad, cualidad, ante, atrás, arriba, abajo, etc.
“Aquello” es lo inmutable en profunda abstracción Divinal, Luz que jamás ha sido creada por ningún Dios ni por ningún hombre, eso que no tiene nombre.

                                  Tarot y Cábala. Samael Aun Weor
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Cristo en el Pistis Sophia nos muestra al Ser Absoluto, al “Dios en Todo”, pues siendo el origen primordial de él surge la inhalación y la exhalación, el día y la noche, lo pasivo y lo activo, lo lunar y lo solar, etc. pero ni es lo uno ni es lo otro, porque es totalmente incondicional, no está sujeto a la manifestación ni a la inmanifestación, no está condicionado por lo pasivo ni por o activo, etc. Sigue definiendo el M. Samael al Ser absoluto del siguiente modo:

<Brahama es espíritu, pero “Aquello” no es espíritu. Ain, el Inmanifestado, es Luz Increada.

El Absoluto es la Vida Libre en su movimiento, es la Suprema Realidad, Espacio Abstracto que sólo se expresa como Movimiento Abstracto Absoluto, Felicidad sin límites, Omnisciencia total. El Absoluto es Luz Increada y Plenitud Perfecta, Felicidad Absoluta, Vida Libre en su movimiento, Vida sin condiciones, sin límites.

En el Absoluto pasamos más allá del Karma y de los Dioses; más allá de la Ley. La Mente y la Conciencia Individual sólo sirven para mortificarnos la vida. En el Absoluto no tenemos Mente ni Conciencia Individual. Allí somos el Ser Incondicionado, libre y absolutamente feliz.

El Absoluto es Vida Libre en su movimiento, sin condiciones, sin limitaciones, sin el mortificante temor de la Ley, vida más allá del Espíritu y de la Materia. Más allá del Karma y del dolor.>

                                   
                             Tarot y Cábala.   Samael Aun Weor.

Por lo dicho, puede existir el conflicto entre el “dios en nosotros” y el “dios en todo”, conflicto que puede superarse, si dejamos la dualidad de la mente intermedia, donde el ego aprovecha la propia dualidad para hacer uso de la “herejía de la separatividad”, manteniendo un “tú y un yo”. El ego siempre será dual, como la mente intermedia, y mientras mantengamos la presencia del Ser solo en lo creado o manifestado, el riesgo de estar condicionado por la dualidad persistirá; por tanto, nos podemos sentir separados del íntimo, también del creador, pues el ego suele sentirse separado de todos y de todo. Mientras que en el Ser absoluto: “no tenemos Mente ni Conciencia Individual”. En “Dios en todo”, en la “Talidad” no existe separatividad, no existe el “tú y el yo”, en el Ser Absoluto estamos bajo el amparo de la “unidad no dual”, allí la luz es increada e ilimitada, puesto que no está la luz condicionada por nada ni nadie, esa es la naturaleza que Cristo nos devela en el Pistis Sophia.



Mucho más podemos inquirir sobre el Ser Absoluto, tan solo debemos de dejar la mente intermedia y nuestra logia racional a un lado, para abrir nuestra mente interior con su lógica intuitiva.

Atentamente:

Rafael Pavía.                      13/12/2017.