domingo, 11 de septiembre de 2016

Conciencia y compasión.



Conciencia y compasión.

“Amar a dios sobre todas las cosas”

Es el Primer mandamiento, y si Dios está en todas partes, entonces hay que amarlo todo, cada rincón de este universo, hay que amar a todos los seres superiores e inferiores, malos y buenos. Cuando nosotros nos preguntamos ¿porque no sentimos amor o compasión? Y ello produce confusión en nuestro camino espiritual, entonces debemos reflexionar sobre lo que es el amor, ¿es el amor felicidad? Acaso pensamos que el amor es siempre el sumun del éxtasis, la plenitud de la felicidad, la dicha inefable; o por el contrario el amor es la capacidad de renuncia, el sacrificio por los demás, ¿es el amor la abnegación, expiación o inmolación de uno mismo? Muchas veces se confunde lo que es el amor es, y no sabemos si amamos cuando sufrimos o amamos cuando somos felices. Básicamente nuestra experiencia nos dice que el amor no es cuestión de satisfacción o insatisfacción, por lo que la lucha dual entre felicidad y sufrimiento no tiene sentido para el amor, el amor trasciende toda satisfacción e insatisfacción.



Sabemos que el amor es el camino hacia el despertar y la iluminación, y básicamente la conciencia y el amor son idénticos, entonces es lógico que nos inquietemos ante la falta de amor, y nos preguntamos ¿Cómo poder amar más? o siquiera un poco. Ciertamente todo el camino se fundamenta en el amor y la compasión, desde el principio al final, es más, desde el principio debe de impulsarnos el amor y dirigir dicho amor hasta la infinitud. El amor es incompatible con el ego, por tanto, debemos renunciar a nuestro ego, y no habiendo ego el amor no se centra en uno mismo, sino en los demás. Así que no debemos preocuparnos tanto por nosotros mismos y sobre si sentimos amor o no lo sentimos, pues lo esencial es que dejemos nuestro ego, nuestra vanidad, nuestro sufrimiento propio, y así cumplamos con el mandamiento de amarlo todo, de amar a Dios en cada rincón del universo. Pero si hay que amar a Dios sobre todas las cosas, quizás entramos en la contradicción de que tenemos que despecharlo todo, para solo amar a Dios, siendo que Dios se encuentra en todo y en todas partes. La realidad es que amar a Dios significa dejar radicalmente nuestro ego, eliminar nuestro yo, pues hablar de yo nos lleva a hablar de lo mío, de lo propio, siendo que el amor es incompatible con el egocentrismo.

Cuando sentimos escases de amor, lo que debemos de hacer es rogar por nuestros semejantes, ayudar a nuestros semejantes, sacrificarnos por la humanidad. Debemos ser capaces de ver el sufrimiento de los demás, sus penalidades, su fragilidad, sus penurias, su inconciencia, su carencia de anhelo por la verdad, etc. y poner toda nuestra motivación en ayudar, en socorrer, auxiliar a nuestros semejantes. Hay que aprender a amar a la tierra, a los animales, plantas, bosques, y obviamente a la humanidad. Uno espera sentir el éxtasis del amor divino para poder sentir amor, pero no debe de ser así, pues el amor nuca puede conciliarse con lo propio, con lo mío, con mi éxtasis, con mi felicidad, así que cuando somos tocados por la gracia divina y recibimos un éxtasis o un arrobamiento místico, este no debe de ser poseído como mío, como propio, sino que debemos verlo como una oportunidad de reconocer cuanto nos falta aún por amar a nuestros semejantes. 



Cuando sentimos la carencia del amor divino, entonces debemos de preocuparnos no de nosotros mismos sino de aquellos que sufren, y padecen ya sea hambre, frio, enfermedades, ignorancia, falta de comprensión, etc. Todo nuestro proceso de despertar conciencia va encaminado a amar más y mejor, las dos columnas de la logia blanca son amor y sabiduría; con el amor nos impulsamos a dedicarnos a amar más, y con la sabiduría que emana del amor, procuramos amar mejor. Todo nuestro camino hacia la iluminación y el despertar de la conciencia, no tiene otro objetivo que el amor, la compasión, por tanto, la conciencia superlativa del Ser luchara incansablemente, para que comprendamos cual es el motivo real de este camino, que es amar más y mejor.

Tener presente al Ser es tener presente su amor incondicional, cuando no sentimos la presencia del Ser, procuramos recordar al Ser, recordar su amor infinito, su caridad inconmensurable, entonces debemos recordar que la humanidad sufre, padece un sinfín de penurias, entonces hay que procurar por los demás, y que sientan alivio ante nosotros, que puedan sentir que hay alguien dispuesto a ayudarles. De uno de nuestros anteriores artículos: “Del Sufrimiento al Amor” comentamos:

Decía San Juan de la Cruz: “quien anda en amores ni cansa, ni descansa ni se cansa”. Vencer el sufrimiento es asumir la victoria incondicional del Amor. El Amor es lo más supremo porque es lo más revolucionario, nada hay comparable al Amor, este es indescriptible porque nada lo puede limitar; no es santurronería, no es buenísimo, no es miedo, no es búsqueda de recompensa, por ello el Amor solo es factible si se aplica con consciencia, con sabiduría. ¿Saben cuánto prestigio busca alguien que ama? No lo voy a comentar por precaución, para no amedrentar a los aun débiles de voluntad, basta señalar a Cristo ante los fariseos, los romanos y el pueblo. Tomar el sufrimiento de los demás para hacerlo propio, transmutándolo en luz y compasión es una práctica tanto cristiana como budista; a tal práctica se le denomina en el budismo Tong Len (recibir y dar), esta práctica es considerada la más trascendental a la vez que la síntesis de todas las prácticas de meditación. 



Antes de amar deja de sentir miedo, antes de amar deja de comparar, vacíate antes de amar, cuanto más vacío mas pleno de amor. El vacío te conferirá verdadera seguridad en tus actos, pues nada en ti te perturbará. El cáliz del amor debe estar vacío para que la sangre del verdadero sacrificio del sincero amor pueda llenar el cáliz. Ama sin prejuicios, ama porque debes amar, no ames por un ideal, por un proyecto, por un futuro mejor, etc. el amor no pide nada a cambio, no espera nada a cambio, porque el amor no puede sostenerse en una mera ilusión, proyecto o esperanza, hay que amar sencillamente porque es un deber, ¡despierta, despierta!

Este texto define lo que es un bodhisattva o el alma de un maestro de la humanidad:

Un Bodhisattva resuelve: Tomo sobre mí el peso de todo sufrimiento.

Estoy resuelto a hacerlo así. Lo soportaré. No me volveré, ni me echaré atrás, ni temblaré, ni me asustaré, ni temeré, ni volveré la espalda, ni desistiré.

¿Y por qué? A cualquier precio habré de llevar las cargas de todos los seres.

Con ello no sigo mis propias inclinaciones.

He hecho el voto de salvar a todos los seres. He de liberar a todos los seres. He de redimir a todo el mundo de los seres vivos de los terrores del nacer, el envejecer, el enfermar, de la muerte y el renacimiento, de todas las formas de la culpa moral, de todos los estados desgraciados, de todo el ciclo del nacer y el morir, de la maraña de las opiniones falsas, de la pérdida de los dharmas benéficos, de las secuelas de la ignorancia. De todos estos terrores he de redimir a todos los seres...

Me comportaré de tal modo que se edifique para todos los seres el reino del conocimiento insuperable.

Mis esfuerzos no se encaminan meramente a mi propia liberación. Porque con la ayuda de la barca del pleno conocimiento salvaré a estos seres de la corriente de Samsara, tan difícil de cruzar, los apartaré del gran precipicio, los liberaré de toda calamidad, los llevaré a través de la corriente de Samsara. 



Lucharé con la masa de los dolores de todos los seres. Hasta los límites de capacidad de sufrimiento experimentaré todas las situaciones calamitosas que puedan darse en cualquier sistema cósmico, todas las moradas del dolor.

Y no negaré a ninguno de los seres mi reserva de méritos, pues tengo resuelto vivir cada uno de los estados calamitosos por innumerables eones.

De este modo ayudaré a todos los seres a liberarse, en todos los estados calamitosos que puedan darse en todos los sistemas cósmicos.

¿Y por qué? Porque ciertamente vale más que sufra yo solo y no que todos estos seres caigan en situaciones calamitosas.

Por eso tengo que entregarme como prenda de redención para todo el mundo, para que sea redimido de los terrores de los infiernos, del nacimiento como animales, del mundo de Yama, y con mi propio cuerpo tengo que experimentar, para bien de todos los seres, la masa toda de los sentimientos penosos.

Para bien y para seguridad de todos los seres lo hago, y hablo con sinceridad y con verdad, y no me vuelvo atrás de mi palabra. No abandonaré a todos los seres.

¿Y por qué? Porque en mí ha brotado la decisión de alcanzar todo conocimiento, con todos los seres como su objeto, es decir, para liberar a todo el mundo de los seres.

Y no me propongo alcanzar la iluminación suprema por deseo de gozar sus delicias, ni porque espere gustar las calidades de los cinco sentidos, ni porque desee entregarme a los placeres de los sentidos.

No emprendo el camino de un Bodhisattva a fin de lograr el cúmulo de delicias que puede hallarse en los diversos mundos del deseo sensual.

¿Y por qué? Porque no hay placer en todos los placeres del mundo. Porque entregarse a los placeres de los sentidos es cosa que entra en la esfera de Mara. >>

(Shikshasamuccaya, 280-282 [Vajradhvaha-sutra].

Ext. de E. Conze, "Buddhist Texts through the Ages" Oxford, 1954).



En la siguiente oración de San Francisco de Asís, también vemos la motivación de la compasión:

Señor, hazme un instrumento de tu paz;

donde haya odio, ponga amor;

donde hay ofensa, perdón;

donde hay duda, fe;

donde hay desesperanza, esperanza;

donde hay tinieblas, luz;

donde hay tristeza, alegría.

Oh Divino Maestro,

que no busque yo tanto.

Ser consolado como consolar.

Ser comprendido como comprender.

Ser amado como amar.

Porque dando se recibe.

Perdonando se es perdonado.

Y muriendo a si mismo

se nace a la vida eterna.



Atentamente:

Rafael Pavia. 9/09/2016.


miércoles, 7 de septiembre de 2016

La Gran Revelación



La Gran Revelación

En nuestro trabajo esotérico, en los misterios de la gran Obra de los alquimistas, se hace referencia al “Don de Dios”, como una gracia que nos permite, conocer intuitivamente los pasos y la dirección adecuada del camino. Todos los aprendices, adeptos y maestros anhelan tener revelaciones y que la gracia divina nos asista, para caminar sin confusión, para andar bajo la guía de la luz y no de la ignorancia. Buscamos así sueños experiencias, revelaciones que nos sirvan de guía, para que nos indiquen ¿qué? ¿Cómo? y de ¿qué manera? Seguir adelante en este camino. Aunque no siempre los sueños o revelaciones nos sirven para aclarar nuestra situación, muchas veces también nos traen confusión, ya sea porque no sabemos interpretar los sueños o las experiencias, o porque no fueron suficientemente claras, la cuestión es que nos cuesta muchísimo sacarnos de la confusión, del extravió, pues muchas veces nos perdemos, sin saber si vamos bien o mal, hacia adelante o hacia atrás. Entonces nuestra alma sufre, nos inquietamos y consideramos a modo de alivio que todo ello forma parte de nuestro camino espiritual. 



La gran revelación surge no en las experiencias, no en los sueños, en verdad la gran revelación surge cuando hemos comprendido cabalmente como, de qué manera y porque debemos de hacer nuestro trabajo interior, entonces la confusión y el extravió desaparecen. Las experiencias y sueños nos ofrecen algunas luces sobre nuestro camino, son como farolas que iluminad el camino; pero ¿sabemos hacia donde nos lleva el camino? ¿sabemos realmente que ofrece este camino? ¿sabemos que condiciones requiere este camino? ¿Qué debemos de sacrificar, que debemos de adquirir? Si no conocemos las respuestas a estas preguntas, entonces no tendremos mucho éxito en este camino. Aunque parezca contradictorio se requiere saber y conocer el fin y la finalidad de este camino para poder lograr nuestros objetivos, esta sería la gran revelación, es por ello que el M. Samael nos dice:

“Existen dos tipos de iluminación: la primera suele llamarse “agua muerta porque tiene ataduras. La segunda es elogiada como “La gran vida” porque es iluminación sin ataduras, vacío iluminador.

En esto hay grados y grados, escaleras y escaleras; es necesario llegar, primero, al aspecto iluminado de la conciencia y, después, al conocimiento objetivo, al vacío iluminador”.

                      El Collar del Buda. Samael Aun Weor.

También el maestro zen Dojen decía:

“Debemos lograr la iluminación antes de lograr la iluminación”.




Nuestra conciencia debe de auto-iluminarse para comprender el sentido de este camino, y comprender la realidad de este camino y reconocer la realidad del Ser. Mientras esto no suceda, andaremos ciegos, confusos, ignorantes, extraviados, haciendo las cosas sin sentido, así nos podríamos pasar la vida practicando mantras, runas, transmutando energía, y realizando millares de practica y ejercicios sin salir del laberinto de nuestra ignorancia, sin conseguir nada, absolutamente nada, por desgracia así hay miles de estudiantes gnósticos.

Al M. Samael le preguntaban sin cesar por las experiencias, por las vivencias esotéricas, quejándose muchos estudiantes sobre esta carencia de experiencias, y el M. Samael con infinita paciencia nos ilustraba, pero también nos indicaba que era lo importante, lo fundamental, y eso es los tres factores de la revolución de la conciencia, pero entonces venían las preguntas sobre como morir, como nacer y como sacrificarse por la humanidad, y de nuevo el M, Samael con infinita paciencia explicaba una y otra vez al respecto. Pero porque los estudiantes eran y son incapaces de comprender y aplicar lo fundamental de la enseñanza, pues sencillamente porque no iluminan su conciencia, cono nos dice el M. Samael: “es necesario llegar, primero, al aspecto iluminado de la conciencia”. Una vez se llega a ese aspecto iluminado de la conciencia, se deja de tener incertidumbre, vacilación, duda, ignorancia en definitiva, pues entonces sabremos hacia dónde vamos y como debemos ir; y si no es de ese modo seguro que fracasamos. 




Al activar el aspecto iluminado de la conciencia y adquirir la gran revelación, nos permitirá saber qué cualidades tienen los maestros y como las consiguen, de modo que podremos por nosotros mismos caminar sin generar dependencias de otros más o menos despiertos o dormidos. El Don de Dios, la gracia divina, la gran revelación, es el aspecto iluminado de la conciencia, donde encontremos los funcionalismos propios de la conciencia más allá de toda especulación, concepto o teoría. Claro muchos o casi todos nos dicen que esa activación de la conciencia, es gradual, que viene poco a poco, y eso es cierto porque la mayoría anda con la conciencia dormida y no son capaces de salir de su laberinto, de su confusión, por muchos sueños y experiencias que tengan. Atendamos a las siguientes palabras del M. Samael:

<Todo esfuerzo intelectual para disolver el “yo” es inútil, porque cualquier movimiento de la mente pertenece al “yo”.

Necesitamos desencantarnos de los esfuerzos inútiles; cuando el “yo” quiere destruir al “yo”, el esfuerzo es inútil.

Sólo comprendiendo muy a fondo y de verdad lo que son las batallas inútiles del pensamiento, sólo comprendiendo las acciones y reacciones subconscientes, las acciones y reacciones internas y externas, las respuestas secretas, los móviles ocultos, los impulsos escondidos, etc., podemos alcanzar la quietud y el silencio imponente de la mente.

Sobre las aguas puras del océano de la mente universal podemos contemplar, en estado de éxtasis, todas las diabluras del “yo pluralizado”.


Cuando el ego ya no puede esconderse, está condenado a pena de muerte. Al “yo” le gusta esconderse, pero cuando ya no puede hacerlo, ¡está perdido el infeliz!

Sólo en la serenidad del pensamiento vemos al “yo” tal como es y no como aparentemente es.

Ver al “yo” y comprenderlo, viene a ser un todo íntegro. El “yo” está fracasado después que lo hemos comprendido, porque entonces podemos reducirlo a polvo con la ayuda de la Kundalini.

La quietud del océano de la mente no es un resultado, sino que es su estado natural. Las olas embravecidas del pensamiento son sólo un accidente provocado por el monstruo del “yo”.

La mente fatua, la mente necia, la mente que dice: “con el tiempo lograré la serenidad”, o “algún día llegaré”, está condenada al fracaso, porque la serenidad de la mente no es del tiempo. Todo lo que pertenece al tiempo es del “yo” del “mí mismo”; el “mí mismo” es tiempo.

Aquellos que quieren armar la serenidad del pensamiento como quien arma una máquina, juntando inteligentemente cada una de sus partes, están de hecho fracasados, porque la serenidad de la mente no se compone de varias partes que se pueden armar o desarmar, organizar o desorganizar, juntarse o separarse.
Conferencia: “yo” no puede comprender, ni eliminar al “yo”. Samael Aun Weor.




Comprender el texto expuesto arriba del maestro, es comprender lo que es el aspecto iluminado de la conciencia. ¿Cómo se puede estar en éxtasis y contemplar las diabluras del yo? Y debe quedar muy claro que: <La mente fatua, la mente necia, la mente que dice: “con el tiempo lograré la serenidad”, o “algún día llegaré”, está condenada al fracaso, porque la serenidad de la mente no es del tiempo. Todo lo que pertenece al tiempo es del “yo” del “mí mismo”; el “mí mismo” es tiempo”>. Es por ello que todos aquellos que aun dicen: “que con el tiempo”, “que poco a poco”, “que gradualmente”, etc. dicen eso porque aún no han activado su conciencia, porque siguen dormidos, porque aún no reconocen el aspecto iluminado de su conciencia, y si no consiguen activar los funcionalismos propios de la conciencia, entonces están condenados al fracaso. La conciencia no puede ajustarse ni limitarse por la condición temporal, por ello los maestros insisten tanto en el “aquí y ahora”. La luz de la conciencia no puede armarse, ni crearse, ni estructurarse racionalmente, conceptualmente, “la serenidad de la mente no se compone de varias partes que se pueden armar o desarmar, organizar o desorganizar, juntarse o separarse”.

En definitiva, la Gran Revelación es comprender nuestro propio trabajo íntimo, el cómo hacerlo y con qué objetivo o finalidad, la Gran Revelación es la conciencia superlativa del Ser.

Atentamente: Rafael Pavía. 6/09/2016.
                                                                                                       

domingo, 4 de septiembre de 2016

El Árbol de la Vida, el sexo y la conciencia.



El Árbol de la Vida, el sexo y la conciencia.

Las diferentes culturas que en el mundo existen, utilizan el árbol como representación del Ser al Ser.

<Los árboles del Edem son dos: El Arbol de la Ciencia del Bien y del Mal y el Arbol de la Vida. El Arbol de la Ciencia del Bien y del Mal, es el Sexo y éste Arbol del Conocimiento está representado por los órganos sexuales.

El Arbol de la Vida es el Ser y está representado en nuestro cuerpo físico por la columna espinal.

Toda verdadera doctrina cultural tiene que estudiar detenidamente estos dos Arboles. Porque el estudio de un árbol con el olvido del otro, da un conocimiento incompleto que es inútil.>

                                                             Samael Aun Weor.


El árbol de la vida es el Ser, que tiene sus raíces unidas al árbol del conocimiento o del bien y del mal. El Ser y el saber unidos, deben de darnos la gnosis, el conocimiento liberador, salvador, y pasando por los triángulos mágico, ético y del logos, alcanzaremos las cumbres del Ser. Allí en la cumbre del Ser todo es mucho más sencillo y simple, ya que el conocimiento se vuelve intuitivo, dejando el conocimiento conceptual en sus límites y capacidades. La intuición es: “percepción instintiva de las verdades cósmicas sin el proceso deprimente de la opción conceptual”. De tal modo que la percepción (primer conocimiento de una cosa por medio de las impresiones que comunican los sentidos) debe de volverse idónea, clara, diáfana, completamente lucida; para ello se utiliza la alquimia o tantra, es decir el trabajo con la suprasexualidad, que es el trabajo de mayor intensidad que nuestros sentidos pueden hacer, ya que en el sexo operan los cinco sentidos y todo nuestro cuerpo con su energía, del modo más pleno. Entonces uniendo el árbol del bien y del mal o del conocimiento, más el árbol de la vida, podemos acceder a la gnosis.


La percepción instintiva de las verdades, pasa por comprender cabalmente la relación cuerpo mente, ósea la relación de los sentidos con la mente. También los sentidos psíquicos son una prolongación de los sentidos físicos. Ya sabemos que los sentidos son engañosos, que los sentidos no nos muestran la realidad tal como es, entonces ¿Qué diferencia existe entre la percepción ordinaria y la percepción de la verdad? Es obvio que las cosas son siempre tal cual son, la confusión viene con la interpretación (dar o atribuir a algo un significado determinado) de lo que percibimos, esto es, que la confusión la produce nuestra mente ignorante; la mente del yo, del ego que interpreta las percepciones a su antojo, según su deseo, así, si ve una botella de alcohol se puede interpretar dicha impresión desde diferentes perspectivas, la perspectiva del borracho, del abstemio, del moralista, del libertino, etc. sin embargo la botella sigue siendo tal cual. Poder ver la botella tal cual, sin interpretar, sin juzgar, sin condenar, ni justificar, esto es ver la botella sin interpretar, sin valorarla, nos acercara a la percepción instintiva de la verdad.

En el camino de la alquimia o del tantra se suele enseñar que nuestros sentidos son engañosos, que no ven la realidad tal cual es, eso es cierto, porque cuando vemos un objeto, no vemos su parte molecular, ni vemos su parte atómica ni subatómica; también sucede que nuestros sentidos no son iguales para todos, cada persona tiene un olfato, un oído y una vista más o menos diferente a los demás. Entonces los alquimistas y los practicantes de tantra dicen que no debemos de apegarnos a nuestros sentidos, a nuestras percepciones, porque todas ellas son subjetivas, careciendo de una realidad objetiva. Todo ello es cierto, pero el problema principal de interpretar los objetos, no está en los sentidos, sino en nuestra mente. Nuestra mente vea a una mujer, ya siendo miope, hipermétrope, astigmatismo, presbicia, etc. la cuestión es cómo reacciona la mente ante la impresión de la mujer, reaccionamos con lujuria, con deseo, con represión, etc. 


El árbol de la vida debe de estar bien cuidado, bien trabajado, pues el triángulo mágico, es el lugar donde recibimos las impresiones, allí tenemos el cuerpo físico, vital, astral, mental, causal, siendo que toda impresión suele repercutir en todo nuestro cuerpo y psiquis, ya sea una impresión agradable o desagradable. Por tanto, el triángulo mágico debe de estar preparado ante las impresiones, mediante una actitud contemplativa, actitud que debe de incluir las reacciones, es decir que debemos aprender a ver nuestras reacciones de modo contemplativo, viendo nuestros deseos, pensamientos y emociones como si de objetos se tratara, pues en realidad no son más que eso objetos, así lo debe de considerar nuestra conciencia en actitud contemplativa. Nuestras impresiones y reacciones están íntimamente ligadas, ante cualquier impresión sucede una reacción, sin que la conciencia este plenamente atenta, eso en si es lo que llamamos el sueño de la conciencia; y para que despierte la conciencia debemos de adquirir esa cualidad inherente a la misma conciencia que es la contemplación de sí mismos.



El triángulo ético del árbol de la vida, donde está el alma humana (tiphetert, cuerpo causal), el alma espiritual (geburah, budhi) y el Intimo (chesed, atman) es el triángulo donde debe de emerger la luz y el amor, el ser y el saber, de lo contrario como nos dice el M. Samael en su libro tarot y cábala, no seriamos más que una sombra de nuestro íntimo. Es en este triángulo donde debemos de ejercer la autoconciencia, donde debemos de aprender a ver nuestro cuerpo y nuestra psiquis como un mundo de formas efímeras, donde cada objeto es un compuesto que se descompondrá, es decir nacerá y morirá; debemos ver desde este triángulo la relación entre cuerpo y espíritu, entre forma y vacío, comprendiendo que el triángulo mágico está sometido a lo temporal, lo circunstancial, y que nada perdura en el mundo de las formas.

Llegando al triángulo del logos la verdad debe surgir, veremos la verdad absoluta ante la verdad relativa. De la verdad absoluta surge el espíritu y la materia, en el triángulo del logos encontramos el origen de todo, el verbo creador, las tres fuerzas primarias del universo, la santísima trinidad, el Tao. Entonces tendremos esa intuición que nos permitirá unir la materia y el espíritu, viendo de ese modo las cosas tal como son, sin entrar en el juego dual de la interpretación racional, conceptual, pues la dualidad entre forma y vacío, materia y espíritu desaparecerá en la unidad del amor y la sabiduría. La intuición es un saber Ser y estar, estando en armonía con todo lo que nos rodea, en armonía con la vida libre en su movimiento. La conciencia contempla la unidad de todas las cosas y los seres, sin que las impresiones dejen huellas en nuestra mente, así nuestra alma será como un diamante translucido, al que nada puede afectar, entonces alcanzaremos la pureza original, entonces será cuando según el cristianismo la virgen María coronada ascenderá a los cielos, y según el Bardo Todol, será cuando el hijo se unirá a la Madre clara luz. Entonces las impresiones, sensaciones, emociones, deseos, pensamientos, razonamientos, etc. serán contemplados dese la conciencia superlativa del Ser, sin que nada perturbe la armonía de una verdad absoluta. 



Cuando hemos comprendido y experimentado toda la estructura del árbol de la vida, podremos ver y percibir la realidad tal cual es, sin que intervenga el deseo, ni la confusión en la interpretación de las cosas y personas, eso nos abre la puerta a la iluminación, al amor y a la unidad de todo y todos.



Atentamente: Rafael Pavía. 4/ 09 / 2016

martes, 23 de agosto de 2016

La Gran Obra y la Inmortalidad



La Gran Obra y la Inmortalidad.

El gnosticismo contemporáneo es heredero de las enseñanzas herméticas tradicionales, astrología, cábala, alquimia, teosofía, rosacruces, masones, etc. Todos buscaban alcanzar mediante la gnosis, o el conocimiento perenne, innato, y salvador, la Gran Obra y con ello la inmortalidad, ¿es esto un sueño fantástico? Debemos reflexionar sobre tal inmortalidad. La gnosis nos descubre los misterios de la vida, con sus nacimientos y muertes, siempre dije que las enseñanzas gnósticas se diferencian de las demás por que enseñan las dos caras de la vida el nacer y el morir. Es por ello que el doctor Fausto de JWV Goethe, el conde Gabalis, Raimundo Lulio, y otros muchos buscaron entre las ciencias herméticas la divina gnosis, donde conseguir la Piedra Filosofal que les develara el misterio de la Gran Obra y la inmortalidad. Nos dice el maestro Samael que la inmortalidad viene matando la muerte, después de un proceso de resurrección; es obvio que con este tema entramos en lo más profundo de todos los misterios, ¿es posible alcanzar la inmortalidad? ¿es posible matar a la muerte?:

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?
                                                                       1 Corintios 15:55-57.



Salvarnos de la muerte parece el gran triunfo, pero bien saben los gnósticos de todos los tiempos y lugares que la muerte forma parte de la vida, y aunque nos queramos escapar del dolor y el miedo que produce la muerte de un ser querido o de nosotros mismos, la verdad es que la muerte es impecable con todos. Si es cierto, que la tradición esotérica nos dice que existen maestros resurrectos que viven por millares de años, y los gnósticos sabemos que así es, como es el caso del yogui Babaji, el Maestro Samat Kumara, el conde de San Germain, y otros, pero lo grande de estos maestros es que no temen a la muerte, y más bien cargar con un cuerpo físico no debe resultar siempre tan halagüeño o satisfactorio, aunque poseer un cuerpo inmortal tendrá sus múltiples ventajas. Pero sería lógico ¿tener un cuerpo inmortal y tener miedo a la muerte?, pensamos que eso sería completamente ilógico. 



Con la resurrección se busca resucitar el espíritu dentro de nosotros y no inmortalizar un cuerpo físico. Resucitar el espíritu significa saber que existe más allá de este mundo material, corpóreo; he incluso la Gran Obra nos llevará a la razón objetiva completa, comprendiendo todos los fenómenos físicos y psíquicos, nos permitirá la Gran Obra comprender la total y plena naturaleza de nuestra mente. Y todo ello nos permitirá conocer en si el misterio de la vida y la muerte. Se imaginan querer alcanzar la inmortalidad sin conocer que es y cómo funciona nuestra mente, sería absurdo, una pura fantasía. Cuando hemos eliminado nuestra fantasía absurda sobre nosotros mismos y los misterios de la Gran Obra, cuando ya no dejamos margen al autoengaño, entonces ante la realidad viva y patente develaremos el noúmeno o causa y origen de todos los fenómenos físicos y psíquicos, entre ellos el nacer y el morir de esta vida, esto es la rueda del samsara, básicamente conocer y experimentar la realidad del samsara, para poder trascender el sueño del samsara nos otorgaría la inmortalidad. 



Los maestros de la L.B. dicen que sus columnas son el amor y la sabiduría, y como dijera Pablo de Tarso: “el amor se delita con la verdad”; es por ello que la resurrección de Cristo es amor y sabiduría. La resurrección del espíritu exige caridad cristiana, compasión, bondad, paz, amor, y también verdad, sabiduría, razón objetiva, la comprensión plena de la totalidad de la mente, etc. Avalokistevara es el buda de la suprema compasión en el budismo y el Buda Manjushri es el buda de la sabiduría, (se invoca con el mantra Aum arabat samadhi dhi dhi), esta sabiduría nos da la visión que nos permitirá amar mejor, porque la sabiduría no puede tener otra función que aprender a amar mejor. La L.B. anhela amar más y mejor.

Bastaría desarrollar una muy buena concentración para empezar a iniciarse en los misterios de la inmortalidad; en estos misterios debemos conocer que hay detrás de cada objeto, cuerpo, forma y elemento. Si uno es capaz de concentrarse bien en cualquier objeto, pongamos una piedra, la propia concentración le llevara a ver como la forma de la piedra se va disolviendo, ello es un efecto de la actividad del tercer ojo o chacra ajna; la mente totalmente concentrada, sin distracción, en una actitud contemplativa (meditación samatha), nos permita ir viendo como la piedra se va disolviendo en su espacio, en su éter, surgiendo diferentes colores según percibiéramos los elementos el amarillo para la tierra, el azul para el agua, el rojo para el fuego, el verde para el aire, combinándose y entremezclándose los colores. La percepción del éter y sus tattwas o vibraciones, nos lleva más allá del mundo material, del mundo de la forma, para ver la constitución de sus elementos sutiles. Los expertos en la meditación y la concentración siguiendo el experimento, ven un espacio negro u oscuro, que es en si el éter, el quinto elemento donde todo se disuelve, más allá del color negro vendría la propia luz o esencia espiritual de la piedra. 



Lo que hemos descrito en el ejercicio de concentración, es semejante al proceso del desencarnar, es decir se ve en el trasfondo de los objetos y los elementos en su descomposición, su disolución o muerte. En este sencillo ejercicio encontramos semejanzas con el Bardo Todol tibetano, con el tantra o alquimia y con los mismos procesos del yoga del sueño. Bien este simple ejercicio de pura concentración, nos abriría las puertas a comprender que hay más allá de la forma o de un cuerpo, es por ello que la Gran Obra no puede realizarse sin haber penetrado en la totalidad de la mente sin dejar resquicios de elementos subjetivos, incoherentes o fantásticos.

Por tanto, la inmortalidad se constata en la medida que experimentamos que hay detrás del mundo de las formas, de los cuerpos; cuando podemos vivir y experimentar el proceso de disolución de toda forma compuesta, porque todo lo compuesto se descompone en sus elementos más simples, entonces nos acercaremos a la realidad del espíritu y su inmortalidad. Porque el espíritu no se descompone, ya que es una substancia uniforme, esencial, como la propia naturaleza de la luz; al comprender aquello que es único e inmortal nos permitirá trascender la misma muerte. Entonces la resurrección y la inmortalidad tienen su fundamento en el conocimiento directo de sí mismos, sin evasiones, sin escapatorias, sin fantasías, ni especulaciones; al descubrir la realidad que existe detrás del mundo de la materia y sus formas. 



Así nuestra mente debe de ser clara y diáfana, capaz de concentrarse sin que los obstáculos físicos y psíquicos sean una molestia, es por ello que el gran Padmansambhava decía que, si pretendíamos conocerlo todo sin conocer la mente todo fallaría, y que bastaba conocer una sola cosa, la mente, para poder conocerlo todo. Por ello padmansambhava pudo conocer con claridad los misterios de la vida y la muerte transmitiéndolos en el bardo todol, además de liberarse del samsara con su cuerpo de luz. También el Maestro Jesús nos enseñó, los misterios de la muerte y como trascenderla, de modo que el amor es la fuente de la luz y desde la misma luz podremos comprender el misterio de la cruz alquimista, viendo como los elementos compuestos se disuelven en elementos simples, para reunificarse en el fuego del amor y su luz en nuestra espina dorsal, mediante el Kundalini, que ascenderá hacia el chacra sahasrara sobre nuestras cabezas, donde reside el dios Shiva o el Espíritu Santo, en definitiva nuestro espíritu, nuestra sustancia Ser. Y como hemos dicho conocer al Ser, y encarnar nuestro espíritu es resucitar, sabiendo que la muerte y el amor hermanos gemelos son. 



Atentamente: Rafael Pavía. 23-08-2016.

   

jueves, 18 de agosto de 2016

La Verdad y la Gracia



La Verdad y la Gracia

<<María Magdalena interpreta el Misterio con el Salmo LXXXIV.

María se adelantó de nuevo y dijo: “Mi Señor, comprendo lo que dices. En cuanto a la solución de estas palabras, tu luz profetizó anteriormente a través de David en el Salmo Ochenta y Cuatro, diciendo:

1. - La Gracia y la Bondad se encontraron, y la Virtud y la Paz se buscaron una a otra.

2. - La Verdad brotó de la tierra y la Virtud miró hacia abajo, desde el cielo.”

La Gracia, entonces, es el poder - luz que bajó a través del Primer Misterio, pues el Primer Misterio escuchó a Pistis Sophía y tuvo piedad de sus tribulaciones.

La Verdad, por otra parte, es el poder que salió de ti, pues tú has cumplido con la Verdad a fin de salvarla del caos. La Virtud es además, el poder venido a través del Primer Misterio para guiar a Pistis Sophía. La Paz es también el poder que ha salido de ti para entrar en las emanaciones de Obstinado y tomar de ellas las luces de las que se privara a Pistis Sophía; esto es, para que tú pudieses reunirlas en Pistis Sophía y ponerlas en paz con su poder. La Verdad, por su parte, es el poder que emanó de ti cuando estabas en las regiones inferiores del caos. Por esta razón tu poder ha dicho a través de David: “La verdad brotó de la tierra”, pues tú estabas en las regiones inferiores del caos. La Virtud, que había mirado hacia abajo desde el cielo, es el poder que bajó de la altura a través del Primer Misterio, y que entró en Pistis Sophía.”>>



Este texto es extraído del Pistis Sophia develado, del Maestro Samael. Es interesante que podamos reflexionar sobre la verdad y la virtud, y la relación entre ambas. La verdad viene de abajo, de la tierra, eso significa que la verdad está aquí y ahora en este mundo que percibimos, sentimos y en el que convivimos; por otro lado, está la virtud que está en el cielo y mira hacia abajo, al estar la virtud situada en el cielo significa que será en nuestros estados de conciencia elevados, superiores, donde hallaremos la virtud o gracia. Esto es un contraste, pues la verdad es lo que somos, sin tapujos, tal cual somos, con todos nuestros defectos o cualidades, con nuestras debilidades y potencias, etc. y para que la verdad y la gracia se encuentren debemos acudir a una sincera visión sobre nosotros mismos, luego la gracia o virtudes se unirán a la verdad, si hay sincero anhelo de cambiar, de transformarnos; asumiendo que en nuestra verdad cabe transformarnos, cabe modificarnos, cabe el vacío, cabe la propia naturaleza del espíritu.

Lo que une en plena sintonía la verdad y la gracia es la Talidad, como nos indica el M. Samael

<<Necesitamos estar en paz con las emanaciones de la Luz.

La Gracia- Poder y la Verdad- Poder se abrazan y besan entre sí formando un todo íntegro.

La Verdad es la Talidad o Totalidad.

Obviamente, la Talidad se encuentra en el fondo de un Cristo o de un Budha.

La Talidad está más allá de la maquinaria de la relatividad y también más allá del Vacío Iluminador.

La Talidad es eso que está más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente.

La Talidad es aquello que está mucho más allá de todo dualismo.

La Talidad en Cristo o en Buddha o en Hermes, es siempre la misma.

De la Talidad emana eso que se llama la Gracia.

La Verdad es lo que es, lo que siempre ha sido y lo que siempre será.

Sólo en el cuerpo de un Jesús o de un Buddha o de un Hermes, etc., está encarnada la Verdad.>>



La talidad es una idea poco madurada por la gnosis contemporánea, el M. Samael, nos dejaba pinceladas sobre las verdades ultimas, pues sabía que pocos podían aspirar a la verdad ultima o totalidad. Y sigue habiendo pocos que puedan asumir la verdad absoluta, esa que une lo de abajo y lo de arriba, porque asumir nuestra verdad terrena en su totalidad, nos concederá la gracia suprema, por ejemplo, asumir que todo es transitorio, que nada queda de nosotros cuando asumimos la eternidad, el aquí y ahora, pues el “hoy mata el ayer”; asumir vivir sin yo, sin nada que nos ate, que nos apegue a lo temporal, ni siquiera atarse a la sabiduría que uno ha adquirido, pues la verdad es que todo lo que se acumula y guarda pasara a ser temporal y perecedero, por tanto pocos podrán sostenerse en lo atemporal, en el vacío que nada posee y que es todo claridad, percepción directa de las verdades cósmicas sin el proceso deprimente de la opción conceptual, en la plenitud del vacío existe intuición, eso es claridad, visión de las cosas tal cual son, esa es la gran verdad. Es por ello que el mensaje de Cristo es tan potente, radical o revolucionario; el Cristo exige que nos conozcamos hasta las últimas consecuencias, para ello no hay que tener miedo, el miedo es horrible, nos ciega y nos condiciona en todo, tenemos miedo del que dirán, de nuestros compañeros, de nuestros superiores, de nuestro propio karma. ¿Por qué nos vemos tan limitados?, pues sencillamente porque no somos capaces de aceptar nuestra verdad. El que no conoce su verdad es un ignorante y vivirá condicionado por su miedo, por sus temores, afrontara su destino bajo sus las propias limitaciones de su ignorancia, eso es el yo, el ego, ignorancia y limitaciones auto-impuestas, por desconocer nuestra real verdad.




Y sobre la virtud o la gracia que también nos concede la Talidad, como nos dice el M. Samael viene cuando eliminamos el ego, es decir la ignorancia y nuestras limitaciones, por ejemplo, que verdad y virtud hay detrás del miedo, ¿lo hemos experimentado?, ¿sabemos lo que es vivir sin miedo? Y detrás de la ignorancia y limitación de nuestro orgullo que existe, que hay, ¿podemos vivir sin sentir a nuestro querido ego? Lo cierto es que la virtud necesita de la verdad, por cruda y realista que sea la verdad. Cada uno de nosotros tenemos un nivel de Ser y esa es nuestra verdad y realidad, según nuestro nivel de Ser existirá un punto matemático donde verdad y gracia se cruzarán, se besarán y unirán. Vale la pena meditar sobre ello. Vivir en la gracia absoluta es vivir sin yo, sin limitaciones, sin miedos ni temores; vivir en la gracia es vivir en la plena verdad, esta es la exigencia del Cristo, pues él es la verdad, el camino y la vida. 




La virtud pertenece al Ser, la verdad también, ahora nos toca saber y conocer a nosotros en qué punto matemático del Ser nos encontramos, si aún preferimos atarnos a lo temporal, a lo circunstancial, si aún preferimos vivir condicionados por nuestro karma, por nuestro yo, pues como bien nos dice el M. Samael si eliminamos el yo eliminamos el karma, pues tanto el yo como el karma son nuestras limitaciones debidas a la ignorancia, o el desconocimiento de nuestra entera verdad. La verdad es que el Ser no tiene límites, pero nosotros preferimos nuestros límites pues el ego, con su gran temor no se atreve a ver más allá de su propio condicionamiento. El Ser es libre, porque vive sin temor, sin condicionamientos, aceptando el océano universal de la vida libre en su movimiento. Ahora algunos nos dirán ¿pero la vida nos impone unas condiciones, unas limitaciones? Eso es cierto y pertenece esto a la verdad, pero la ignorancia no acepta que esas condiciones son circunstanciales, terrenales, y por tanto transitorias, si aceptamos eso mismo, entonces también dejaremos de atarnos a nuestro dolor, sufrimiento, y a nuestro egoísmo involucrado en todo lo terrenal. Pues la gran virtud esta en reconocer la verdad de nuestra condición buena y mala, virtuosa o calamitosa, pero la verdad de lo relativo y circunstancial será trascendida por la verdad absoluta, que incluirá los valores eternos, incondicionales, donde el amor y la sabiduría todo lo trasciende; en ese punto matemático encontraremos la Talidad.





Rafael Pavia 18-08-2016

sábado, 13 de agosto de 2016

De lo consciente a lo inconsciente



De lo consciente a lo inconsciente:

Cuando hablamos de unir lo consciente y lo subconsciente o inconsciente, ¿que estamos planteando? Para responder atendemos al significado de los términos que utilizamos:

Subconsciente: Que no llega a ser consciente.

Inconsciente: Psicol. Conjunto de caracteres y procesos psíquicos que, aunque condicionan la conducta, no afloran en la conciencia.

el inconsciente colectivo: Psicol. Parte del inconsciente que no depende de la experiencia personal y que está compuesto por arquetipos o representaciones comunes al género humano.



Desde la perspectiva gnóstica cuando nos referimos a unir lo consciente y lo inconsciente, utilizamos un lenguaje propio, donde lo consciente se emplaza a nuestra esencia, conciencia como fuente activa de la luz del Ser. Por tanto, la conciencia implica activar los valores esenciales del Ser, y aparte de generar atención, lucidez, mediante la concentración, es decir potenciar el estado de vigilia.

Lo subconsciente e inconsciente es aquello que, aunque generemos toda la atención posible, se escapa al control de la conciencia. Aunque generemos la mayor atención posible finalmente vendrá el sueño, lo subconsciente e inconsciente, entonces entraremos en un estado onírico, o en el estado de sueño profundo, o sueño sin sueños. Al intentar generar la mayor atención o conciencia posible con las prácticas de oración, meditación y la propia vigilia, obtendremos un grado mayor de lucidez al entrar en el estado subconsciente, que es el mundo onírico. ¿Qué sucede en el mundo onírico o subconsciente? ¿Por qué no podemos ejercer un control sobre este estado? Cuando decimos que tenemos un sueño lucido, estamos diciendo que podemos tener una atención mucho mayor de lo habitual en el sueño, es decir somos conscientes de que estamos soñando, en ocasiones se puede modificar el sueño, cambiar la escena del sueño o modificar algunos elementos del sueño. Pero independientemente de la lucidez o limitado control del sueño, surge ese cambio de conciencia que queda definido en el yoga de sueño como sigue:

Svapna significa el estado de dormir soñando, en el que el hombre disfruta de los cinco objetos de los sentidos y en el que todos los sentidos físicos están en reposo y sólo la mente está activa. La mente es, ella misma, el sujeto y el objeto. Ella crea todas las imágenes del sueño.

Al Jiva (alma individual) se le llama Taijasa cuando se encuentra en este estado. En él existe Antah-Prajna (consciencia interna). Las escrituras dicen: “No hay carros cuando uno duerme, ni caballos, ni caminos, pero uno mismo crea los carros, los caballos y los caminos”.

El mundo de los sueños está separado del mundo del estado de vigilia. La persona que está durmiendo en una cama confortable en Calcuta, completamente sana en el momento de acostarse, vaga en sueños por las calles de Delhi como si fuera un hombre enfermo y viceversa.

El estado de sueño profundo está separado de los otros dos mundos, el de los sueños y del estado de vigilia. Para el que sueña, el mundo de los sueños y sus objetos son tan reales como los objetos y experiencias que tiene en el mundo de vigilia.

                               Filosofía del Sueño, Sri Swami Sivananda.



La unión entre lo consciente lo subconsciente, en realidad nos lleva a un estado de creación y formación lo que en la cábala y la constitución del árbol de la vida (que es el propio Ser) se denomina Mundo de briah y yetzirah, aquí presentamos lo cuatro mundos o espacios del árbol de la vida según la cabala:

- ATZILUTH: la emanacion la emanación divina (los arquetipos, los conceptos, el mental abstracto)

- BRIAH: la creación (el mental concreto, las formas de pensamiento)

- YETZIRAH: la formación (las emociones, los sentimientos, el plano “astral”)

- ASIAH: la acción (la cristalización, el plano denso y concreto)

Sin remedio alguno, pues forma parte de la naturaleza de nuestro Ser, entraremos en el reino onírico o subconsciente, que es el propio mundo psíquico (alma) y donde daremos creación y forma a nuestra propia condición psíquica y anímica. Materializándose dicha creación o formación en el mundo de Asiah o de la acción que es el mundo físico. ¿Qué podemos crear o formar en nuestra psiquis o alma?, eso es lo importante e interesante de este tema; lo que crearemos dependerá de nuestra afinidad, sintonía, motivación, esperanza, objetivos, etc. Lo idóneo es que nuestras prácticas, oraciones, diurna y nocturna nos sintonicen con la parte más es elevada del Ser en el triángulo del logos y el mundo de Atziluth, la emanación divina (los arquetipos, los conceptos, el mental abstracto, etc.) cuanto más y mejor sintonicemos con el Ser, nuestro contacto con lo subconsciente nos ofrecerá una realidad más profunda y amplia del Ser, de la gnosis de la verdad, de lo objetivo. En cambio, si no logramos sintonizar con el Ser, nuestra psiquis seguirá formando una realidad condicionada por nuestra psiquis subjetiva, siguiendo nuestra de modo ordinario, sin cambios, sin transformaciones, sin logros en nuestra realización intima del Ser.



Lo consciente nos vincula a la atención, concentración, imaginación, inspiración e intuición, ampliando nuestra visión e interpretación de la realidad del Ser y el mundo que nos rodea. Lo subconsciente puede llevarnos hacia lo caótico o hacia lo sublime, dependiendo de nuestra afinidad o voluntad. La imaginación y la voluntad son entonces dos poderosos instrumentos, con la imaginación vemos hacia donde vamos, con la voluntad creamos y formamos nuevas condiciones o valores en nuestra psiquis. Si comprendemos que lo subconsciente es un estado formación y creación, que es un mundo intermedio entre lo espiritual y lo material, entonces podremos comprender mejor que es nuestra disposición y voluntad la que sintonizará con lo espiritual y nos permitirá reencontrarnos con nuestro Ser y sus valores o virtudes potenciales. Por ejemplo, el Ser es amor, si vibramos día y noche con el amor este amor del Ser sintonizara en el mundo de la creación y la formación dándonos mayor profundidad y amplitud en el sentir y la idea del amor.

Es una lástima enorme que no sepamos ni seamos conscientes de la oportunidad que nos da el subconsciente, el mundo de la creación y la formación (Briah y Yetzirah), o el estado de sueño (Svapna), pues es el mundo intermedio entre la realidad plena y original del Ser y nuestro estado físico o material aquí en el estado de vigilia. 




En el mundo de los sueños podemos ver dioses, ángeles o demonios, podemos ver el cielo o el infierno, podemos sintonizar con lo uno y con lo otro. Siendo obvio que la sabiduría sintoniza con los ángeles y los dioses; y que el caos, la rutina, la mecánica, la pereza, la inercia, el egocentrismo, el sufrimiento, sintonizan con los valores más bajos de nuestro Ser, por ello hay niveles y niveles de Ser en la escalera maravillosa que va del infierno al cielo.



Rafael Pavía. 13 de agosto de 2016.

jueves, 7 de julio de 2016

Trascendencia espiritual



Trascendencia espiritual

Estudiar todas las religiones desde diferentes perspectivas: filosófica, mitológica, psicológica, antropológica, teológica, histórica, científica, etc. haciendo un uso de nuestra razón, resulta una tarea gigantesca. A tal estudio deberíamos incluir los diferentes niveles en que la religión es mostrada al público, pues, no es el mismo conocimiento el que tiene el lego, que el que tiene el maestro o el guía espiritual. Y entre los propios maestros o guías habrán niveles y niveles. La razón y su lógica formal, procura desde diferentes perspectivas encontrar el sentido, el porqué, la necesidad, el objetivo que buscan las personas en sus religiones; siendo que no todos buscan los mismos objetivos en sus anhelos religiosos. Unos se acomodan sencillamente en un ámbito social, grupal, donde sentirse integrados, por una necesidad sociológica, psicológica, pues necesitan un apoyo o sostén externo que les transmita confianza. Otros sin embargo buscaran con un ahínco desesperado una verdad que les ilumine, una verdad que les llene sus vidas y que le dé sentido a su razón de ser y existir. 



Se deben de afrontar todos los puntos de vista en el estudio de las religiones, aspectos que conciernen a lo propio de lo religioso, como es la conversión y sus diferentes niveles, pongamos el ejemplo de la conversión de Pablo de Tarso o de San Agustín, es obvio que no todas las conversiones tienen el mismo efecto, motivación y resultado. Para algunos la conversión es solo un ritual que le permitirá pertenecer a un colectivo, con el que se siente a gusto y confiado, para otros como los casos citados, la conversión es un cambio radical en sus vidas que les llevara a una transformación plena. Otras cuestiones propias de la religión o vinculadas a ella son los milagros, la magia, las prácticas de oración, meditación, los rituales, los sacramentos, la moral, la ética, etc. Preguntamos ahora ¿Cuál sería el punto de vista o perspectiva acertado, para dar con el sentido u objetivo de la religión? Lo psicológico, lo antropológico, lo filosófico, lo mitológico, etc. Lo cierto es que estudiar o investigar la religión desde una perspectiva externa, sin que exista implicación propia, resulta estúpido, como resultaría estúpido, estudiar el océano, sin entrar en el mar, en sus aguas, ni sumergirse en sus fondos. 



La religión y su trascendencia atañe a lo íntimo de uno mismo, es un viaje y una exploración de todo nuestro ser, que nos llevara de la oscuridad a la luz, de la ignorancia a la sabiduría, de lo profano a lo sagrado, de la inconciencia a la supraconciencia. Y si, abarcara todas las perspectivas humanas, lo ontológico no llevara de regreso a nuestro origen, convirtiéndose este viaje o exploración en la mayor aventura que el hombre puede emprender. Ni bosques, ni selva, ni valles, ni montañas, ni desiertos, nos proporcionaran una aventura semejante a la trascendencia espiritual. Al sumergirnos en nuestro ser, hallaremos un espacio sin límites, sin fondo, ilimitado, donde hallaremos toda la riqueza del universo, tal riqueza ya la hayamos con nuestros ojos y sentidos externos, y si tal percepción sintoniza de alma a alma, de una conciencia individual a una conciencia cósmica, podremos llegar a reconocer la trascendencia espiritual, en una totalidad incluyente, en la unidad del todo. Esto es como alcanzar la cima de la montaña, pero a escala universal, macro cósmica, es alcanzar el mismo cielo …



La trascendencia espiritual nos sitúa en el lugar y momento correcto; y la búsqueda de luz no parte de la ignorancia, sino de la propia luz, de la propia conciencia iluminada, lo que nos permite navegar y bucear entre los infinitos misterios, desde la actitud adecuada. Es por ello imprescindible anclarse en este viaje, en el reconocimiento de aquel que busca, es decir descubrir quien viaja y cuáles son sus medios de transporte. El propulsor, el viento o soplo que nos debe mover, es el amor. Si no fuera así podríamos ir a la deriva, perdernos yendo en una dirección que excluya otras direcciones, en cambio propulsados por el amor abarcaremos los cuatro puntos cardinales, todas las direcciones, sin exclusiones y sin perder el centro. 



La dimensión del Ser es tal, que supera toda limitación y obstáculo, por lo que superara nuestro limitado yo, nuestro limitado conocimiento, nuestra limitada psiquis, nuestra limitada entidad. Asumir que somos un ilimitado espacio, no puede ser asimilado ni por el temor ni por la arrogancia, pues el temor no regresara a nuestra limitada ignorancia, donde nos sentiremos seguros contradictoriamente con nuestros propios miedos; mientras que la arrogancia es un sentir de identidad propio y toda propiedad nos condiciona y nos enmarca en los límites de nuestra ignorancia, es decir la arrogancia es producto de nuestra ignorancia. El ser sabe que su condición es ilimitada y por tanto su saber es una continua e inexplorada experiencia, por ello siempre es abierto, incluyente, trascendente ya que nada lo sujeta salvo el amor. La trascendencia espiritual trasciende todas nuestras limitaciones y condicionamientos, temores, orgullos o identidades de o con propiedad, pues la naturaleza del ser es universal, incondicional, ¿quizás no estés preparado para semejante aventura? Quizás prefieras aun sujetarte a tus miedos, pero son tus seguros y conocidos miedos; somos como un pájaro acostumbrados a su segura jaula. Lamentablemente dentro de la jaula no podemos apreciar “la vida libre en su movimiento”. 



La vida camina libremente, depende de nosotros que sintonicemos o no con la vida, depende de nosotros que nos quedemos estancados en una etapa del camino, depende de nosotros el percibir el ritmo perenne de la vida, depende de nosotros que viajemos juntos, unidos, a la par que el espíritu con su inabarcable dimensión, una dimensión libre como la propia vida. El sol es el centro del nuestro sistema, e irradia luz en todas direcciones y los planetas viajan junto con él, su perspectiva del espacio es muy amplio al nuestro ¿hacia qué dirección nos lleva? Quizás pensemos que, hacia una dirección determinada, ya sea hacia arriba, hacia abajo, hacia el centro o la periferia, pues nuestra tendencia siempre es unidireccional; resulta difícil para nosotros identificar lo omniabarcante.

Donde terminan tus limitaciones empieza la trascendencia espiritual. Nuestros límites, están sujetos a nuestra carencia de luz, con la trascendencia espiritual se inicia un nuevo viaje donde el amor y la luz serán constantes. Mientras tanto lleguemos a alcanzar la trascendencia espiritual, el gran riesgo será nuestro yo, nuestra autolimitación.



El ser absoluto: Nos da amor, nos da libertad, nos da luz, nos da plenitud, nos lo da todo. Nosotros restringimos el amor, la libertad, la luz, nos sentimos vacíos y nos identificamos con nuestro yo. Sin embargo, el Ser sigue dando amor, libertad, luz, plenitud. Entonces porque nos seguimos identificando con nuestras limitaciones y nuestro yo. Somos como un pájaro temeroso dentro de su jaula, aunque ahora quizás entendamos que la jaula esta siempre con la puerta abierta.

Rafael Pavía.     7/7/2016.